Bill Cosby vuelve a levantar su voz contra los "cabezas de chorlito" de la comunidad negra: Nueva Orleans regresa a la vida... y al crimen a gran escala
XAntes del huracán Katrina, Nueva Orleans concentraba la mayor proporción de asesinatos de cualquier ciudad estadounidense. Sólo la masiva devastación de las fuerzas naturales y el consiguiente desalojo de la ciudad hicieron bajar las cifras de criminalidad, incluso a pesar de que en los peores momentos del desastre las bandas, los enfrentamientos armados y el pillaje añadieron más tragedia a la tragedia.
"La vida regresa a Nueva Orleans... y también la delincuencia", titulaba su reportaje un New York Times abrumado por la corrección política hasta el punto de no citar ni una sola vez las palabras que definen el nuevo desastre de una convivencia que vuelve a ahogarse con el regreso. "Black" o "African-American" son palabras que no son pronunciadas por el diario líder de la corrección política, que tan sólo se permite una reseña indirecta del problema con una fotografía de varios hombres negros jugando pacíficamente al dominó.
Sólo un negro ha vuelto a hablar con contundencia a otros negros. En medio de una marcha de activistas afroamericanos que acusaban a las autoridades de intentar acallar a la comunidad negra en las próximas elecciones locales, Bill Cosby volvía a hablar alto y claro a sus hermanos de color de piel. Y lo que les ha dicho no les ha gustado. El "traidor" Cosby tampoco se ha mordido la lengua esta vez en medio de la complacencia activista negra contra el enemigo "blanco".
Seguimiento:
"Damas y caballeros, (antes del Katrina) ustedes tenían la tasa más alta de asesinatos (de Estados Unidos), se asesinaban unos a otros. Ustedes traficaban con drogas, unos con otros. Ustedes estaban contaminando a nuestros niños de 13, 12 u 11 años. ¿Qué clase de ciudad es esta?", dijo ante las 2.000 personas de la comunidad negra que se habían concentrado ante el centro de convenciones de Nueva Orleans convocadas por unos líderes negros que no se esperaban acusaciones internas.
El actor y comediante continuó: "Es doloroso, pero no podemos limpiarnos nosotros mismos a menos que miremos a la herida". Y la "herida" es, para Cosby, la cultura de la criminalidad que vuelve a adueñarse de la ciudad, esta vez amparada además por una devastación que está convirtiendo las casas abandonadas en nidos de crimen y tráfico de drogas mientras los vecinos cuentan cómo por las noches vuelve a oírse el sonido de los disparos.
La marcha había sido convocada por los más conocidos líderes de la comunidad negra estadounidense para exigir un sistema electoral en las próximas elecciones locales del 22 de abril que permitiera votar a los habitantes de la ciudad aún desplazados fuera de Nueva Orleans.
Las acusaciones implícitas del reverendo Jesse Jackson y del también activista Al Sharpton señalaban que a las autoridades locales y nacionales les interesa que voten cuantos menos negros mejor. "Lo que sucede en Nueva Orleans (con las normas electorales) afectará a los derechos electorales en todos los Estados Unidos", dijo Al Sharpton extendiendo a todo el país las sospechas sobre las dificultades de voto para los desplazados de Nueva Orleans.
"Cabezas de chorlito"
Pero Bill Cosby volvió a desmarcarse de los incendiarios mensajes de rencor blancos-negros de los activistas afroamericanos para concentrarse en el cáncer interno de la "cultura del crimen" que lleva a que el peor enemigo de un negro no sea un blanco sino otro negro.
Cosby ya había sido acusado de "traidor" a su raza al denunciar en 2004 cómo extensas capas de la comunidad negra estadounidense estaban más interesadas en la música o la moda que en la educación o la moralidad. "Ya no puedo permanecer callado", dijo en mayo de ese año.
En relación a los negros que habían luchado por sus derechos en décadas precedentes, Cosby afirmó: "Esas personas se manifestaron y les golpearon en la cara con piedras para conseguir una educación, y ahora lo que tenemos son a estos cabeza de chorlito deambulando por ahí". Pero las acusaciones fueron todavía más allá, acusando a los padres de no estar cumpliendo con "su parte del acuerdo".
"La gente de menores recursos económicos no está manteniendo su parte del acuerdo. Esta gente no está cumpliendo como padres", dijo ante "el todo Washington" durante la celebración del 50 aniversario de la decisiva e histórica sentencia del Tribunal Supremo federal que terminó con la segregación por razas en las escuelas.
La reacción de los medios de comunicación abanderados de la corrección política fue tan furiosa que Cosby tuvo que emitir una nota de prensa desmintiendo que hubiera "abandonado a la comunidad afroamericana de más bajos recursos" y defendiéndose de los virulentos ataques que le venían de columnistas los grandes medios de referencia en Estados Unidos, habitualmente catalogados en el país como "liberales", o "progresistas", según la terminología política equivalente en Europa.
Uno de los hombres del espectáculo mejor pagados de la historia, y, sin duda, el negro históricamente más cotizado en el hipercotizado "show business" de Estados Unidos, Bill Cosby tuvo que ver cómo uno de sus hijos era asesinado en 1997. Criado en las zonas más pobres de Filadelfia, Cosby consiguió abrirse camino consiguiendo titulaciones por correspondencia a pesar de no haber seguido enseñanza media. Después, inició una carrera de exigencia y autosuperación que le llevó a convertirse en el símbolo maldito de un activismo que necesita enemigos externos para seguir subsistiendo en el gueto.
Jóvenes franceses "ignorantes y estúpidos"
La de Bill Cosby no es la única voz que se ha levantado con aspereza para denunciar la cultura juvenil contemporánea. El rector de la Universidad de la Sorbona se descolgaba hace unos días con unas declaraciones en las que calificaba de "ignorantes y estúpidos" a los jóvenes que se manifestaban contra la reforma del mercado laboral en Francia.
En otros sentido distinto pero no tan distante al de las denuncias de Cosby para los jóvenes negros de Estados Unidos, Jean Robert Pitte, científico reputado, condecorado con la Legión de Honor y profesor en Oxford y Cambridge, afirmaba: "Estoy furioso con la demagogia, la ignorancia y la estupidez de los jóvenes y de los franceses. Los jóvenes de hoy no tienen sueños sino alucinaciones. Soñar es querer cumplir algo difícil que es un reto. En lugar de esto, los jóvenes creen que tienen derecho a todo y si las cosas no van por donde ellos quieren, entonces es la culpa de alguien".
En España, durante las últimas semanas se han producido altas concentraciones de jóvenes que exigían su derecho a beber en la calle en lo que muchos analistas y observadores han venido en calificar como la última degeneración de la rebeldía juvenil que ahora, al menos en España, sólo se moviliza para beber alcohol en lugares públicos al aire libre en una acción que fue seguida con estupefacción desde todo el mundo.
