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La nacionalización de los recursos naturales de Bolivia enfrenta a las 'izquierdas' de América Latina y bloquea la posibilidad de una integración política y económica en la región

La nacionalización de los recursos naturales de Bolivia enfrenta a las 'izquierdas' de América Latina y bloquea la posibilidad de una integración política y económica en la región

03.05.06 • 05:34 GMT • Elizabeth Peger - Buenos Aires Email

Los datos de la realidad suelen ser concluyentes a la hora de refutar pronósticos. Como los que de la mano del avance de las propuestas políticas de izquierda en América Latina creyeron estar frente a un fenómeno continental que borraría fronteras y consolidaría un escenario político único en toda la región. La posibilidad de una "izquierda unificada" que involucre a todos los países del continente puede ser muy bien una aspiración de muchos, pero esta muy lejos de pintar el momento histórico actual de los latinoamericanos.

Eso es en parte lo que ha dejado en claro la compulsiva nacionalización de los recursos naturales de Bolivia decidida el lunes pasado por Evo Morales. La determinación del mandatario ha puesto en jaque los intereses de las multinacionales petroleras que operan en el territorio boliviano, en una actitud que ha sido duramente cuestionada por varios líderes regionales los cuales, a diferencia de Evo, consideran que el aporte inversor de esas empresas es decisivo para el crecimiento de sus economías y la consecuente mejora de la situación social de las poblaciones más empobrecidas de sus países.

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Por ello, el gesto de las autoridades bolivianas pone en evidencia que subsisten diferencias políticas de fondo en la región. Y demuestra que, si de una posición ideológica se trata, en Latinoamérica no hay una sola izquierda, sino dos, o mejor dicho, tres.

No ha sido casual el momento elegido por Morales para avanzar en la toma de control de la explotación de los hidrocarburos de Bolivia. Se produjo apenas un par de días después que el mandatario reafirmó en La Habana su alianza política con el venezolano Hugo Chávez y Fidel Castro.

En momentos en los que abundan los conflictos bilaterales y hasta personales en la región, los tres jefes de Estado aprovecharon el encuentro para firmar un tratado de comercio inspirado en la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), es decir la antítesis al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que propugna la administración de George Bush con el auspicio de no pocos líderes del hemisferio.

Justamente la relación con Estados Unidos, más allá de cuestiones vinculadas a intereses comerciales o la actitud hacia los inversores internacionales, es lo que profundiza la brecha que separa a las diferentes izquierdas que conviven en América Latina.

Así Chávez, Castro y Morales consagran la variante socialista más radical contra los intereses norteamericanos: el denominado "Eje del Mal" como lo definen en Washington, donde no pierden pisada a los intentos del trío por extender su dominio en la región y a sus inocultables simpatías por cualquier proyecto que se proponga confrontar con la Casa Blanca, como los polémicos planes nucleares de Irán.

En la vereda de enfrente se ubican aquellos mandatarios que han cultivado una relación de afinidad con Washington, y que hasta han avanzado en la firma de acuerdos bilaterales de libre comercio a propuesta de Bush. Alejandro Toledo (Perú), Michelle Bachelet (Chile), Tabaré Vazquez (Uruguay), para dar algunos nombres.

En el medio han quedado Luiz Inacio Lula Da Silva (Brasil) y Néstor Kirchner (Argentina) que pivotean entre ambos extremos, hoy coqueteando con unos, mañana con otros.

El contexto político de América Latina evidencia como, pese a los pronunciamientos de buena voluntad y los deseos por articular proyectos comunes, el proceso de integración regional todavía está en pañales. El motivo es claro: las urgencias domésticas siguen pesando más que cualquier apuesta de conjunto.

Mucho de eso ha habido en la decisión de Morales. Con su popularidad cayendo a niveles impensados a sólo tres meses de haber asumido el gobierno y acosado por múltiples reclamos sectoriales por una mayor participación en la riqueza, el ex líder cocalero privilegió el escenario interno.

El cumplimiento de su promesa de campaña por la nacionalización de los recursos naturales descomprimirá seguramente las presiones en su propio territorio, pero con un gran costo. La relación de La Paz con sus vecinos, especialmente Brasil y Argentina, ha quedado profundamente herida.



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