Responsable del contraterrorismo de Estados Unidos: "Es cuestión de tiempo que grupos terroristas se hagan con armas de destrucción masiva y las utilicen"
X, X¿Quién se acuerda de Bin Laden con Irán desprecintando sus instalaciones nucleares y provocando una explosiva crisis internacional que algunos consideran controlada, paso a paso, por Teherán y con Occidente bailando al son del presidente iraní Ahmadinejad? Bien, al menos, Ali Agca sí le recuerda. Según medios turcos, quien intentó asesinar a Juan Pablo II también se ofreció a los servicios secretos de Ankara mientras estaba aún en la cárcel para atrapar al líder de Al Qaeda y donar la recompensa ofrecida por Estados Unidos a los afectados por los recientes terremotos en la zona.
Sin embargo, ahora el peligro más inmediato se llama Irán. Eso no sólo lo admiten Europa y Estados Unidos -e Israel, que recuerda alto y claro que nunca permitirá armas nucleares bajo control de Teherán- sino también el egipcio Mohamed ElBaradei, responsable de la Agencia Internacional de la Energía Atómica y reciente Premio Nobel de la Paz, quien acaba de anunciar en entrevista con Newsweek (ya disponible la edición digital) que no es "capaz de confirmar la naturaleza pacífica" del programa nuclear iraní mientras anuncia críptica y espectacularmente "unas conclusiones que van a resonar, creo, en todo el mundo".
Seguimiento:
Mientras tanto, sin que nadie parezca prestar mucha atención -y en paralelo a su desafío a la comunidad internacional-, Irán continúa desplegando una amplia actividad diplomática en la zona como aglutinador y referente de la "seguridad del mundo musulmán" en "este sensible momento de la historia en el que los enemigos de la libertad y de la independencia están presionando sin motivo a países musulmanes independientes".
Eso es lo que le escribía ayer el ayatola Rafsanjani al presidente sirio Bashar Al-Assad casi al mismo tiempo que Ahmadinejad recibía al presidente de Tayikistán, su casi vecino exsoviético y también miembro de la Organización de la Conferencia Islámica, sin olvidar una llamada de teléfono al presidente de Afganistán ante quien propugnó "mantener la seguridad regional mediante la cooperación colectiva sin extranjeros".
Paralela a esta actividad diplomática, Irán sorprendía en las últimas horas a la comunidad internacional con un repliegue de agresividad mediante el ofrecimiento de apertura de conversaciones con la Unión Europea después de que ésta se mostrara dispuesta a llevar el desarrollo nuclear iraní al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Aparentemente, desde las principales capitales europeas “Moscú incluido- se ha recibido con frialdad la repentina "envainada" iraní tras las bravatas y, sobre todo, la política de hechos consumados de los últimos días.
En los ministerios europeos parece ya entendido que Irán desea llevar los tempos y el compás: hechos consumados y después buenas palabras. Desde Londres se advierte que el juego ha sido descubierto, por lo que las rupturas de los precintos nucleares iraníes hacen imposible la reanudación de las conversaciones.
Emparedado Occidente entre Bin Laden y el terrorismo islamista por un lado, y la política de uranio enriquecido de Irán por el otro, muchos analistas con amplia experiencia han resucitado el espectro de lo que, desde hace años, se denomina como el "Hiroshima americano".
De hecho, el "Hiroshima americano" bien puede ser un "Hiroshima europeo". Incluso podría tratarse de un "Hiroshima biológico" y no de uno nuclear. Para Henry Crumpton, nuevo responsable del contraterrorismo en el Departamento de Estado de Estados Unidos, "es una simple cuestión de tiempo el que grupos terroristas internacionales como Al Qaeda se hagan con armas de destrucción masiva y las utilicen en ataques".
"Considero muy alta la probabilidad de que grupos terroristas utilicen armas de destrucción masiva (para atacar objetivos occidentales). Simplemente, es una cuestión de tiempo", concluye Crumpton.
Apocalípticas profecías que, por otra parte, llegan desde muchos frentes simultáneos, en Washington agradecen las noticias que llegan desde Pakistán afirmando que en el bombardeo de la aldea pakistaní sí murieron al menos cuatro terroristas y no sólo los dieciocho residentes locales que, en todo caso, habían invitado a cenar al grupo de Al Qaeda. Desde Pakistán se afirma que se han recogido los restos de los fallecidos para realizarles análisis de ADN para saber quién murió exactamente en el ataque más allá de los gritos y manifestaciones de odio antiamericano o de las difíciles disculpas que se exigen desde Islamabab.
