La anteriormente discreta India se une al club de países nucleares rebeldes al resistirse a ser fiscalizado su programa atómico por la OIEA
XUn nuevo frente de tensión nuclear se abre en la otrora discreta India ante la fuerte oposición interna en el país a un acuerdo de colaboración con Estados Unidos que exige separar los programas atómicos civil y militar. Los planes de colaboración se han torcido tanto -y tanto también ha crecido la tensión en el interior de la clase política y científica india- que el vicesecretario de estado para asuntos políticos de Estados Unidos ha tenido que viajar con urgencia a Nueva Delhi con el fin de evitar un estrepitoso -y potencialmente desestabilizador- fracaso de la visita que el presidente Bush tiene prevista al país asiático para la próxima semana, para la que la izquierda india (que apoya al gobierno indio) y el movimiento antiglobalización ya tienen preparado su programa de actos.
Con una China nuclear que va de por libre en su estrategia internacional en un calculado juego de tensión y oposición a Estados Unidos, y con un Irán que sigue empecinado en su programa nuclear al margen de cualquier control internacional, lo que le faltaba a Estados Unidos es un desmarque indio con el uranio enriquecido en unos momentos en que el gobierno prooccidental del también atómico Pakistán -y archienemigo de India- se tambalea por las masas que siguen protestando por los dibujos de Mahoma y el propio Bush busca aliados desesperadamente para estrangular el más inmediato problema iraní.
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En realidad, en la región todo es cada vez más tenso y explosivo. Apagadas en las últimas semanas las incendiarias bravatas iraníes de otros tiempos pero habiendo pasado a los hechos consumados, cada día trae más alarmantes noticias, como las que mencionaban una fatua dictada por un prominente ayatola iraní que habría autorizado la utilización de armamento nuclear bajo sólidos argumentos coránicos, fatua desmentida pocos días después por el ayatola en Teherán que, sin embargo, sigue hablando de la adecuación teológica de las "represalias" contra los potenciales ataques de "los enemigos".
El problema con India es tan complejo como increíblemente compleja también es una zona que cada vez se extiende más en su capacidad conflictiva y en donde cada vez con mayor frecuencia aparece la palabra "nuclear" asociada a cada vez más problemas hasta hace no tanto extraatómicos.
En Nueva Delhi, la izquierda india -que apoya con sus votos al gobierno del primer ministro, Manmohan Singh- se opone en redondo a un acuerdo con Estados Unidos, en parte por la clásica retórica antiamericana, en parte también por intereses políticos más coyunturales, como las casi inmediatas elecciones en varios estados que cuentan con una gran proporción de votantes musulmanes. Esa misma izquierda considera que el acuerdo propuesto con Estados Unidos "destruiría la capacidad nuclear de la India" debido a los controles que presupone por parte de la Organización Internacional de la Energía Atómica en un momento en que Nueva Delhi también ha comenzado a tener miedo de Teherán.
El problema es que India se siente agraviada tras ser, durante tres décadas, el "chico bueno" del club nuclear, sin haber escalado su tecnología frente a los programas de modernización de Pakistán y China, países que, según los indios, hacen lo que desean mientras Washington se tapa los ojos, los oídos y la boca. Por no hablar de la no tan lejana y también correosa Corea del Norte, que paso adelante, paso atrás, acuña moneda diplomática y económica con sus amenazas nucleares mientras vuelve a poner fecha para la zanahoria de las negociaciones.
El acuerdo negociado previamente entre Estados Unidos e India incluye tecnología mejorada de enriquecimiento de uranio, una tecnología que, bajo el control exigido por la OEIA, dejaría fuera la posibilidad de fabricación de combustible destinado al uso militar. India posee ahora 70 cabezas nucleares pero quiere "al menos 300" para garantizar la disuasión con Pakistán y China. Por si fuera poco, la clase científica nuclear iraní se niega a ser inspeccionada por la OEIA porque teme fugas de información secreta hacia países hostiles.
En el otro lado de la mesa, la cosa tampoco pinta mejor. El Congreso de Estados Unidos nunca aprobará un tratado de colaboración nuclear que no separe los programas civil y militar -salvo maniobras de última hora de Bush en las dos cámaras con el fin de romper el bloqueo también en casa-, y que lleve el primero al control de la OIEA, aunque deje al segundo en la opacidad de los ojos internacionales. Desde el punto de vista indio, ese control internacional civil es una forma encubierta de peligroso control del programa nuclear militar que dejaría en desventaja al país frente a sus dos potentes vecinos nucleares del Este.
Y eso sin contar con que los ayatolas iraníes al Oeste ya han puesto en marcha lo suyo, por el momento también fuera de todo control, en abierto desafío a la comunidad internacional y con una explosiva situación regional, alentada por un dibujo en el que la mecha prendida de un turbante parece continuar acortándose cada vez más.
