NUEVO DIGITAL Internacional - El Telón de Acero islámico se debilita por el lado iraní: La Casa Blanca comienza a oler debilidad y abre espacio estratégico diplomático para que Irán respire y salve la cara
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El Telón de Acero islámico se debilita por el lado iraní: La Casa Blanca comienza a oler debilidad y abre espacio estratégico diplomático para que Irán respire y salve la cara

El Telón de Acero islámico se debilita por el lado iraní: La Casa Blanca comienza a oler debilidad y abre espacio estratégico diplomático para que Irán respire y salve la cara

16.03.06 • 06:12 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

No todo en Irán es el monolítico bloque que hacen aparentar las estruendosas y contundentes acusaciones de su presidente o las adustas barbas de los ayatolas de sermón en el desierto como rígidos soviéticos de helado desfile en la Plaza Roja de antaño. La apabullante tensión a la que el órdago del programa nuclear iraní ha sometido a la comunidad internacional ha comenzado a pasar factura en algunas de las zonas más elevadas de la élite política de Teherán, que ya comienza a filtrar a Occidente su disgusto con la agresiva política de hechos consumados alrededor del alarmante enriquecimiento de uranio en un país cuyos líderes hablan abiertamente de borrar a otros países de la faz de la Tierra.

Pero no son sólo ciertas élites políticas las que cuestionan abiertamente la política de enfrentamiento de la cúpula iraní “aunque por el momento lo hagan sin osar dar nombres y pistas sobre los descontentos- sino que otra élite, esta vez civil pero de orientación religiosa, realiza declaraciones en agencias semioficiales de una extraordinaria contundencia. En este sentido, altos representantes de organizaciones de apoyo a los estudios religiosos se permiten decir en la semioficial Agencia Iraní de Noticias Coránicas que "la nueva administración no ha hecho mucho en el campo de las actividades coránicas durante sus nueve meses en el poder excepto expresar su apoyo a tales actividades".

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En una noticia llena de declaraciones de disgusto nada menos que en relación a los presupuestos para las actividades en torno a la enseñanza y la difusión del Corán, se leen irritadas quejas sobre presupuestos y sobre la forma en que éstos han sido distribuidos.

Mientras, la esquizofrenia de los dirigentes iraníes se reparte entre las declaraciones contemporizadoras de los ministros iraníes que deben lidiar con la comunidad internacional sobre las mesas de negociación y las convulsas soflamas del presidente Ahmadinejad que, en casa, calienta el ambiente como un entrenador de fútbol que intenta poner nervioso al contrario coreando con las multitudes "Muerte a los Estados Unidos", "Muerte a Israel".

A pesar de la inflamada retórica de la línea dura, los dirigentes iraníes podrían estar viendo cada vez más inevitable el que tengan que hablar, finalmente, con el Gran Satán americano, de la misma forma que hace décadas los rígidos dirigentes soviéticos tuvieron que sentarse frente a la corrupta hidra capitalista al sentir el ya insoportable relente de una Guerra Fría que ahora Washington ha comenzado a repetir con Irán.

Cuando la opinión internacional se centraba aún en los mensajes más virulentos de Teherán, en los despachos más exclusivos de la Casa Blanca ya habían empezado a oler debilidad y se movían en dirección opuesta: endurecer el mensaje hacia Irán, ese "no creo que tengamos nada que hablar con los iraníes" que decía el lunes el embajador de Washington ante las Naciones Unidas en indudable táctica negociadora de avanzar por el terreno que el rival pueda estar cediendo o el diplomáticamente más contundente "Irán es el banquero central del terrorismo" de la Condoleezza Rice de las últimas horas.

Sin duda en Teherán muchas rodillas empiezan a flaquear ante la firmeza adoptada por el núcleo duro occidental formado por Londres y Washington, y por la pérdida de paciencia de Rusia y China ante el empecinamiento sin salida de Teherán, a pesar de que, desde Pekín, se sigan apoyando los esfuerzos rusos de negociación y se continúe insistiendo, con sospechosa machaconería, en la necesidad de mantener una paciencia con Irán que es bien útil a su marcado de distancias respecto a Occidente.

En este sentido, un crítico con Ahmadinejad filtraba al New York Times: "Durante 27 años tras la revolución (islámica comenzada por Jomeini), Estados Unidos ha querido llevar a Irán al Consejo de Seguridad, y fracasó. En menos de seis meses, Ahmadinejad lo ha conseguido".

Dicho de otra forma, a pesar de lo que diga el embajador estadounidense ante las Naciones Unidas sobre la continuación del "desafío" iraní a la comunidad internacional, en esa misma comunidad internacional, Casa Blanca incluida, empieza a extenderse la sensación de que los ayatolas iraníes ya han puesto sus barbas a remojar y están blanditos para iniciar conversaciones con Washington, donde esperará una dura Condoleezza Rice con más laca de la normal en la mesa de discusiones y con pocas posibilidades de cambiar su duro peinado diplomático.

La euforia sobre la presunta debilidad iraní y las filtraciones de entusiasmo en la Casa Blanca comenzaban a ser tan 'estruendosas' que Bush se ha visto obligado, a su vez, a insisitir en la vía diplomática como solución al conflicto para no dar la sensación de dejar sin aire a Irán, descrito, sin embargo, como "el mayor deafío de un solo país" contra Estados Unidos.

La nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos intenta así el doble mensaje: conocemos vuestra debilidad pero os vamos a dar la oportunidad de salvar la cara.



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