NUEVO DIGITAL Internacional - El referéndum de la 'nación' catalana se convierte en referencia y moneda de cambio en zonas de fuerte reivindicación regional
NUEVO DIGITAL - Internacional

El referéndum de la 'nación' catalana se convierte en referencia y moneda de cambio en zonas de fuerte reivindicación regional

El referéndum de la 'nación' catalana se convierte en referencia y moneda de cambio en zonas de fuerte reivindicación regional

22.06.06 • 05:51 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Entre ciertos tópicos clásicos aplicados a España y algunos errores achacables a la lejanía, el nuevo estatuto para Cataluña se ha convertido en referencia para diversas regiones en medio de constantes profecías sobre el fin de la nación-estado. Desde Escocia, Québec o el recién nacido Montenegro se adopta a Cataluña como la bandera de un mercado reivindicatorio que mezcla independencias varias con utopías de salón para el nuevo siglo.

[Más:]

Desde el recién nacido como estado independiente de Montenegro -y a través del hoy ruso y ayer faro y guía soviético Pravda, desde donde, por otra parte, no se ha tenido que ver muy bien el desaire a Serbia- se apela a un ciertamente inquietante batiburrillo de independencias para reforzar el proceso que le ha llevado a su separación de Belgrado con el fin de reforzar su candidatura a la Unión Europea. Los casos de las "regiones españolas catalanas y vascas" se mezclan con el de la canadiense Québec y con los mucho más inquietantes -y contraproducentes, como ejemplos- casos de Papúa Occidental en Indonesia o de Nagorno-Karabaj en Azerbaiyán. Sin embargo, los pesos pesados de la polémica siguen llamándose Escocia o Québec.

No se puede decir que Simon Jenkins conozca muy de cerca la realidad española, a pesar de ser uno de los columnistas de referencia en el Reino Unido hasta el punto de ser nombrado "caballero" en 2004 por sus servicios al periodismo. En su largo artículo para el Guardian, Sir Simon relaciona a Cataluña con la sangría, las castañuelas y las corridas de toros, acertando tan sólo en "el aroma a Gaudí" que desprende la zona pero aparentemente desconociendo que se trata de la primera región española dispuesta a prohibir la tauromaquia.

Y eso, por no mencionar cómo califica a Maragall de "líder carismático" o de cómo despacha con el adjetivo de "extremistas" a quienes se opusieron a la nueva fórmula catalana de relación con España, inexactitudes todas ellas que le han sido afeadas en el consiguiente foro por lectores españoles con buen dominio del inglés y apodos de inconfundible aroma catalán.

Mucho más interesante es la consecuencia general que Jenkins extrae del referéndum de Cataluña para una nueva geografía europea del poder. Galeses, escoceses, sicilianos, corsos, lapones, flamencos, vascos y monesgascos van desfilando en lo que el columnista denomina como una nueva "geometría variable" para una Europa de "identidades locales y soberanías paralelas".

El entusiasmo del columnista del Guardian -y directivo histórico del Times- le lleva a expresar su agradecimiento por la "cordura que llega desde España" y a rogar: "Vuelve, Armada (Invencible); todo se ha perdonado".

Desde el Herald de la escocesa Glasgow se advierte, para consumo interno británico, de que "la hostilidad hacia los escoceses es un juego peligroso" y se reclama abiertamente "la independencia para Escocia" de la misma forma que "muchas otras pequeñas naciones de Europa “Eslovaquia, Irlanda, Cataluña- lo están haciendo muy bien por sí mismas en estos momentos". Los apercibimientos -entre la reprimenda y la advertencia- son más airados en medio de los irritados reproches hacia Blair sobre su afirmación de que "por supuesto" no apoyaría a Escocia en el Mundial de Fútbol si se enfrentara a Inglaterra a pesar de que sí reclamara a los escoceses que apoyaran a esta última selección.

Mientras tanto, desde el centro del corazón escocés en Edimburgo, el Scostman recuerda que "hace una década era el Reino Unido, no España, quien se esperaba que se desmembrara en los primeros años de este siglo". "Sin embargo, el Reino Unido se ha mantenido firme, mientras Europa sigue dando autonomía a sus regiones y los antiguos estados soviéticos se multiplican como las muñecas rusas".

El Scotsman recuerda, sin embargo, que el caso catalán es distinto al escocés, puesto que mientras Cataluña ha disfrutado de un enorme crecimiento dentro de España, Escocia sigue la tendencia inversa, con cada vez menor peso dentro del Reino Unido mientras está "destinada a frenar económicamente a Inglaterra y al resto del Reino Unido" debido a que "una gran parte de su economía está socializada".

Desde el Financial Times, los ardores independentistas también se atemperan con un medido "las regiones de la Unión Europea crecen en importancia pero dominan las naciones" aunque reconociendo que "el movimiento de Cataluña hacia la conversión en una "nación" confirma su estatus como una de las abanderadas para una Europa donde el poder está cambiando lentamente hacia las regiones". Sin embargo, "los federalistas europeos que esperaron que las regiones usurparían al final el papel de los gobiernos nacionales se ha visto defraudados: la nación estado parece dispuesta a dominar los asuntos de la Unión Europea para el futuro previsible".

Al otro lado del Atlántico, desde la Gazette de Montreal se describen los temores de Mariano Rajoy sobre "la liquidación de la España constitucional" a pesar de que lo haga como "líder de Esquerra Republicana" en un diario que, por otra parte, es referencia para la rebelde provincia francófona canadiense (y, a pesar de que una versión reducida del magno y extenso editorial de la Gazette aparecía al día siguiente en el Toronto Star de la anglófona Ontario con una correcta atribución política del líder del Partido Popular).

En medio de referencias a la "brutal represión cultural bajo la dictadura de Francisco Franco" para explicar que "menos del 50 por ciento de los catalanes" puedan escribir el catalán, el diario "québécois" concluye en su editorial que "Cataluña tiene muchas más razones para separarse de España que Québec ha tenido para separarse de Canadá" puesto que "si la "nación" catalana sigue progresando a este ritmo, debería, en una década o dos, todo lo más, llegar al mismo nivel de autonomía que Québec ya disfruta dentro de Canadá", un país que ya "ha visto la sabiduría de la independencia regional y de la descentralización de las naciones verdaderamente federales como Canadá".



Aumentar tamaño letra Restaurar tamaño letra  Tamaño de letra
Google

NUEVO DIGITAL / Archivo - Selección