NUEVO DIGITAL Internacional - Organizaciones policiales británicas, sorprendidas de que primen los derechos de los criminales frente a los de la sociedad: Tras el "Miércoles Negro", Blair prepara leyes para expulsar a "todos" los prisioneros extranjeros
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Organizaciones policiales británicas, sorprendidas de que primen los derechos de los criminales frente a los de la sociedad: Tras el "Miércoles Negro", Blair prepara leyes para expulsar a "todos" los prisioneros extranjeros

Organizaciones policiales británicas, sorprendidas de que primen los derechos de los criminales frente a los de la sociedad: Tras el "Miércoles Negro", Blair prepara leyes para expulsar a "todos" los prisioneros extranjeros

04.05.06 • 09:25 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

A horas de las elecciones locales en 176 ayuntamientos de Inglaterra “que inevitablemente se convertirán hoy en un referéndum para la gestión de Blair-, el primer ministro británico lo decía ayer alto y claro en un mitin: Procurará que todos los extranjeros que hayan sido condenados a penas de prisión sean después deportados. Para reforzar el mensaje, el portavoz de Blair destacaba que se iba a producir el mayor cambio en las leyes de deportación "en una generación". El secretario del interior, Charles Clarke, puntualizaba que la expulsión afectaría a todos los delincuentes, incluidos los que sólo hubieran cometido pequeños delitos.

El funesto Black Wednesday de la semana pasada ha terminado imponiendo la adopción de inéditas y contundentes medidas con que acallar el escándalo de la liberación de más de mil prisioneros extranjeros, muchos de ellos asesinos, violadores o abusadores de niños, que, sin embargo, deberían haber sido expulsados del país tras el cumplimiento de su condena.

La mitad de estos delincuentes aún campa a sus anchas por territorio británico tras la obtención de una inesperada libertad basada en la falta de vigilancia del sistema penitenciario y en la tolerancia de unas leyes que ya han comenzado a ser dinamitadas desde la izquierda laborista ante el imparable avance de las posiciones de "ultraderecha", que las venían exigiendo desde hace años y que ahora puede empezar a dar los primeros sustos en las urnas a los partidos tradicionales.

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De ahí, que, horas antes de las elecciones locales, y ante el parlamento, Blair intentara dar un rápido y agresivo mensaje dirigido a una desconcertada opinión pública británica: "Durante años no hemos deportado a todas aquellas personas condenadas por graves delitos criminales. Yo digo ahora: Deportad a esa gente. Espero que podamos conseguir el apoyo de esta cámara". De paso, el primer ministro británico introducía así la que ha sido su principal línea de defensa ante el acoso al que la oposición conservadora ha sometido al secretario del interior, Charles Clarke: responsabilizar precisamente a su derecha de la tolerancia con los criminales extranjeros.

La responsabilidad de los conservadores

Blair le recordó al anterior líder conservador, Michael Howard “consejero del actual, David Cameron- que, mientras tuvo responsabilidades precisamente como secretario del interior, se acumularon 60.000 casos de asilo y sólo fueron deportadas cinco personas. Además, mientras con el gobierno laborista se expulsan unos 1.500 prisioneros al año, en aquellos tiempos de gobierno conservador sólo se expulsaron 370.

"Este sistema (de deportaciones) no ha funcionado bien durante décadas. Es completamente erróneo decir que este problema ha sido creado o ha comenzado bajo este secretario del interior", decía Blair en defensa de Clarke. El secretario del interior, también ante la cámara, reforzaba posteriormente el mensaje: "La deportación seguirá (al cumplimiento de la pena) a menos que se produzcan circunstancias especiales en caso contrario".

En el mejor de los supuestos para quienes venían exigiendo dureza con los criminales extranjeros en territorio británico, el "Miércoles Negro" ponía dramática cara, con nombres y apellidos, al escándalo administrativo de la liberación de cientos y cientos de delincuentes y criminales. El caso que se ha convertido en el cristalizador del escándalo ha sido uno que, por el contrario, no caía directamente bajo el descontrol que permitió la liberación de los prisioneros. Se trata del tristemente famoso somalí Mustaf Jama, asesino de una mujer policía, Sharon Beshenivsky, en un crimen célebre en el Reino Unido ocurrido el pasado mes de noviembre.

El 'caso Beshenivsky'

Tras cumplir menos de la mitad de los tres años a los que había sido condenado por robo, Mustaf Jama fue liberado y se le permitió quedarse en el Reino Unido ante la situación de inestabilidad que vive Somalia y los riesgos para su seguridad que podría afrontar en su país natal. Poco después de su liberación, durante un atraco, Jama disparaba contra dos mujeres policía y mataba a una de ellas, Sharon Beshenivsky, dejando herida en la espalda a la otra.

Actualmente, Mustaf Jama se encuentra fugado en algún lugar del Reino Unido, fuera de todo control policial. Aunque el somalí no fuera uno de los liberados por la dejadez y las garantías del sistema penitenciario y judicial británico, Clarke ha tenido que reconocer que este caso también "provoca importantes cuestiones sobre las políticas".

Representantes policiales lamentaban la increíble tolerancia demostrada con el criminal y cómo se había primado su seguridad frente a la de la sociedad británica en su conjunto. El presidente de la Federación de la Policía de West Yorkshire, a la que pertenecía Shanon Beshenivsky, afirmaba en las últimas horas con "un sentimiento de cólera y frustración": "Creo que tenemos que considerar si lo importante es la seguridad del público o la seguridad de una persona individual. Si esa gente no puede regresar a su país de origen, entonces ¿qué medidas debe adoptar el gobierno para asegurar la seguridad de la mayoría de ciudadanos que cumplen con la ley?".



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