NUEVO DIGITAL Internacional - Tras las sugerencias venezolanas de compra de un reactor nuclear argentino, Estados Unidos ve en la crisis nuclear iraní la clave para contener el avance de Chávez en América Latina
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Tras las sugerencias venezolanas de compra de un reactor nuclear argentino, Estados Unidos ve en la crisis nuclear iraní la clave para contener el avance de Chávez en América Latina

Tras las sugerencias venezolanas de compra de un reactor nuclear argentino, Estados Unidos ve en la crisis nuclear iraní la clave para contener el avance de Chávez en América Latina

07.02.06 • 06:01 GMT • Elizabeth Peger - Buenos Aires Email

El fracaso de las gestiones de Estados Unidos para la constitución del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) durante la última Cumbre de las Américas dio rienda suelta a los sueños de Hugo Chávez a favor de la construcción de un eje Caracas-Brasilia-Buenos Aires en la región. Con ese entusiasmo, el líder venezolano inició diversos contactos con las autoridades argentinas para la compra de un reactor nuclear, cuyo objetivo nunca fue demasiado claro.

La noticia recorrió rápidamente los despachos de la Casa Blanca y se multiplicaron las consultas de funcionarios norteamericanos hacia colaboradores del presidente Néstor Kirchner sobre los alcances de la negociación con Chávez por el reactor. "No hay nada concreto, sólo fue una conversación informal", garantizaron las autoridades argentinas antes esas consultas.

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Poco después, las manifestaciones de Chávez a favor de avanzar "en la integración bilateral" irano-venezolana y su apoyo incondicional a los planes nucleares de Teherán volvieron a inquietar a la administración de George Bush. Tom Shannon, el influyente subsecretario de Asuntos Latinoamericanos, por entonces de visita en Buenos Aires, volvió a preguntar por la venta del reactor nuclear a Venezuela. Otra vez el gobierno argentino negó cualquier avance en la negociación y aseguró al enviado de Bush su compromiso con la "total transparencia" en las políticas vinculadas con el desarrollo tecnológico nuclear.

Para Estados Unidos ese compromiso quedó ratificado el último sábado en Viena durante la reunión de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de la ONU que decidió elevar al Consejo de Seguridad del caso del programa nuclear de Irán. Allí, Argentina y Brasil votaron encolumnados con la postura norteamericana, mientras que Venezuela junto con Cuba rechazaron que el organismo de la ONU analice el polémico plan atómico de Teherán.

La Casa Blanca juzgó como un gesto alentador la decisión de argentinos y brasileños de acompañar el proceso contra Irán. Y una señal sobre que las autoridades de ambos países no comparten los mismos planes que Chávez respecto de las relaciones con el mundo musulmán.

De hecho, Kirchner y Lula Da Silva también tomaron distancia de Caracas luego que los líderes de Hamas anunciaron una gira por la región en la búsqueda de apoyo financiero. Mientras Chávez se anotó primero para asistir al grupo fundamentalista islámico, en Buenos Aires y Brasilia condicionaron cualquier colaboración a que Hamas renuncie definitivamente a la violencia contra Israel.

Esa cuña abierta en América Latina es un dato muy significativo para Washington porque se produce justo cuando sus relaciones con Chávez alcanzan el momento de mayor tensión.

Analistas de la región consideran que se trata de un síntoma más de "la imposibilidad de un eje que una a Kirchner y Lula con Chávez en un mismo proyecto político". Y aseguran que en medio del enfrentamiento con el líder venezolano, -que ha llamado a su pueblo a armarse contra una eventual invasión norteamericana-, la administración Bush debería observar a Argentina y Brasil como "potenciales aliados".

En los últimos dos meses la Casa Blanca ha dado algunos pasos en ese sentido. Sabe que no puede ignorar la situación de Latinoamérica porque ello significaría dejarle a Chávez el terreno libre para avanzar con su billetera cargada de petrodólares en busca de socios políticos para su causa.

La gran preocupación de Washington tiene que ver con el futuro de Bolivia y la posibilidad de que el flamante gobierno del cocalero Evo Morales termine encolumnado con las políticas impulsadas desde Caracas. Allí es donde Argentina jugaría un rol central en la apuesta norteamericana por retener a Morales entre los mandatarios "racionales" del continente.

En el gobierno de Kirchner admiten que el cambio de actitud de Estados Unidos hacia el país obedece "a una cuestión de necesidad e intereses y no a una comunión de ideas". Y sostienen que, pese a las evidentes diferencias de criterios en varios temas, la agenda bilateral incluye muchos asuntos de atención mutua, entre los que destacan la situación de Bolivia.

"En Washington han comenzado a abrir acceso a ciertos funcionarios de alta jerarquía, a facilitar ciertas discusiones, a cursar invitaciones a algunas reuniones y hasta a pagar almuerzos dentro del departamento de Estado", graficó un diplomático argentino.

Además, los funcionarios del gobierno argentino consideran que su colaboración con Estados Unidos en la "contención" de Bolivia podría significar una retribución adicional: la simpatía de España. Es que para la administración de José Luis Rodríguez Zapatero, preocupada por los intereses económicos de Repsol en el territorio boliviano, es casi crucial tener garantías de certidumbre sobre los futuros pasos de Morales en su política en materia de hidrocarburos.



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