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Incluso en el Partido Comunista de India andan buscando apoyos los ayatolas iraníes. Hasta hace unos días, cuando la "marcha verde nuclear" le cruzaba sucesivas fronteras a la diplomacia occidental, Teherán acompañaba su paroxismo de hechos consumados y precintos rasgados con la habitual fanfarria contra el Gran Satán occidental que quiere llevar la democracia a las naciones del Oriente Medio.
Pero cuando el Gran Satán occidental, secular y plural convocaba a la Agencia Internacional de la Energía Atómica, casi empezaba a llenar los vasos de agua en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y Condolezza Rice expandía la laca de su cabeza a sus declaraciones ("ya no hay nada de que hablar") y, para colmo, Chirac salía por peteneras atómicas, entonces hubo que tirar de lo que fuera.
Y no sólo de la socorrida Siria sino del 'Partido Comunista de India (marxista)' que, en destacada nota de la agencia oficial de noticias iraní Irna, se apuntaba a que Nueva Delhi debiera resistirse a las presiones de Estados Unidos contra Teherán, que es justo lo que lo Irán venía recomendando a todo el mundo, aunque unos ayatolas apoyándose en la opinión de un (ectoplasmático) partido comunista indio fuera como mentar la soga en casa del ahorcado. Y nunca mejor dicho.
Seguimiento:
Y es que, a pesar de las cada vez más tibias declaraciones rusas y chinas en favor de los turbulentos turbantes iraníes, o de las ya excesivamente diplomáticas declaraciones diplomáticas de la Unión Europea pidiendo diálogo, el hecho es que la Agencia Internacional de la Energía Atómica está convocada de urgencia para el 2 de febrero mientras la comunidad internacional no sabe cuánto tiempo más podrá resistir la presión de Washington para convocar de una vez por todas el Consejo de Seguridad y empezar, como poco, a imponer sanciones económicas contra Teherán.
Y eso mientras Chirac amenaza con la utilización de armamento nuclear no sólo contra países que apoyen a terroristas sino contra quienes estrangulen sus recursos vitales de supervivencia, llámese petróleo, por ejemplo, que es el único claro desafío lanzado desde Teherán en el repentino silencio de los últimos días tras el zapatazo occidental. Por todo lo cual, Teherán ha comenzado a retirar sus fondos de los bancos occidentales y a transferirlos a entidades del más amigable -y musulmán- sudeste asiático.
Mientras tanto, la tensión internacional provocada por la crisis nuclear iraní está teniendo muchas y muy diversas consecuencias, a veces desapercibidas entre el torrente de proclamas radicales y amenazas ya nada veladas. Por ejemplo, un tribunal de Roma ordenaba la congelación de una cuenta iraní en la Banca Nazionale del Lavoro por la muerte de tres estadounidenses en los territorios palestinos ocupados por Israel, congelación de cuentas en virtud de una ley de 1996, también estadounidense, por la que se toman como garantía los fondos de países que "patrocinen el terrorismo internacional".
Pero no sólo un precedente tan claro como este asusta a los banqueros iraníes. Más allá de la zona más caliente, todo este explosivo clima internacional tiene víctimas que callan en silencio y se lamen en silencio las heridas que provocan otros. Por ejemplo, Turquía, que no encuentra precisamente el mejor ambiente para empezar a negociar su incorporación a la Unión Europea.
En los últimos días, el primer ministro francés volvía a decir alto y claro frente a Angela Merkel en Berlín, entre constantes referencias al inicio de conversaciones con Turquía, que "la Unión (Europea) no siente una vocación de expandirse indefinidamente".
