NUEVO DIGITAL Internacional - Francia, una "república bananera" por la "emigración salvaje": Le Pen ya supera en las encuestas el apoyo popular que le llevó a disputar la segunda vuelta de las presidenciales de 2002 contra Chirac
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Francia, una "república bananera" por la "emigración salvaje": Le Pen ya supera en las encuestas el apoyo popular que le llevó a disputar la segunda vuelta de las presidenciales de 2002 contra Chirac

Francia, una "república bananera" por la "emigración salvaje": Le Pen ya supera en las encuestas el apoyo popular que le llevó a disputar la segunda vuelta de las presidenciales de 2002 contra Chirac

03.05.06 • 05:50 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

En medio de una derecha de la derecha cada vez más disputada tras las graves crisis francesas de los últimos meses en los suburbios de emigrantes, en las calles de la agitación contra la reforma laboral juvenil y ahora alrededor del caso Clearstream, Jean Marie Le Pen tendría en estos momentos el apoyo de entre el 12 y el 14 por ciento de los franceses, lo que supone un fuerte aumento respecto al 7 al 9 por ciento con el que contaba un año antes de las presidenciales de 2002, en las que desconcertó al mundo disputando la segunda vuelta contra Jacques Chirac.

Dada la dispersión del sufragio en primera vuelta debida a la amplia variedad de la oferta electoral, las intenciones de voto ya acercarían al líder del Frente Nacional al umbral por el que un candidato suele pasar a disputar, en su caso, la siguiente ronda. En 2002, Chirac y Le Pen pasaron a segunda vuelta con un 20 y un 17 por ciento de los votos en primera vuelta, respectivamente. Este año, la gravedad y la proximidad de las crisis que Francia encadena, una tras otra, podría volver a modificar sustancialmente los tradicionales equilibrios de fuerzas en un país "fustigado por la crisis del régimen", según el dictamen de Le Pen.

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Y ello porque esta vez la fragmentación del voto no sólo se producirá en el rango político que va desde la extrema izquierda a la derecha, pasando por todas las coloraciones y decoloraciones más o menos centristas, sino también en el cada vez más concurrido ámbito de la derecha a la derecha tradicional, allí donde los disturbios de los franceses norteafricanos y subsaharianos de segunda generación han apelmazado cada vez más a cada vez más ciudadanos, asustados por la derivación de una Francia que parece fuera de control.

Consciente de ello, en su gran mitin anual de estas fechas, Le Pen pedía el domingo una "unión patriótica" en las elecciones del próximo año, a pesar de que su competidor directo Philippe de Villiers, líder del Movimiento por Francia, ya la había rechazado en días pasados a pesar de compartir con el líder del Frente Nacional sus virulentos ataques contra la "islamización de Francia".

Por esa razón, Le Pen pronunció palabras dirigidas a la "historia" sobre la "responsabilidad" de quienes se niegan a unirse contra el "neotribalismo" y la "islamización" que amenazan a Francia debido a la "inmigración salvaje" y que llevará, en su opinión, a que los franceses "nativos" tengan que mantener a unas "tribus" que les terminarán superando en número y que ya han convertido a Francia en una "república bananera".

Entre constantes referencias a Juana de Arco y a la "desastrosa islamización del Medio Este" desde que los turcos conquistaron Constantinopla en el siglo XVI, Le Pen atacó a los "plagiadores" y "pálidos imitadores" de su pensamiento -en referencia a Villiers- y al "fiel soldado del chicarismo desde hace treinta años" -en referencia a Sarkozy- para exigir unidad ante las urnas. "Los que la rechazaron, deberán portar la responsabilidad de justificarlo ante la historia", dijo Le Pen en referencia a la negativa de Villiers de una candidatura unificada.

La intervención de Le Pen se producía sólo horas antes de que Sarkozy presente una nueva ley de emigración que restringirá las reagrupaciones familiares y que ha sido duramente atacada como "discriminatoria" -cuando no como "racista"-, no sólo por la izquierda y por grupos proemigrantes sino también por líderes de la Iglesia Católica francesa.

La crisis de la derecha francesa, donde dos candidatos -Sarkozy y Villepin- se disputan a muerte la sucesión de Chirac ahora bajo el fuego graneado del caso Clearstream, no ha hecho más que enfangar sus propias perspectivas y aclarar las de una derecha de la derecha que se presenta, a pesar de su división, como un monolito de contestación casi semi-antisistema y con un mensaje que ya muchos franceses no ocultan que quieren oír.



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