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Chávez compra a manos llenas a sus vecinos latinoamericanos con el fin de proponerse como la alternativa regional a Estados Unidos

Chávez compra a manos llenas a sus vecinos latinoamericanos con el fin de proponerse como la alternativa regional a Estados Unidos

01.03.06 • 06:11 GMT • Elizabeth Peger - Buenos Aires Email

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Hugo Chávez con su chequera para comprar su sueño de convertir a América Latina en un continente `bolivariano`, con su estética populista y en abierta oposición a Estados Unidos? Millones de petrodólares venezolanos hoy inundan los mercados de la región con diversos destinos, pero con una misma impronta: Chávez asumiendo el rol de principal sostén financiero ante situaciones de crisis o apareciendo como el gran inversor de megaproyectos regionales.

Salvo por Colombia, que se resiste a creer en las bondades de las ofertas de asistencia de Caracas y refuerza sus lazos con la Casa Blanca, la mayoría de los países latinoamericanos han aceptado el auxilio económico del líder venezolano. Argentina ha logrado recomponer el nivel de sus reservas a partir de la compra de títulos de deuda por parte de Venezuela. Mientras, Brasil se entusiasma con las ganancias que le reportará el negocio para la venta de material bélico a Chávez.

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Los dos países, además, esperan ansiosos la millonaria inversión que ha prometido Caracas para la construcción del denominado Gasoducto del Sud, que unirá los tres estados y permitirá a argentinos y brasileños sortear con éxito la crisis energética que les ha afectado en los últimos años.

Si hasta las autoridades de Chile siguen con atención la evolución de esa megainiciativa es porque consideran que podría facilitar el acceso del país a un mercado alternativo para sus necesidades de importación de gas, superando los escollos que plantea la conflictiva relación de Santiago con Bolivia y Perú, los otros dos grandes productores de ese hidrocarburo en la región.

La llegada de los petrodólares chavistas también es esperada con ansias en La Paz, donde Evo Morales ha tomado al pie de la letra la promesa del venezolano de donar a Bolivia unos 30 millones de dólares para obras sociales, además de garantizarle que le suministrará combustible a cambio de alimentos por un valor total de unos 150 millones al año.

En Perú, la circunstancia de un eventual triunfo del caudillo ultranacionalista Ollanta Humala en las elecciones presidenciales de abril próximo también plantea un escenario favorable a las expectativas de Chávez. De hecho Humala ha basado su campaña electoral en su apuesta por sellar una sociedad política con el venezolano que, según asegura, reportaría inmejorables beneficios económicos para su país.

La estrategia de Chávez en la región ha llegado incluso hasta la idea de patrocinar una alternativa latinoamericana al Fondo Monetario Internacional (FMI), a partir de la creación de un gigantesco Banco del Sur, destinado a financiar la aplicación de programas económicos y el otorgamiento de créditos subsidiados, y solventar la construcción de proyectos regionales conjuntos.

La apuesta de Caracas por la construcción de una gran sociedad política y económica con los principales líderes de América Latina se da además en un contexto caracterizado por la profundización del enfrentamiento de Chávez con la administración de George Bush, que en los últimos días ha derivado en una escalada de cruces de acusaciones y amenazas veladas.

¿Pretende Chávez consolidarse como la principal alternativa al rol que ha cumplido Washington en la región durante las últimas décadas? Eso sospechan los funcionarios del gobierno norteamericano que observan con atención los movimientos del venezolano y el proceso que se evidencia en América Latina con un marcado ascenso de las fuerzas políticas de izquierda y los movimientos sociales e indigenistas en diversos estados.

La inquietud de la Casa Blanca ha llevado incluso a intentar acercamientos con los gobiernos de Brasil y Argentina, a los que Estados Unidos atribuye un protagonismo central en la región y las alternativas más concretas para cualquier aspiración de detener el avance chavista.

Si bien las autoridades de ambos gobiernos no ha rehusado el convite de un diálogo más aceitado con la administración Bush, tampoco se han mostrado dispuestas a tomar partido en la disputa norteamericana con Caracas.

El presidente brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva ha ratificado que, pese a los cuestionamientos de Estados Unidos, seguirá adelante con los contratos que firmó con Chávez por la venta de aviones y armamento a Venezuela, un negocio que le generará ingresos por más de 500 millones de dólares y le permitirá avanzar en el proceso de recuperación de su industria bélica.

Razones mucho más poderosas tiene el gobierno argentino para seguir privilegiando su relación con Chávez. Esta semana Venezuela realizó una nueva compra de títulos de la deuda pública local por 308 millones de dólares.

De esta forma, el gobierno venezolano lleva comprados unos 2.400 millones de dólares en bonos argentinos en los últimos tres meses, con lo cual Chávez quedó a un paso de cumplimentar la promesa que le efectuó al presidente Néstor Kirchner en noviembre pasado, cuando garantizó que su país adquiriría 3.000 millones de dólares en títulos de la deuda pública local.

Las compras de esos bonos por parte de Caracas han sido la principal herramienta utilizada por las autoridades argentinas para recomponer el nivel de sus reservas internacionales tras la erogación generada por la cancelación anticipada de la deuda de 9.800 millones de dólares que el país mantenía con el Fondo Monetario Internacional.

Además, Argentina se ha beneficiado sustancialmente en los últimos días por la decisión de Chávez de rescatar de manera anticipada los títulos de deuda pública emitidos años atrás por el gobierno venezolano. La recompra de bonos también ha sido imitada por Brasil y México, con lo cual el mercado de títulos argentinos se ha vuelto una alternativa interesante para aquellos inversores que apuestan sus fondos en los activos de países emergentes.

Según las expectativas locales, a partir del rescate de papeles que están efectuando los tres países por alrededor de 16.000 millones de dólares, en las próximas semanas podrían ingresar a Argentina 2.000 millones adicionales por la demanda de títulos de deuda local.



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