Mientras las minorías étnicas francesas exigen "discriminación positiva', Sarkozy afirma en mitin: "Si hay gente a la que no le gusta estar en Francia, lo único que tiene que hacer es marcharse"
X, XDos tercios de los "afrofranceses" exigen políticas de discriminación positiva para compensar lo que consideran como injusta representación en las altas instituciones políticas del país. Son datos de una encuesta publicada el fin de semana pasado por Le Monde, estudio en el que se muestra el deseo de los 'franceses de ultramar' de que se instaure una "cuota fija" de miembros de su raza en las altas jerarquías políticas francesas.
Entre constantes acusaciones al "racismo" de Francia, Islam on Line relacionaba estas exigencias con las revueltas de finales del año pasado en los suburbios franceses donde "miles de jóvenes de origen africano y árabe tomaron las calles en destructivos disturbios para decir al gobierno "ya es suficiente"".
Sin embargo, en Francia, el de la derecha e, incluso, el de la ultraderecha, son campos ideológicos últimamente muy disputados precisamente tras los graves y violentos enfrentamientos de los suburbios. El ministro francés del interior, Nicolas Sarkozy, que tuvo que lidiar -a veces buscando apoyos de forma no muy convencional- con la incendiaria e incendiada situación de octubre, se descolgaba con unas contundentes afirmaciones en abierta competencia de las acostumbradas en Le Pen o Philippe de Villiers.
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"Si hay gente a la que no le gusta estar en Francia, lo único que tiene que hacer es marcharse. Hemos tenido ya más que suficiente con haber tenido el sentimiento de que tenemos que disculparnos por ser franceses. No podemos cambiar nuestras leyes, nuestros hábitos o nuestras costumbres porque no les gusten a una ínfima minoría", decía Sarkozy en un mítin de su partido celebrado el pasado fin de semana.
Era precisamente Philippe de Villiers quien reaccionaba ante la contundencia de Sarkozy y acusaba al ministro de copiarle sus eslóganes: "Puesto que él ha estado en el poder, ¿qué ha estado esperando para parar la emigración, para expulsar a los islamistas extremistas, para prohibir sus actividades relacionadas con el terrorismo, para regular la construcción de mezquitas?".
El caso francés se ha envenenado aun más debido al proyecto de ley educativa que afirmaba los aspectos "positivos" del periodo colonial, lo que llevó a masivas protestas tanto en Francia como en las antiguas colonias y a que el escritor de la "negritud", Aime Cesaire, se negara a reunirse con Sarkozy a menos que se anulara el texto legal, cosa que el presidente Jacques Chirac comenzaba a impulsar al pedir a la Asamblea Nacional la redacción de un texto que no "dividiera" a los franceses.
La presión de la discriminación positiva para minorías étnicas ha cruzado el Atlántico desde Estados Unidos donde se originó como factor político y social de primer orden y parece querer afianzarse en Europa, iniciando su ofensiva con algunas sorprendentes exigencias. Por ejemplo, los representantes de las políticas de "diversidad" en la policía británica presionan a sus mandos para que las instancias presentadas por candidatos negros o asiáticos vayan por una "vía de alta velocidad" en relación con las del resto con el fin de aumentar el número de policías pertenecientes a esos grupos étnicos.
Los ánimos están muy calientes, especialmente entre los "blancos" de origen británico, después de que los jefes policiales de Avon and Somerset admitieran que habían actuado contra la ley al rechazar en bloque las instancias de trabajo de 186 aspirantes a policías precisamente por el hecho de ser blancos. Por el momento, estos mandos ya han llegado a un acuerdo extrajudicial con un hombre, que había interpuesto una demanda por discriminación racial y sexual.
La discriminación positiva basada en motivos étnicos y raciales está dejando en los últimos días algunas noticias extraordinariamente sorprendentes en los lugares más contradictorios para este tipo de tensiones. Por ejemplo, en Sudáfrica, donde un juez blanco acaba de ganar un caso de discriminación racial por haber sido dado de lado en la provisión de una plaza para un tribunal de Port Elizabeth.
Según la sentencia, los procedimientos de selección hacían imposible para un hombre blanco ser promocionado al cargo si competía con una mujer negra, aunque ésta fuera más inexperta. En este sentido, el juez blanco demandante fue desestimado frente a cuatro mujeres negras con mucha menos experiencia. De los ocho puntos de valoración de los candidatos, uno se concedía según la experiencia, otro según las cualificaciones, tres dependían de la raza y otros tres, del sexo.
Esta forma de discriminación positiva provocaba que, en la práctica, un juez blanco experto, nunca pudiera ser elegido si se oponía a mujeres de raza negra, incluso con una carrera mucho menor o de menor cualificación profesional.
