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Las enormes remesas enviadas por los emigrantes latinoamericanos en Estados Unidos no se reinvierten en desarrollo en los países de origen de los desplazados

Las enormes remesas enviadas por los emigrantes latinoamericanos en Estados Unidos no se reinvierten en desarrollo en los países de origen de los desplazados

16.01.06 • 03:11 GMT • Darí­o Fritz - México D.F. Email

La incorporación anual de más de medio millón de personas, entre mexicanos y centroamericanos, al mercado laboral estadounidense se considera una "válvula de escape" que permite aliviar a gobierno latinoamericanos del descontento por la falta de oportunidades de trabajo, pero también implica que en el medio plazo sus economías se beneficiarán con la llegada de más de 38.000 millones de dólares que esos emigrantes envían a sus familias.

Las remesas de los emigrantes a sus familias se han convertido en una inyección económica para países como México, Guatemala o El Salvador, que incluso supera a la inversión extranjera directa, como ocurriera en 2002 (28.500 millones de dólares), según datos del Banco Interamericano de Desarrollo.

En el caso mexicano, por ejemplo, que concentra el 35 por ciento de las remesas enviadas por latinoamericanos a sus países desde Estados Unidos, de enero a noviembre de 2005 se batió el récord histórico al alcanzarse envíos por 18.278 millones de dólares. El incremento ha sido del 20,43 por ciento en comparación con los once primeros meses de 2004, según datos del Banco de México.

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El petróleo -que es la principal fuente de ingresos de divisas para el país junto al turismo- permitió, gracias a los elevados precios del crudo, que en el mismo periodo de 2005 se generaran ingresos por 25.724 millones de dólares. La dimensión de las remesas familiares mexicanas se pueden medir en puestos trabajo pues equivalen a la creación anual de tres millones de empleados formales.

En otros casos de países centroamericanos, las remesas se convierten también en la panacea para miles de familias. El Banco Central de Reserva de El Salvador informó este mes que llegaron 2.830 millones de dólares en 2005, un 11 por ciento más que los 2.547 de 2004. La cifra no es para despreciar pues equivale al 16,6 por ciento del PIB del país.

Para los salvadoreños este fenómeno se ha disparado desde que en 1992 se firmó el pacto de paz que puso fin a doce años de guerra civil. Una normativa del gobierno estadounidense de 2001 denominada Estado de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés), permite la estancia legal y permiso de trabajo a más de 250.000 salvadoreños en Estados Unidos, aunque en realidad hay más de tres millones residiendo allí.

En Guatemala, donde las remesas representan el 9 por ciento del PIB, y la segunda fuente de ingresos de divisas, el crecimiento en el año pasado fue del 17 por ciento ya que se totalizaron 2.992 millones de dólares enviados por los 1,2 millones de guatemaltecos que viven en Estados Unidos.

Si bien las remesas representan la solución para millones de familias, éstas no se reinvierten en los países. El Policy Institute (TRPI), organización independiente de investigación política latina en Estados Unidos, ha señalado que "más de las dos terceras partes del dinero que los mexicanos y salvadoreños residentes en Estados Unidos envían a sus familiares en sus países de origen es para subsistencia básica; el resto, casi nada, se utiliza para el crecimiento económico".

El 70% de las remesas es para uso familiar (comida, ropa, educación, salud, reparaciones y construcción de vivienda) y el 30% es para gasto de la colectividad (arreglo de iglesias, mantenimiento de campos deportivos, construcción de parques), indica el informe del TRPI. Del total de los gastos familiares, el 68% es para comida. Sólo 9.6% se utiliza para proyectos comunitarios y un 2% se invierte en programas de desarrollo económico, según el informe denominado "Comportamiento de las Remesas de los Inmigrantes y sus Consecuencias de Desarrollo para México y El Salvador".

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo asegura que las familias salvadoreñas destinan la mayor parte de los envíos al consumo y sólo cerca del 16 por ciento a la inversión. Al menos un 28 por ciento de los hogares salvadoreños recibe remesas familiares y sólo una quinta parte de éstos tiene una cuenta de ahorro.

El coordinador de un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), William Pleitez, afirmó que las remesas pueden tener un efecto multiplicador, pero hasta ahora ese dinero no se traduce en motores impulsores del desarrollo de El Salvador.

El economista mexicano Agustín Carstens, subdirector gerente del FMI, lo puso muy claro el jueves durante un seminario en el Distrito Federal de México. "Creo que darle un marco legal (a la emigración en Estados Unidos) es importante, pero por otro lado creo que el tema fundamental es que nosotros podamos mantener esa mano de obra ofreciéndoles una buena perspectiva de desarrollo personal y humano en la República Mexicana".
El Banco Mundial ha señalado en "Perspectivas para la Economía Mundial" que en 2006 "la migración internacional puede generar un considerable aumento del bienestar para los inmigrantes, sus familias y sus países de origen y destino, si se aplican políticas tendientes a mejorar la gestión del flujo de inmigrantes y facilitar la transferencia de remesas".



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