NUEVO DIGITAL Internacional - Turquía aprovecha la crisis de las viñetas para presentarse ante Europa como un país musulmán moderado (aunque sin hacer demasiado ruido sobre su propio programa nuclear)
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Turquía aprovecha la crisis de las viñetas para presentarse ante Europa como un país musulmán moderado (aunque sin hacer demasiado ruido sobre su propio programa nuclear)

Turquía aprovecha la crisis de las viñetas para presentarse ante Europa como un país musulmán moderado (aunque sin hacer demasiado ruido sobre su propio programa nuclear)

16.02.06 • 06:05 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

No importa que un sacerdote católico fuera asesinado a tiros por un adolescente al grito de "Alá es grande". Ni que cientos de jóvenes turcos se manifestaran ante el consulado francés en Estambul exigiendo "sangre" y "venganza" por los dibujos antes de intentar asaltar la sede diplomática. Sistemáticamente, los medios turcos degradan la intensidad de los "incidentes" con calificativos de atención desviada aplicados a sus protagonistas. Quienes atacaron el consulado eran "ultranacionalistas" (no radicales islámicos). Y el joven que asesinó al sacerdote, no mucho más que un desequilibrado.

Las élites políticas turcas intentan desesperadamente mostrar al mundo su raíz laica y esta es una buena ocasión. "Nosotros no somos como ellos", vienen a decir comparándose con las imágenes de los furiosos y desencajados afganos o pakistaníes. "Algunos turcos ven la disputa de las viñetas como una oportunidad para Turquía de mostrar a la Unión Europea que puede ser una fuerza moderadora entre las civilizaciones cristiana y musulmana", se dice en los medios turcos más occidentalizados. Sin embargo, no todo es tan sencillo. Fuerzas muy distintas tiran de Turquía. Algunas desde sus calles y sus plazas. Otras desde los palacios presidenciales de sus vecinos más levantiscos.

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Hay quien destaca que calle y élites turcas van por muy distintos caminos. Otros coinciden con el ministro turco de asuntos exteriores en que, en realidad, las reservas con Turquía se deben a una creciente islamofobia en ciertos sectores políticos europeos. Sin embargo, desde el principio, el gobierno turco vio una buena oportunidad de intentar gestionar la crisis mostrando una postura de moderación a ambos lados de la trinchera. Desde Ankara no sólo se revitaliza la Alianza de Civilizaciones con el amigo Zapatero vía carta en medio internacional de postín sino que se siguen, apoyan y jalean los esfuerzos de Madrid para desactivar la crisis, allá, al otro lado del continente europeo, tan deseado.

Pero si hay un problema en el Oriente Próximo es que tiene un mapa demasiado complejo. Si una delegación turca visita Israel, inmediatamente se levanta una gigantesca polvareda entre sus anfitriones, unas veces porque los visitantes entran cubiertos donde no deben entrar cubiertos, y otras porque no se cubren donde debieran haberse cubierto. Como, por cierto, hizo el propio primer ministro turco Erdogan en mayo, al negarse a ponerse la kipa, en abierto desafío religioso a sus anfitriones israelíes.

Y no salimos de Israel cuando nos metemos en su archienemigo Irán. Una delegación del partido en el gobierno turco visita Teherán con el bien explícito objetivo de no dejarse atraer hacia el "lobby nuclear" que los ayatolas iraníes intentan construir en su pulso con Occidente. "De acuerdo, vamos a Teherán", dicen los turcos pero inmediatamente puntualizan que "sin embargo, como ha dicho nuestro primer ministro (Erdogan) y había aclarado antes el ministro (turco) de asuntos exteriores, expresaremos nuestras expectativas de acuerdo con la política nacional turca".

El desmarque turco de las comprometedoras llamadas de las barbudas sirenas iraníes tiene mucho que ver con no molestar a europeos y americanos pero poco con una posible oposición turca a la energía nuclear. Sorprende constatar cómo se suele ignorar desde Europa que la propia Turquía, de forma discreta pero con paso decidido, también ha resuelto iniciar un ambicioso plan nuclear con la construcción de tres centrales, y, aunque el tema se está consultando con "americanos y franceses", se trata de "más madera" para una región que últimamente la ha sustituido por "más uranio enriquecido".

Claro que si los turcos hablan de tecnología nuclear con franceses y estadounidenses, los iraníes lo hacen con los aún mediadores chinos pero también con los directos aliados venezolanos, todos de gira en Teherán dentro de ese lobby nuclear que los ayatolas del Consejo de los Guardianes de la Revolución y su representante civil, el presidente Ahmadinejad, intentan congregar para sus altruistas fines de iluminación y pacificación del mundo.



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