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El islamismo, fuera de control en el Viejo Continente: Estados Unidos ya considera a Europa Occidental como una nueva y grave amenaza contra su propia seguridad que sumar a Al Qaeda y al Oriente Medio

El islamismo, fuera de control en el Viejo Continente: Estados Unidos ya considera a Europa Occidental como una nueva y grave amenaza contra su propia seguridad que sumar a Al Qaeda y al Oriente Medio

12.04.06 • 06:28 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Con el debate sobre la inmigración hispana en plena efervescencia, un alto funcionario del Departamento de Estado se preguntaba hace unos días, en relación con los emigrantes musulmanes en Europa, qué pasaría "si la comunidad hispana (en Estados Unidos), en lugar de querer ser al final americana, albergara un gran número de extremistas que abrazaran (una ideología radical antiamericana)... o, peor, estuviera relacionada con grupos terroristas latinoamericanos".

El ejercicio de ficción política realizado por el asistente al Secretario de Estado para Asuntos Europeos, Daniel Fried, resumía la situación que se vive en Europa tal y como es percibida en Estados Unidos. Y en amplios sectores de la propia Europa, aunque silenciados por las constantes acusaciones de "islamofobia" lanzadas por políticos y organizaciones sociales. Sin embargo, para la administración Bush, los atentados de Madrid y Londres, así como la virulenta crisis que los líderes musulmanes daneses han conseguido imprimir en todo el mundo a raíz de la publicación de las viñetas de Mahoma son avisos muy claros que han hecho saltar las alarmas.

La conclusión es también clara: la Europa musulmana no sólo se ha convertido en un peligro para la estructura social y de libertades de la Europa democrática sino para la propia seguridad de los Estados Unidos. De esta forma, Washington se prepara para protegerse de la tercera amenaza derivada de la ofensiva islamista mundial. Primero, fue la acción contra Al Qaeda. Después, la intervención en Oriente Medio. Ahora se plantea el tercer paso: Europa Occidental. El Viejo Continente podría estar ya fuera de control.

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Las palabras de Fried no fueron en absoluto una charla de café filtrada a los periodistas para provocar miedo, sino una advertencia formal ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado. "Mientras el extremismo islamista es un fenómeno mundial, creemos que este fenómeno será distinto en Europa Occidental, tanto en su carácter como en su potencial para amenazar a Estados Unidos", dijo quien tiene como misión analizar y conducir las relaciones con los aliados europeos.

Ceguera europea

El intenso tránsito de viajeros entre Europa Occidental y Estados Unidos, la debilidad de los trámites aduaneros basados en la antigua confianza de que nada malo podría llegar de los aliados del bloque occidental, más la percibida como ceguera europea sobre la situación real que se produce en su propio territorio, son factores que preocupan gravemente tanto en la Casa Blanca como en las cámaras legislativas del país, sin distinción de partidos.

Ni la lucha antiterrorista en general ni el incremento del control de las comunicaciones que se ha seguido en la Europa Occidental desde los atentados del 11 de septiembre se perciben en Washington como una garantía de que los gobiernos europeos controlan la situación, como bien se ha demostrado en las estaciones de tren y metro de Londres y Madrid, o en la histeria internacional que unos dibujos han provocado en medio mundo tras ser alentada por dos o tres imanes residentes en Dinamarca.

El problema es que la estrategia de combate del islamismo extremista en países amigos no puede ser la misma que la seguida entre grupos y naciones enemigas. Nada de arrestos, 'intervenciones armadas' o promoción de mayores dosis de democracia, pues en estas altas cuotas de la democracia europea son, precisamente, donde se ampara el mundo musulmán que desea destruir desde dentro y con sus propias armas el sistema democrático, como ya han advertido varios líderes islámicos dentro y fuera de Europa, el presidente iraní incluido, que sólo semanas antes de confirmar que su país ya enriquece uranio, se pronunció contra el Gran Satán que intenta imponer la democracia en Oriente Medio cuando, en realidad, es el Islam el que va a conquistar a toda la Humanidad.

El fracaso de Europa

En efecto, en lugar de estrategias adecuadas para polvorientos desiertos lejanos y caóticas ciudades empobrecidas, pero no para las indolentes y ricas sociedades europeas occidentales, Estados Unidos se plantea un esfuerzo de "batalla ideológica" como el que se siguió contra el comunismo durante y después de la Guerra Fría. En cualquier caso, lo que en Washington se ve como indudable es que Europa ha fracasado en todos los modelos e intentos que ha ensayado para integrar a sus comunidades musulmanas, y que ello podría provocar el crecimiento descontrolado y autoalimentado de cada vez más grandes y potentes grupos extremistas islámicos en el propio corazón de las naciones europeas occidentales.

De esta forma, Estados Unidos ya ha comenzado a aplicar técnicas de Guerra Fría contra los enemigos musulmanes que lideran la yihad contra Occidente, de forma que la "propaganda" contra líderes terroristas como Al Zarqawi se estaría magnificando en el Medio Este en orden a conseguir mayor apoyo para las intervenciones pretendidamente quirúrgicas que Bush ha realizado sobre el terreno, por el momento con más fracasos que éxitos, y a veces jugando ya descaradamente a los posibilismos, como se vio con la tibieza con que reaccionó contra Afganistán cuando no sólo los líderes religiosos sino también el parlamento de Kabul exigían mano dura y autonomía a la hora de juzgar a un cristiano converso.

Guerra de prensa

Mientras la prensa liberal estadounidense (izquierdista, según la terminología política europea) ve esta "propaganda" como un intento de intoxicar a la opinión pública mundial, y la Casa Blanca lo interpreta simplemente como un simple apretar el lápiz para ensanchar el trazo en un problema que existe de cualquier modo, en el viciado ecosistema periodístico estadounidense de referencia ha estallado una sorda guerra de ajustes de cuentas entre competidores, que ha llevado a algunos columnistas a acusar a reporteros del New York Times de prestarse al juego de filtraciones interesadas del Pentágono, sólo horas después de que el Washington Post "destapara" una estrategia de influencia ya bien conocida.



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