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Jóvenes senegaleses repatriados afirman preferir la vida en un campo español para emigrantes ilegales a las ofertas de trabajo en su propio país

Jóvenes senegaleses repatriados afirman preferir la vida en un campo español para emigrantes ilegales a las ofertas de trabajo en su propio país

14.06.06 • 06:38 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Las informaciones que llegan desde el África negra occidental insisten con machacona unanimidad en que la fiebre de la emigración se ha instalado en la región y en que las ofertas de trabajo presentes o futuras no sirven para detener el éxodo hacia España. Una España que, además, es acusada de "racista" por analistas internacionales y donde hasta las propias organizaciones de africanos en el país viajan a sus países de origen en una misión pedagógica sobre lo que de verdad se esconde tras el sueño de un inmediato paraíso de ofertas de trabajo, dinero abundante y bienes de consumo. Mientras, los emigrantes dicen preferir la vida en los campos españoles de agrupamiento que en la libertad de sus países de origen.

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"Vivíamos en buenas condiciones, mejor que aquí", dice un senegalés repatriado desde España en relación a los campos de agrupamiento para emigrantes ilegales. "Ellos (los españoles) nos daban tres comidas al día, bebíamos agua filtrada y cada uno de nosotros tenía su cama. Estaba bien. Incluso estaba aprendiendo a aprender español leyendo los periódicos".

Mody Dia es un técnico senegalés de computadoras de 31 años cuyos sueños se hicieron añicos cuando comprendió que el avión en el que viajaba no le trasladaba a la Península Ibérica desde las Islas Canarias sino de vuelta a Senegal. Como en tantas otras ocasiones, su testimonio es contundente cuando se refiere a las ofertas de desarrollo agrícola en su país para retener a los jóvenes.

"Ellos (el gobierno senegalés) nos hablan ahora sobre agricultura, pero no lo queremos. ¿Has visto alguna vez técnicos de computadoras o pescadores cultivando la tierra?", se pregunta Dia. Ni Senegal ni Occidente ni los sesudos analistas internacionales de la solidaridad y el desarrollo parecen estar comprendiendo el problema.

Desde el árabe Khaleej Times, el periodista Jonathan Power -descrito por su agencia como "uno de los principales columnistas del mundo en asuntos internacionales, derechos humanos y paz"- constata que "a los españoles importantes y de a pie no les gusta esta masiva afluencia africana. Ven a África como un abismo sin fondo. El racismo es endémico".

Tras afirmar que "el presidente del gobierno local de Tenerife ha escrito a todos los medios pidiéndoles que 'atenúen' su cobertura (de la crisis migratoria) porque está minando la industria turística", Power se deshace en acusaciones sobre el pasado migratorio de España y sobre cómo el país no tiene inconveniente en recibir de vuelta "a quienes nunca encontraron prosperidad en el otro lado del Atlántico y ahora comprenden que tendrán una vida mejor en su país de nacimiento o en el país de nacimiento de sus padres".

"Dad al emigrante la posibilidad de trabajar en casa (y) regresará rápidamente a un entorno menos cruel y más seguro, como enseñan los cubanos y los venezolanos", concluye Power, mostrando un sorprendente desconocimiento de los flujos migratorios entre América Latina y España. Tienen que ser otros africanos emigrantes los que de verdad entiendan el problema y presenten soluciones más acordes con la mentalidad que se está dando en el occidente africano.

En este sentido, una organización denominada Comunidad Africana Residente en España está realizando una gira a través de los países afectados por la fiebre migratoria con el fin de contar a los jóvenes la auténtica realidad no sólo del peligroso viaje clandestino sino también de una situación laboral española donde las ofertas de trabajo indiscriminadas hace ya mucho que dejaron de existir.

"El 95 por ciento de los miles de senegaleses que viven hoy día en España no tienen puesto de trabajo y en su mayoría se dedican a actividades de venta ambulante", asegura el presidente de la organización, el nigeriano Price Kennedy Iyoha. En su recorrido por Nigeria, Ghana, Togo, Benín, y Costa de Marfil muestra a los jóvenes universitarios un vídeo en el que se expone la desnuda verdad de una realidad que está muy alejada de las incontenibles utopías.

Mientras tanto, y según avanzaba Le Monde, la conferencia euro-africana que se celebrará en Rabat para abordar la oleada inmigratoria "privilegiará las medidas represivas", según los documentos a los que ha tenido acceso el diario francés. La Unión Europea exigirá sistemas "eficaces" de readmisión con la colaboración de los países implicados para identificar la nacionalidad de los emigrantes irregulares así como un "reforzamiento de la cooperación en materia judicial y policial contra la trata de seres humanos y contra los trámites de entrega de los emigrantes clandestinos".

Desde Marruecos, país que acogerá la conferencia, euro-africana, el tema también se calienta entre referencias a "las ciudades ocupadas por España de Ceuta y Melilla" o a "las miles de personas que toman al asalto las alambradas entre Marruecos y los presidios españoles", en relación a las dos ciudades españolas en territorio africano.

No son palabras de cualquiera, sino del presidente del Instituto Marroquí de Relaciones Internacionales, Jawad Kerdoudi, quien desde el diario Le Matin exige soluciones de desarrollo para la región sin parecer entender tampoco una fiebre migratoria por la que, desde esa misma región -Marruecos incluido-, la mejor oferta de trabajo es peor recibida por muchos de sus jóvenes que la peor esperanza laboral en España.



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