"Sorpresa, sorpresa": La opinión internacional ceba la cumbre europea con pólvora antisubvenciones sin demasiadas esperanzas de blanco
X, XLa gran prensa económica estadounidense anda revuelta. La grande y la pequeña. Desde un duro editorial, el Wall Street Journal se congratula con mucha ironía de que, al menos, se ha conseguido un gran progreso en la Política Agrícola Común: transparencia.
"Bélgica se ha convertido en el último estado de la UE en revelar quién consigue qué en la PAC. Sorpresa, sorpresa. Los principales beneficiarios son los grandes negocios agrícolas -que no necesitarían estar financiados con dádivas procedentes del dinero de los impuestos- y no esos pequeños agricultores "luchando por sobrevivir" tan a menudo citados por los defensores de los subsidios", afirma el diario de la city neoyorquina.
Mientras la gran prensa estadounidense tira con grueso calibre hacia Hampton Court, la lluvia fina antisubvenciones se convierte en tempestad según se van terminando de quitar los plásticos a los sillones donde se sentarán los veinticinco, sillones que muchos están convirtiendo en banquillos.
Seguimiento:
Desde los países en vías de desarrollo se recuerda con mucho interés la exigencia del presidente del Banco Mundial de eliminar "las subvenciones y otras barreras" que pervierten el libre comercio. Mientras, países y líderes latinoamericanos “muy cercanos a países y líderes europeos que se dicen sus amigos- reclaman secamente: "Queremos libre comercio".
Desde Estados Unidos “que también pasa lo suyo bajo la mesa a su industria y a su agricultura- se recuerda que el pasado 12 de octubre, el primer productor del mundo teóricamente campeón del libre comercio propuso a la OMS recortar sus propias subvenciones a cambio de recortes recíprocos en otros países, léase Europa.
Sin embargo, las esperanzas parecen pocas. Desde múltiples ámbitos se presume que Blair no querrá meterse en grandes berenjenales antisubvención puesto que tiene enfrente a un Chirac que no sólo blande "el cheque británico" sino que, además, como presa acorralada, es imprevisible y no tiene nada que perder, como se reconoce abiertamente en el entorno del propio Blair.
