NUEVO DIGITAL Internacional - Rumsfeld y Straw patrullan el Magreb para controlar la sucursal de Al Qaeda en la región mientras Marruecos la intenta vincular con el Polisario
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Rumsfeld y Straw patrullan el Magreb para controlar la sucursal de Al Qaeda en la región mientras Marruecos la intenta vincular con el Polisario

Rumsfeld y Straw patrullan el Magreb para controlar la sucursal de Al Qaeda en la región mientras Marruecos la intenta vincular con el Polisario

14.02.06 • 06:12 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

El del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) es el nombre que ambos llevan escritos en sus dossieres. Relacionado de una u otra forma con los atentados yihadistas de Londres, Madrid o Casablanca, el GSPC está considerado como la sucursal de Al Qaeda en el norte de África, escindida del siniestro GIA o Groupe Islamique Armé, la organización con la que no compartía su estrategia de instaurar la ley islámica en Argelia a golpe de asesinatos masivos de civiles argelinos y que transformó en la yihad de la mochila bomba en trenes o metros repletos de infieles.

Consciente de la impunidad que el grupo puede conseguir aprovechando la inmensidad del Sáhara, Estados Unidos ha intentado estrangular al GSPC desde el sur, con fuertes ayudas antiterroristas concedidas a Mauritania, Chad, Níger o Mali a través del Plan PanSahel, pero también desde el norte, donde tres países magrebíes “Marruecos, Argelia y Túnez- se convierten en piezas clave para la represión de la avanzadilla de Al Qaeda en las puertas de Europa, el soñado puente de plata islamista para su infiltración en las tolerantes y democráticas sociedades del occidente europeo.

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De puertas para afuera, Rumsfeld ha hablado de una "extremadamente baja posibilidad" de que Al Qaeda o grupos similares ganen presencia significativa en la región. De lo que se trata es de dorar la píldora a Argelia y a Túnez -pero sobre todo a Marruecos- como aliados en la zona así como de elogiar sus esfuerzos antiterroristas, elogios y dorados de píldora aun más acusados ante las imposibles relaciones de amistad con el vecino europeo del norte, es decir, con España, de la que sólo se percibe una especie de hostilidad a todo lo que guste a Washington.

Y Estados Unidos necesita aliados de confianza en la región, especialmente cuando los embajadores españoles muestran su diplomática pero explícita admiración por la tolerancia de Siria -seguramente no compartida por Dinamarca- o cuando muy altos representantes parlamentarios españoles, como el presidente del Senado, el socialista Javier Rojo, realiza -también en Damasco- encendidas loas al "Diálogo de Civilizaciones", la versión supremacista elaborada por el iraní Jatami de la "Alianza de la Civilizaciones" propuesta por su jefe político, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y que tan a menudo se confunden para regocijo de Teherán.

El optimismo de Rumsfeld sobre la "extremadamente baja posibilidad" del yihadismo en el Magreb es, sin embargo, una pose de cara al público. Porque el secretario de defensa estadounidense no ha ido de turismo al Magreb, como tampoco ha ido -coincidiendo en calendario-, el canciller británico, Jack Straw. Y es que los dos quieren vigilar muy de cerca al GSPC y a la posible expansión del islamismo radical por la zona. Mientras, desde ciertos ámbitos, se aprovecha la coyuntura para sugerir transformaciones de otros grupos guerrilleros regionales al islamismo, grupos anteriormente no sólo laicos sino marxistas que, sin embargo, ahora estarían coqueteando con la yihad.

En este sentido, tampoco concedió Rumsfeld que el Sáhara Occidental ex-español fuera una zona de posible desarrollo para el salafismo. Una pregunta en la rueda de prensa con el político estadounidense iba en ese sentido, casual o no casual. Casual, si realmente existía interés en conocer la opinión de Rumsfeld sobre ese punto, pero no casual ante la cada vez más explícita estrategia de Rabat para minar la credibilidad de su archienemigo Frente Polisario: la idea de que la organización saharaui se transforma lentamente en un grupo afín al terrorismo islámico. Lo que, obviamente, sonaría muy bien a los oídos del "halcón" Rumsfeld si éste hiciera caso a los bisbiseos interesados y aunque no le lleguen los desmentidos de los amigos de la autodenominada República Árabe Saharaui Democrática.

En todo caso, el estadounidense no se dejó atrapar en terreno tan pantanoso, habida cuenta de la mediación de Washington en el conflicto de la ex-colonia española, con interlocución fluida en el Polisario. Sin embargo, a buen seguro su embajada en Rabat le habrá hecho llegar noticias sobre la nueva hornada de informes que consideran al Frente Polisario no sólo como una inútil reliquia de la Guerra Fría -que no haría sino estorbar una solución en la región- sino también como un grupo miliciano laico a punto de reconvertirse al terrorismo islámico.

En Marruecos, estas insinuaciones suenan muy bien porque sirven para azuzar a Occidente contra un supuesto Polisario preterrorista islámico. Fuera de Marruecos, la cosa suena a propaganda y a dinero de Rabat financiando a think-tanks que reclamarán en los tribunales el honor perdido por las acusaciones.

En todo caso, el ajedrez de la frontera occidental de la yihad se juega en el Magreb, mientras Rabat se deja querer e intenta dar su más fuerte patada al terrorismo islámico en el trasero del Frente Polisario.



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