Cinco años después del 'Verano de la Violencia' británico, las tensiones raciales y religiosas entre comunidades continúan tan vivas como entonces
X, XCinco años después de los graves disturbios que se produjeron en la localidad inglesa de Oldham, los recelos que van desde la separación de comunidades hasta el simple y puro odio racial continúan tan vivos como a finales de mayo de 2001, cuando estallaron las tensiones malamente reprimidas durante décadas tras la agresión a un anciano blanco, veterano de la Segunda Guerra Mundial, por parte de jóvenes descendientes de la comunidad pakistaní.
Sin embargo, la tensión entre asiáticos -básicamente pakistaníes- y blancos -de la comunidad británica autóctona- venía de lejos y no sólo desencadenó el conocido como Verano de la Violencia que se extendió por varias ciudades inglesas sino hizo más sólidos unos rencores raciales y religiosos que hoy no sólo no se han solucionado sino que parecen haberse profundizado entre la aversión y el desprecio mutuos.
Seguimiento:
En varios reportajes, entonces la BBC responsabilizó de la violencia a la pobreza, las marginaciones sociales de los emigrantes y al alto porcentaje de jóvenes en unas zonas donde la comunidad asiática ha establecido "zonas prohibidas" para la comunidad blanca.
Sin embargo, la misma BBC no evita un casi diario rosario de denuncias en las que incluso llega a pedir la colaboración ciudadana en la identificación de atacantes adultos asiáticos contra mujeres blancas o denuncia la preoz delincuencia de niños "de raza mezclada" contra otros pequeños minusválidos.
El propio primer ministro Tony Blair también llegó a responsabilizar de los disturbios a "extremistas blancos". Sin embargo, el British National Party no desencadenó los disturbios aunque sí capitalizó el malestar en amplias capas obreras autóctonas por la difícil, si no imposible, convivencia con las comunidades asiáticas pakistaníes de los suburbios.
El entonces secretario británico de asuntos internos, David Blunkett, también responsabilizaba de la violencia a grupos de "ultraderecha" y éstos le acusaban a él de culpabilizar a la clase obrera blanca (audio) a pesar de que el propio Blunkett matizaba sus afirmaciones al pedir un debate nacional sobre "los derechos y responsabilidades de ser un ciudadano británico", sobre la necesidad de que las minorías étnicas tuvieran un sentido de "pertenencia" al Reino Unido y con un informe sobre la mesa en torno a cómo las escuelas basadas en la religión estaban contribuyendo a la división irreconciliable de las comunidades.
Sin embargo, ya por aquel entonces, y por detrás de la retórica contra los "racistas blancos", el propio Blunkett consideraba la necesidad de que los nuevos emigrantes se vieran obligados a recibir "clases de ciudadanía" sobre la cultura y la democracia británicas como condición para ser admitidos en el país, propuesta que, inmediatamente, era considerada discriminatoria y "racista" por organizaciones de apoyo a los emigrantes (audio).
Mientras tanto, las mezquitas y los centros de culto musulmán tampoco llamaron precisamente a la paz y al entendimiento armónico entre comunidades y religiones en una amenaza que los políticos no supieron -o quisieron- ver. Descendientes de pakistaníes nacidos en el Reino Unido fueron varios de los terroristas que perpetraron los atentados contra los transportes públicos de Londres, a pesar de que todos ellos llevaban vidas aparentemente bien integradas y con unos niveles de renta y bienestar suficientes como para dedicar los fines de semana a jugar al criquet de forma semiprofesional.
Sin embargo, cinco años después de que el primer ministro Blair acusara a los "extremistas blancos" de los disturbios, él mismo tenía que ver cómo el BNP conseguía importantes avances entre las clases obreras que formaban el "electorado natural" laborista y debía escuchar las poco políticamente correctas advertencias de analistas, políticos y organizaciones asistenciales sobre la "cultura del resentimiento" que se extendía en esa misma clase obrera autóctona frente al favoritismo con que eran tratadas las minorías étnicas en las políticas sociales.
Por si fuera poco, Blair tenía que enfrentarse al enorme escándalo de la liberación de más de mil delincuentes y criminales extranjeros que deberían haber sido deportados a sus países de origen, y su mismo gobierno realizaba contundentes propuestas sobre la deportación automática de los delincuentes no nacidos en el Reino Unido, en un lenguaje muy alejado de las comprensivas explicaciones sociales para la violencia en los barrios de mayoría pakistaní.
Hoy, todas las versiones -incluyendo las facilitadas por los informes oficiales de las autoridades locales de Oldham- coinciden en apuntar la división y el recelo entre las dos comunidades, cuando no en el odio que las separa, a pesar de los voluntariosos proyectos para "aliviar la tensión racial" alrededor del "multiculturalismo".
