La nuevas 'damas de hierro' (2/2): La política del 'lo tomas o lo dejas' se extiende frente a las "inintegrables" comunidades musulmanas
X, XEn Holanda, otra dama de hierro se enfrenta a una inmigración a la que va a hacer examinarse a partir de ahora sobre lo que es Holanda y sobre lo que sus valores representan. Rita Verdonk, ministra holandesa de emigración y bautizada como "La Rita de Hierro", va a imponer que los emigrantes en Holanda, pero muy especialmente los musulmanes -algunos de ellos en el país desde hace tres décadas- se examinen con lápiz y papel sobre lo que su país de acogida piensa en torno a los derechos de mujeres, de los homosexuales o sobre el Holocausto. En Austria, dos poderosas ministras aún no examinan pero también hablan con una contundente claridad.
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Una reciente encuesta realizada a principios de este mes mostraba que el 63 por ciento de los holandeses cree que el islam es, directamente, incompatible con la vida moderna. A partir del próximo 1 de enero, todos los emigrantes, incluso los naturalizados, deberán examinarse, a pesar de que los socialdemócratas afirman que examinar a un naturalizado es "discriminatorio".
Mientras los exámenes de ciudadanía para emigrantes “con los musulmanes muy especialmente en el punto de mira- se extienden por Europa, Verdonk, de 50 años, ya había expulsado anteriormente a algunos imanes bajo la acusación de fomentar el terrorismo o había cancelado reuniones con líderes religiosos islámicos que se negaban a estrecharle la mano por ser mujer.
Entre las actuaciones más polémicas de Verdonk, aunque esta vez en el 'campo de enfrente' al de los imanes musulmanes, se encuentra la extraordinariamente rápida revocación del permiso de residencia para otra de las mujeres "de hierro" de la política europea, la parlamentaria somalí Ayaan Hirsi Ali, compañera de partido de la propia ministra de emigración y que ha tenido que abandonar Holanda tras comprobarse que había escrito algunos datos falsos en su petición de asilo.
Hay quien ha visto tras una medida tan dura y rápida -para lo que podía haber quedado en una infracción administrativa de una persona extraordinariamente popular y significativa, en especial tras el asesinato de Theo van Gogh-, la eliminación de una potencial competidora por las luces y los focos, no sólo en la política holandesa sino también mundial.
En Austria, las cosas no están mucho mejor con la emigración musulmana. Allí algunas mujeres en el gobierno han iniciado un marcaje extraordinariamente estrecho en un enfrentamiento con ciertas partes de la emigración musulmana, un enfrentamiento que ya se ha extendido abiertamente por Europa y que tiene un corolario todavía mucho más envenenado para lo política de la Unión: la incorporación de Turquía al bloque europeo.
Desde Ankara, los medios ven con indisimulada irritación cómo la físicamente espectacular ministra de asuntos exteriores austriaca se ponía del lado de Chipre “"de los progriegos chipriotas", en el lenguaje del país que ocupó militarmente la otra mitad de la isla- "dando lecciones y enviando advertencias a Turquía en la rueda de prensa que terminó conociéndose como "el duelo de Chipre"".
El liberal diario turco Zaman escribe que la ministra Ursula Plassnik "había prometido a los grecochipriotas que sería "estricta" con (el primer ministro turco) Abdullah Gul en la conferencia de prensa, según rumores no desmentidos por los diplomáticos más tarde". La posición de Austria frente a Turquía, con el recuerdo de las tropas otomanas a las puertas de Viena en el siglo XVII en el subconsciente austriaco colectivo, destila de vez en cuando declaraciones de una contundencia poco habitual.
Como las de otra mujer austriaca, compañera de gobierno de Plassinik en la cartera de Interior, denunciaba abiertamente a mediados de mayo que el 45 por ciento de los aproximadamente 340.000 musulmanes en Austria son "inintegrables" y sugería que "eligieran otro país" para residir si no compartían los valores austriacos, en lo que es una opinión cada vez más extendida de "o lo compartes o te vas" que el francés Sarkozy ya expuso claramente hace algunas semanas al señalar que Francia "no podría impedimentos si quieren irse" quienes no compartan los valores republicanos.
En una posición abiertamente opuesta a la de gobiernos de países 'promulticulturalistas' como el español, el presidente de Austria cubría a sus ministras durante la cumbre de líderes europeos de la semana pasada en Viena al declarar cómo "hay ciertas cosas que residen en el corazón de Europa y, si las personas quieren ser parte de Europa, debería compartir esas cosas".
"Es muy importante para alguien que viene a nuestros países aprender el lenguaje y compartir esos valores, los derechos humanos, la posición de las mujeres, el papel de la ley. No hay renuncia en eso. La integración es necesaria pero nadie está pidiendo que abandone su religión o su identidad", concluía Wolfgang Schuessel utilizando un lenguaje cada vez más abierto en la políticamente correcta Europa, un lenguaje y una acción en el que muchas mujeres políticas europeas parecen haber adoptado, mientras tanto, un rol protagonista.
