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Los líderes políticos y sociales de México eluden la autocrítica por el problema migratorio y cargan sobre la Casa Blanca toda la responsabilidad de gestionar la masiva emigración ilegal hacia Estados Unidos

Los líderes políticos y sociales de México eluden la autocrítica por el problema migratorio y cargan sobre la Casa Blanca toda la responsabilidad de gestionar la masiva emigración ilegal hacia Estados Unidos

17.05.06 • 17:03 GMT • Elizabeth Peger - Buenos Aires Email

La reacción unámine de las fuerzas políticas de México para repudiar la decisión de la Casa Blanca de desplegar masivamente elementos militares en la frontera sur de Estados Unidos ha tenido como principal blanco a las figuras de los presidentes George Bush y Vicente Fox. Al primero se le responsabiliza de promover la "criminalización" de la inmigración ilegal dentro de su país. A Fox se le acusa por su debilidad en el manejo de las relaciones bilaterales con Washington y la falta de audacia para poner algún freno a la "militarización" fronteriza.

Sin embargo ninguna de las críticas del oficialismo y la oposición mexicana han hecho referencia a su propia incapacidad para entender que la solución al problema migratorio también constituye una cuestión que compete a la política interna del país. El hecho de que el 85 por ciento de los 11 millones de indocumentados que viven en la actualidad en el territorio norteamericano sean emigrantes mexicanos parece ser, al menos en la visión de los líderes políticos de México, sólo una responsabilidad de las autoridades de Washington.

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Esa sensación es la que se desprende de los comentarios que se han escuchado en las últimas horas de parte de los principales candidatos que disputarán la sucesión presidencial de Fox en las elecciones del próximo 2 de julio. Se han repetido hasta el cansancio las condenas por el supuesto intento de Washington de "militarizar" los límites fronterizos, las denuncias por las presuntas actitudes xenofóbicas de las autoridades norteamericanas y los lamentos por el trato criminal hacia los emigrantes oriundos de América Latina.

Pero nadie en México ha planteado la discusión en términos de autocrítica. Ninguna voz se ha alzado para proponer un análisis que permita entender por qué razón millones de mexicanos eligen a diario cruzar la frontera, aún a costa de arriesgar su vida, antes que seguir soportando la realidad que les toca enfrentar en su territorio natal.

Del "¿por qué se van los que se van?" nadie parece querer hablar. Si hasta los más reconocidos medios periodísticos de la capital mexicana han enfocado este martes su artillería de cuestionamientos hacia la actitud de Bush de convertir el fenómeno migratorio en "una cuestión policial". "El designio de Bush representa una nueva y monstruosa distorsión del asunto migratorio, fenómeno social que la globalidad ha vuelto inexorable y necesario tanto para las economías que, como la nuestra, expulsan a sus individuos, como para la del país receptor, que se beneficia con la explotación de su trabajo", advierte, tajante, el editorial del prestigio diario La Jornada.

El único reproche, si se quiere, para las autoridades locales sólo menciona "la condenable la pretensión de la presidencia de México de minimizar la decisión de Washington y escamotear a la opinión pública la gravedad de una medida que implica, aunque ambos gobiernos quieran ocultarlo, la militarización de la frontera".

La falta de comprensión por parte de la dirigencia política mexicana respecto de la existencia de causas internas que favorecen la migración ilegal hacia Estados Unidos contrastan con los informes que advierten que para que ese fenómeno deje de ser una ola masiva se requieren de fuertes cambios en los países de origen de los migrantes. Medidas que favorezcan el desarrollo económico y democrático, empleos y salarios dignos, vivienda, educación y salud de calidad, paz y seguridad, gobiernos eficientes y mínima corrupción, son parte de las soluciones que exige la situación.

Pero, además, la decisión de intentar cargar las culpas sobre las autoridades de Washington pone en evidencia que hay un gran desajuste entre la opinión de los políticos y de la ciudadanía mexicana respecto de las razones de la inmigración. Al respecto, una contundente encuesta difundida en abril pasado reflejó que el 70 por ciento de los mexicanos considera que la principal causa por la que sus compatriotas emigran a Estados Unidos se vincula con la falta de trabajo en el mercado interno.

Ese dato se contradice con algunos análisis que atribuían las razones de la migración hacia el territorio norteamericano a la demanda laboral en el país receptor, más que a la falta de oportunidades de trabajo en México, o a otros motivos como los lazos familiares y amistades que habían emigrado con anterioridad. Los resultados de la encuesta también revelan una contradicción respecto de los índices laborales difundidos oficialmente por el gobierno mexicano, que sostienen que el desempleo alcanza apenas al 3,6% de la población activa del país.



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