NUEVO DIGITAL Internacional - El Vaticano contraataca (1/2) - China: guante de seda en mano de hierro; Islam: guante de seda en mano de seda
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El Vaticano contraataca (1/2) - China: guante de seda en mano de hierro; Islam: guante de seda en mano de seda

El Vaticano contraataca (1/2) - China: guante de seda en mano de hierro; Islam: guante de seda en mano de seda

27.03.06 • 06:11 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

El masivo revoloteo púrpura del fin de semana no ha sido en vano. Quince nuevos cardenales “incluyendo uno español y otro venezolano- han provocado un incremento de la presión diplomática vaticana por el que han sido puestos al día conflictos nacionales de media o baja intensidad -como el de las tensiones entre la Iglesia española y el gobierno socialista que dirige el país- pero cuyo carácter inflamable es prácticamente nulo en comparación con las dos palabras que más se han pronunciado bajo las cúpulas del Vaticano, entre el rozar de la nueva y poderosa púrpura cardenalicia: Islam y China.

Como se ha filtrado desde el Vaticano, "el tiempo está maduro" para establecer relaciones diplomáticas con Pekín. Aunque eso sí, manteniendo la firmeza. Se nombra cardenal al (odiado en Pekín) obispo de Hong Kong, Joseph Zen, -el más poderoso bastión de la libertad religiosa en China y quien se reconoce "demasiado viejo" para contemporizar con China ("La gente dice que soy rebelde. Pero si ayudas a los desfavorecidos, tienes que hablar alto o nadie te oirá")- pero se deja claro a los envarados dirigentes asiáticos que el Vaticano no está dispuesto a negociar el nombramiento de la jerarquía católica en el país como se le exige desde los "palacios del pueblo".

De hecho, lo que puede ser visto como un acercamiento a los dirigentes chinos -el traslado de la nunciatura apostólica desde Taipei a Pekín- representa una emigración del frente de combate católico hacia territorio hostil. Aunque "el regreso a Pekín" ya lleva años rondando las cabezas vaticanas, el mensaje se refuerza. Nada de actuar desde fuera. Y menos desde Taiwán, como si fuera una provocación desde zona segura y enemiga. Ahora se hará con "nuestra gente" y en territorio hostil, en el interior, dentro de la muralla. Un signo de fortaleza -Zen y nunciatura, juntos- que demuestra una actitud decidida frente a Pekín que, sin embargo, no se corresponde en el otro gran y masivo frente, éste sí, de carácter "universal": el Islam.

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En realidad, no se trata del Islam en sí mismo sino de su extremada virulencia tanto en Occidente -donde ya es capaz de provocar espectaculares crisis como la de las viñetas de Mahoma- pero también en territorio histórico musulmán, donde el cristiano converso afgano Rahman podría salvarse de la ejecución por "apóstata" si la presión internacional consigue finalmente que sea declarado mentalmente incapaz, pues sólo un disminuido mental podría osar abandonar el islamismo por el cristianismo, y aunque los clérigos de Kabul insistan en exigir su despedazamiento puesto que no aceptan en absoluto una maniobra que denuncian con no menos virulencia.

El Papa Benedicto XVI está dispuesto a enfrentarse a la agresiva marea islámica pero no desde un punto de vista doctrinal -donde "nunca habría acuerdo"- sino desde un punto de vista postmoderno, esto es, cultural. Se trata de demostrar que el enfrentamiento entre la "civilización cristiana" y la "civilización musulmana" es más un problema "cultural" que otra cosa. Y por ello, en otro espectacular y muy revelador movimiento interno, el Papa Benedicto ordenó hace unos días que se unieran en una misma figura -la del cardenal francés Paul Poupard- el Consejo Pontificio de Cultura y el Consejo para el Diálogo Interreligioso. El mensaje es claro: No hablemos de religión; hablemos de culturas. Que las culturas son relativas y mudables, y nos evita hablar de absolutos y eternidades.



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