NUEVO DIGITAL Internacional - Los 'soldados' del narcotráfico en Brasil: Diez años de edad de media, gastan en droga lo que ganan y no saben ni leer ni escribir aunque manejan armas como si fueran juguetes
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Los 'soldados' del narcotráfico en Brasil: Diez años de edad de media, gastan en droga lo que ganan y no saben ni leer ni escribir aunque manejan armas como si fueran juguetes

Los 'soldados' del narcotráfico en Brasil: Diez años de edad de media, gastan en droga lo que ganan y no saben ni leer ni escribir aunque manejan armas como si fueran juguetes

13.06.06 • 05:25 GMT • Elizabeth Peger - Buenos Aires Email

Son la principal mano de obra del narcotráfico en Brasil, pero en promedio la mayoría apenas supera los diez años. Provienen de las favelas y de los barrios más marginales del país, ganan el 20 por ciento de la droga que venden, pero gastan casi todo el dinero en financiar su propio consumo. Sólo en Río de Janeiro constituyen un ejército de alrededor de 10.000 pequeños soldados que prácticamente no saben ni leer ni escribir, pero han sido entrenados en el uso de todo tipo de armas, a veces, incluso pesadas.

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Los datos describen en buena medida la crítica realidad social que viven los niños y adolescentes de las clases más empobrecidas de Brasil, que son reclutados desde muy pequeños por las bandas que operan con el tráfico de drogas en las grandes ciudades. Parte de esa realidad ha quedado en evidencia a partir de los últimos episodios de violencia desatados en Sao Paulo, donde justamente los niños constituyeron la principal tropa de los cárteles de narcotraficantes en los enfrentamientos callejeros con la policía, que arrojaron un saldo de más de 300 muertos.

Según revela un informe difundido en las últimas horas por el Instituto Brasileño de Innovaciones en Salud Social (IBISS), la situación de Sao Paulo no es un caso aislado en el país. Tan solo la ciudad de Río de Janeiro hay entre 7.000 y 10.000 niños de entre 8 y 17 años que trabajan en los puntos de venta ilegal de droga, integrando el denominado Comando Vermelho (CV), la facción criminal más antigua del distrito.

El informe señala que, por su tarea, los niños reciben como pago el 20 por ciento de la droga que deben vender, pero generalmente la cocaína que le dan los los narcos como forma de pago no es comercializada sino consumida por ellos mismos. "Comienzan a fumar marihuana y a aspirar cocaína alrededor de los 10 años", afirma la organización no gubernamental brasileña que también denuncia que en la mayoría de los casos los menores terminan consumiendo mucho más de la droga que ganan por su trabajo, con lo cual pasan a depender totalmente de las bandas.

Informes oficiales del gobierno municipal carioca sostienen que sólo durante el año 2005 alrededor de mil niños fueron detenidos por el delito de narcotráfico. Todos habían sido captados por las bandas de narcos cuando tenían menos de diez años mediante el ofrecimiento de alimentos y vestidos que paliaran su profunda condición de pobreza.

De a poco y como la mayoría de los principales jefes del del Comando Vermelho, que controla el narcotráfico en más de la mitad de las 600 favelas cariocas, están presos o fueron muertos, los menores comenzaron a ascender en la escala jerárquica del cártel, al punto que en la actualidad los nuevos jefes tienen alrededor de veinte años. "Hoy quien manda en el narcotráfico son los menores", indicó un adolescente de dieciséis años detenido por ese delito, citado con el nombre ficticio de Alexandre en el informe de la organización no gubernamental.

El hecho de que sean cada vez más pequeños los jefes de las organizaciones delictivas que operan con el tráfico de drogas en el país constituye un "problema verdaderamente peligroso" en la opinión de la Delegación carioca de Represión a Estupefacientes. "Los jefes de los años 90 no consumían droga porque tenían sentido comercial. Pero sus sucesores se perdieron en el consumo de la cocaína. Son adictos desde los diez, once o doce años, lo que los lleva a convertirse en temiblemente violentos", advierten los funcionarios.

El informe de IBISS explica que por la baja edad en que son reclutados por las bandas, la mayoría de los niños abandona el sistema educativo para dedicarse tiempo completo a la actividad delictiva. "No saben hacer cuentas, ni leer ni escribir, prácticamente no tienen volabulario", señalan los responsables del estudio. También destacan que a los que les sobra algo de dinero por la venta de la droga gastan todo en la compra de ropa de marca o en la adquisición de armas cada vez más modernas.

"Sé tirar, apretar el gatillo. ¿Si tengo miedo? Algún día seguro que moriré", cuenta Washington, un niño de apenas doce años mientras recorre las calles de la favela Teresópolis con una pistola calibre 38 en su mano. Washington se mostró feliz ante los encuestadores que lo entrevistaron en el informe, porque asegura trabajar tan sólo tres horas por día por un salario de 50 dólares a la semana.

La falta de estudio, el consumo de dorgas y el entrenamiento permanente en el uso de armas de fuego provoca una actitud de mucha violencia de parte de la mayoría de los menores, advierten los especialistas. "No tienen miedo a morir, y tampoco temen por las consecuencias de matar. Lo ven como si se tratara de un hecho absolutamente normal", afirman.



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