Se contempla el empleo de la B61-11: Estados Unidos considera la utilización de armamento nuclear para detener el programa atómico del 'nuevo Hitler' iraní
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George Bush está determinado a hacer "lo que ningún demócrata o republicano que sea elegido en el futuro tendría el coraje de hacer". El presidente de Estados Unidos está "absolutamente convencido de que Irán va a conseguir la bomba (atómica)" si no se le detiene. En ese sentido, "salvar a Irán va a ser su legado".
Son revelaciones de un reportaje que el semanario The New Yorker va a publicar en su número impreso del próximo 17 de abril pero que ya se encuentra disponible en su versión digital en Internet.
Según la información de Seymour Hersh -uno de los periodistas de investigación más reputados de Estados Unidos y Premio Pulitzer por su cobertura de la guerra de Vietnam-, el problema es cómo destruir la dispersas instalaciones nucleares iraníes, situadas a más de 25 metros bajo tierra y roca, y, probablemente, reforzadas con hormigón. Ningún arma convencional podría acabar con ellas.
Seguimiento:
Es aquí donde un sector de la administración militar de Bush contempla seriamente el ataque con armas nucleares. Otra opción pasaría por "una campaña de bombardeos sostenidos en Irán (que) humille a su liderazgo religioso y lleve al pueblo a levantarse y derrocar al gobierno".
En sus reuniones internas, la administración Bush se refiere al presidente iraní como un potencial "Adolf Hitler". De hecho, ese es el nombre con que nombran en sus reuniones a Mahmoud Ahmadinejad. Altos consejeros del Pentágono son citados en el artículo afirmando que "esta Casa Blanca cree que la única forma de solucionar el problema es cambiar la estructura de Irán, y eso significa guerra".
Hersh avanza en su reportaje que los militares contemplan la utilización de bombas B61-11, aunque no aclara la dimensión de este armamento. La B-61 se desarrolló a mediados de los años 60 y ha sufrido una enorme cantidad de desarrollos hasta convertir el proyecto original en una especie de "navaja suiza" multiusos.
Hersh avanza en su reportaje que los militares contemplan la utilización de bombas B61-11, aunque no aclara la dimensión de este armamento. La B-61 se desarrolló a mediados de los años sesenta y ha sufrido una enorme cantidad de desarrollos hasta convertir el proyecto original en una especie de "navaja suiza" multiusos.
En concreto, el desarrollo B61-11, de mediados de los años setenta, está enfocado a la penetración del subsuelo y, aunque de planteamiento simultáneamente táctico y estratégico, su única utilidad es militar, por lo que siempre fue vista como un desafío a las políticas de no proliferación.
Algunos consejeros en el Pentágono estarían recomendando el sabotaje y otras actividades clandestinas como forma de provocar un "accidente industrial" que termine con las aspiraciones nucleares de Teherán. En cualquier caso, dada "la forma en que están actuando los iraníes", lo "prudente" será "prepararse para una guerra más abierta". "Esto no es como planear la invasión de Quebec", concluye gráficamente un experto en el desarrollo de los acontecimiento en Irán.
Iniciar una guerra a gran escala contra Irán llevó a algún destacado consejero presente en las reuniones a preguntarse "qué habrían fumado" quienes lo estaban planteando con tanta seriedad. Los problemas que se están barajando no cuestionan sólo la reacción del pueblo iraní sino en qué medida se podría desestabilizar (aun más) la región, y cómo grandes organizaciones terroristas podrían "despertarse" o "reforzarse".
Se teme, desde luego, a una reforzada Al Qaeda pero casi tanto o más el despertar terrorista de Hezbollah, vista como una de las organizaciones terroristas más exitosas del mundo y que hoy se ha reconducido como partido político en el Líbano.
En todo caso, mientras se suceden las llamadas públicas a la negociación con Irán, Washington está considerando muy en serio la alternativa militar que lleve a una destrucción del régimen religioso iraní del "nuevo Hitler".
