Las Naciones Unidas investigan los "suicidios forzados" de mujeres en una práctica que sustituye en Turquía a los tradicionales asesinatos islámicos "por honor"
X, XHasta muy recientemente, la ley turca trataba de forma muy suave los asesinatos "por honor" de mujeres a las que, maridos, padres o hermanos, condenaban a morir por haber "manchado" la reputación de la familia en alguna relación que la tradición musulmana consideraba ilícita. Por ejemplo, en un caso que terminó haciéndose famoso, Guldunya Toren fue "ejecutada" por sus hermanos en un hospital de Estambul cuando se recuperaba tras haber tenido una hija, a la que llamó 'Esperanza' en su idioma a pesar de ser fruto de la violación de un conocido. La sentencia familiar recayó sobre ella después de que se negara a casarse con su violador y huyera -finalmente, no lo suficientemente lejos- para evitar el cumplimiento de la condena.
Sin embargo, con el cambio legislativo que castiga con dureza los asesinatos "por honor", las autoridades internacionales han comenzado a observar unas repentinas e inusualmente altas tasas de suicidios en mujeres turcas. Todo parece indicar que las familias están forzando a sus mujeres "impuras" a matarse a sí mismas para evitar que hermanos o padres vayan a la cárcel si lo hacen ellos mismos. El cambio en la ejecución de las leyes islámicas tradicionales ha podido ir tan lejos que las Naciones Unidas acaban de enviar a Turquía a su relatora para la violencia contra las mujeres. Un 40 por ciento de la población en ciertas regiones turcas apoya los 'asesinatos por honor'.
Pero mientras la vigilancia de la ONU se centra en una Turquía que cada vez ve más lejana su incorporación a la Unión Europea, en el lejano Pakistán, sin tanta atención de las organizaciones internacionales, Noor Jehan, de 14 años, también acaba de morir por, supuestamente, haber mantenido "relaciones" con 'un hombre' distinto a su marido.
Seguimiento:
Según la policía pakistaní, la familia de Noor tuvo que huir de su zona original de residencia porque las relaciones de su subcasta con la tribu principal empeoraron. Con el padre de Noor trabajaba un joven, que fue acusado por el marido de Noor -uno de los dos primos que la mataron- de relacionarse con ella.
Los dos primos -treintañero uno, cuarentañero el otro- secuestraron a la adolescente en su casa, la llevaron a Karachi y allí la dispararon cinco veces en uno de sus brazos, en las piernas y en el estómago. Después la dieron por muerta y la abandonaron en una cuneta. Las autoridades pakistaníes han manifestado que se trata de "un caso de asesinato por honor".
La práctica tradicional islámica continúa a pesar de que el presidente Pervez Musharraf firmara el año pasado una ley que castiga con la pena de muerte a quien asesine "por honor", según apunta la prensa más cercana al gobierno pakistaní. En un caso que se ha convertido en simbólico, nadie ha reclamado el cadáver de Noor, por lo que será enterrada por una organización caritativa. El corresponsal de la BBC en Pakistán afirma que "cientos de mujeres" son asesinadas cada año en el país en nombre del "honor manchado" de las familias.
Mientras en Pakistán las organizaciones de derechos humanos acusan al gobierno de no haber dictado leyes adecuadas y suficientes para evitar este tipo de asesinatos, en Turquía sí que se ha implementado este tipo de legislación, por lo que las familias que continúan creyendo en estas prácticas han cambiado la forma de ejecutar las condenas. En un país con unas tasas de suicidio extraordinariamente reducidas, está llamando la atención cómo decenas de mujeres han comenzado a matarse a sí mismas o cómo la muerte de algunas que aparecen asesinadas con un disparo en la espalda es achacada a un "trágico suicidio" por sus propios maridos.
Autoridades y observadores internacionales creen que, ante los duros castigos impuestos en Turquía para los crímenes "de honor", las mujeres son dejadas en habitaciones cerradas con un puñal o con veneno bajo la invitación familiar de que sea valiente, restablezca el honor de la familia, se mate a sí misma y evite, de paso, que marido, hermano o padre vaya a la cárcel por ejecutar una sentencia que, de una u otra forma, se va a hacer cumplir.
Hay algunas activistas feministas turcas, como Leyla Pervizat, que alertan sobre la tentación de "respuestas fáciles", y defienden que el fuerte y repentino incremento de suicidios en mujeres puede deberse también a su desesperación por las duras y restrictivas vidas que ellas deben vivir. Sin embargo, la inexorabilidad de las sentencias familiares por honor no parece dejar mucha salida ni mucha alternativa como ella misma reconoce.
En este sentido, Pervizat afirma: "No me sorprende que esto esté sucediendo. Turquía corre el riesgo de seguir el camino de Pakistán, donde el intenso interés de los medios de comunicación en los asesinatos por honor está haciendo que las comunidades dominadas por los hombres encuentren otras formas de castigar o controlar a las mujeres". Y concluye: "Van a matarlas de una forma o de otra".
La relatora de las Naciones Unidas se encuentra ya en la pequeña ciudad de Batman, al este de Turquía. Según los medios locales, desde comienzos de año se han matado a sí mismas más de 36 mujeres. Esta cantidad ya supera el número de suicidios de mujeres del año pasado entero.
El adulterio o la sospecha del mantenimiento de relaciones sexuales antes del matrimonio -entendiendo por sexuales tipos de relación que en Occidente serían consideradas prácticamente afectivas- son causas consideradas como más que suficientes en amplios sectores sociales como para castigar con la muerte a la hija o a la hermana.
Muchos han comenzado a pensar que no existe forma de eludir las tradiciones de esas sociedades y que los castigos legales sólo provocarán que las sentencias que laven el honor sean cumplidas precisamente por quienes tras su ejecución nunca deberán responder ante un tribunal ni defenderse de sus supuestas y terribles culpas.
