La reforma de la emigración en Estados Unidos divide a los fieles de la poderosa iglesia evangélica entre quienes se basan en la acogida bíblica al extranjero y quienes creen prioritario hacer cumplir la ley
XSin comparación posible con la dimensión internacional de la Guerra de Irak, el proyecto de reforma de la emigración en Estados Unidos está provocando, sin embargo, unas tensiones externas e internas en el país que amenazan con modificar de forma sustancial las ocultas fuerzas tectónicas que rigen en gran parte el funcionamiento del país. Por ejemplo, las religiosas.
No es difícil encontrar reflexiones de pensadores musulmanes que destacan cómo los universos islámico y estadounidense se encuentran más cerca entre sí por la fuerte influencia política de sus fuerzas religiosas que cada uno de ellos respecto a la laica y descreída Europa, donde espíritu y política caminan separados. De ahí la comprensión de Bush por la ira musulmana en torno a las viñetas sobre Mahoma -sólo entibiada por la violencia antioccidental que la siguió- pero también de ahí sus problemas para sacar adelante ciertos y cruciales proyectos de ley en medio de la agresiva acción de los lobbies religiosos de su propio país.
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El proyecto de acción para afrontar la enorme masa de emigración ilegal en Estados Unidos no sólo ha conseguido envenenar la relación de Bush con sus bases más conservadoras -por no hablar de los resquemores más 'progresistas' (o 'liberales' en la terminología política doméstica)- sino también con su vecino mexicano y, sobre todo, con las fuerzas sociales de su país, donde sindicatos y organizaciones religiosas apoyan la concesión de algún estatus de ciudadanía a los emigrantes ilegales con el fin de regularizar su estancia.
Pero no todas las organizaciones religiosas se han mantenido unidas en esa defensa del emigrante. La influyente y poderosa iglesia evangélica está viviendo una especie de cisma ideológico y político alentado por el enfrentamiento de dos posturas antagónicas ante la emigración ilegal.
"El poder del púlpito"
Mientras Bush y Fox suben pirámides mayas para relajar tensiones durante su cumbre de Cancún “a la que también asiste el primer ministro canadiense, básicamente preocupado por la tasación de la madera entre su país y Estados Unidos-, el debate en Estados Unidos se calienta con las distintas opciones sobre qué hacer con los 12 millones de emigrantes ilegales en Estados Unidos, con México encabezando la lista de suministradores con 6,2 millones de personas en situación irregular, por no hablar del casi millón de ilegales que el mundo sigue inyectando cada año dentro de las fronteras estadounidenses.
El presidente Fox “en puertas de comicios electorales- exige que la construcción de una valla fronteriza entre Estados Unidos y México como contundente símbolo de un previsto endurecimiento fronterizo, tal y como contempla el proyecto estadounidense, vaya acompañado de algún tipo de garantía legal para quienes ya se encuentran en Estados Unidos de forma que puedan regularizar su estancia en el país.
Está por ver qué salga de la cumbre de Cancún pero las organizaciones religiosas hace ya mucho que se alinearon con quienes desean ciudadanía para los ilegales, de forma que, sobre todo en los estados fronterizos con México más sensibles a los temas migratorios, "el poder del púlpito ha motivado a los emigrantes a protestar" y salir a las calles en manifestación.
Evangélicos dividos
Católicos, episcopalianos, metodistas y judíos se han unido en el apoyo a la emigración ilegal. Sin embargo, los evangélicos se encuentran divididos entre quienes, como manda su fe, se acogen al mandato bíblico de acogida al extranjero, y quienes se acogen al mandato, también bíblico, de respeto de la ley.
Como cabía de esperar, hay curiosos y llamativos cruces ideológicos y personales, como el de los latinos evangélicos, que comparten el conservadurismo y, a veces, el fundamentalismo de sus correligionarios anglosajones pero que, a la vez, inclinan su preferencia al apoyo de su comunidad étnica.
La lucha religiosa por los latinos es uno de los temas más envenenados en las relaciones interreligiosas en Estados Unidos. Junto con el seguimiento textual de la Biblia, y la aceptación de Jesús como salvador personal, el proselitismo es una de las señas de identidad de los evangélicos.
Este afán evangélico por reclutar nuevos files a su iglesia provoca tensiones -y competencia- con el catolicismo estadounidense, por naturaleza, heredero del muchas veces colorista catolicismo mexicano y del latino por extensión, que también ve cada vez más mordidas sus filas por el sorprendente incremento del islamismo en las filas hispanas, con mexicanos, peruanos o ecuatorianos que se consideran más herederos del Al Andalus español que de los constructores de las pirámides incas o mayas.
La iglesia evangélica es muy poderosa en Estados Unidos y su influencia se extiende a los más cruciales casos de la política estadounidense, como, recientemente su apoyo a la reelección del presidente Bush, a la nominación de la no menos poderosa jueza del Tribunal Supremo, Harriet Miers, o en la restricción de las leyes sobre el aborto.
Sin embargo, con el incremento del número de sus adeptos y de su influencia, los expertos apuntan a un resquebrajamiento en su unidad de pensamiento y acción, y, con ella, el de uno de los pilares más sólidos que sostienen a la blanca, anglosajona y protestante América, cada vez menos blanca, menos anglosajona y hasta con más protestas internas entre los herederos de sus protestantes fundacionales.
