Las civilizaciones también chocan en el Mundial de Alemania (2/2): "Cruzados" y "apóstatas" utilizan el fútbol para "corromper" a la juventud musulmana y distraerla de la yihad
X, XEn Somalia, fue caer Mogadiscio bajo control de las fuerzas islámicas y, bajo mandato expreso y contundente de los clérigos, ser cortada la electricidad a los cines donde se estaban proyectando partidos. Patrullas islámicas fueron -y aún van- por la ciudad disolviendo por la fuerza a los grupitos de atribulados somalíes que se amontonan frente a algún despistado y más o menos clandestino televisor que emite un partido a escondidas de un régimen ya abiertamente islámico radical. Mientras, en Internet los anatemas contra el "impío ídolo infiel" del fútbol se mezclan con los vídeos sobre la "heroica lucha del pueblo palestino" que aquel pretendería hacer olvidar.
Seguimiento:
Cuando ni tan siquiera el presidente iraní Ahmadinejad consiguió sacar adelante su plan para que las mujeres pudieran asistir a los partidos de fútbol -incluso enterradas bajo capas de vestimentas y en zonas por completo aisladas de los hombres-, el islamismo más exaltado ha convertido al Mundial de Fútbol de Alemania en un Gran Satán que pretende someter a los musulmanes y divertirlos de su objetivo principal de la guerra santa contra los infieles.
Ciertamente, en Europa hay quien ha intentado convertir al fútbol en un recurso de unión y no de división, algo así como una Alianza de Civilizaciones por la vía rápida y sin palabras vacías sino con armónicos estadios llenos. Por ejemplo, algunos jugadores egipcios -"musulmanes", aclara Islam Online- que juegan en Europa son vistos como "la prueba de que su fe y sus culturas no son impedimentos que impidan su contribución al desarrollo de sus sociedades en cualquier aspecto".
Son afirmaciones de la Asociación Musulmana del Reino Unido, el mismo Reino Unido donde, sin embargo, y tras los atentados de Londres, los musulmanes salieron a la calle con pancartas calificando a Europa de "cáncer" que extirpar o donde esa misma comunidad islámica muestra la opinión más dura y despectiva para las sociedades que les han acogido, como destaca desde Teherán la oficial Islamic Republic News Agency sobre el estudio del Pew Global Attitudes Project con unos datos que acaban de certificar la profunda desconfianza -si no odio- que separa a musulmanes y occidentales en todo el mundo.
Y el Mundial de Fútbol es una buena ocasión de demostrar el Choque de Civilizaciones, en especial cuando tal choque se ha producido en forma de crudos enfrentamientos civiles. En la Mostar donde los soldados de paz españoles consiguieron mantener la inestable separación pseudoconsentida de bosnios croatas y bosnios musulmanes, aficionados al fútbol de estas dos mismas comunidades se enzarzaban a tiros tras un partido en el que, justamente, no jugaba la selección de Bosnia, sino la de Croacia contra Brasil, en lo que se convirtió en un instantáneo alineamiento etnoreligioso por encima de las fronteras propias y de las banderas ajenas.
Mientras los historiadores continúan desmontando el revisionismo del autodenominado islamismo moderado en torno a una supuesta y beatífica paz de la Al Ándalus medieval con los datos de que los periodos históricos de convivencia y "el maravilloso ideal de todos los pueblos del Libro viviendo juntos en respetuosa armonía" eran "términos dictados por la parte más fuerte" que gobernara en cada momento histórico, en el bloque musulmán los clérigos alzan sus tonantes voces contra la desmesurada afición de 'sus' jóvenes por el fútbol.
En la islámica Kerala india, el director del Centro de Estudios Coránicos lo admite: "Nos pueden acusar de ser conservadores por manifestarnos contra ese especie de manía (por el fútbol). Pero estamos orgullosos de que nos etiqueten así". Esta es la versión suave del conflicto. La dura se encuentra en los foros islamistas en Internet donde otros jóvenes llevan los enfrentamientos a la geopolítica internacional, árabe y no árabe, extramusulmana e intramusulmana.
Jóvenes del chiíta Irán se alegran de la eliminación de la sunita Arabía Saudí en una más de las manifestaciones de la latente e histórica guerra civil sectaria dentro de la Umma, una guerra civil que ya se manifiesta con toda su crudeza en el Irak de la guerra asimétrica contra los aliados pero también a base de bombazos a mezquitas de 'renegados' de la recta senda islámica. Obviamente, sin embargo, el enemigo común es un Occidente que habría urdido el "complot" de los Mundiales de Fútbol para "corromper a la juventud musulmana y distraerla de la guerra santa".
De esta forma, entre llamadas a un boicot a la "Copa del Mundo de la Prostitución" organizada por los "cruzados", los "apóstatas" e, incluso, los "rafidha" (término despectivo con que los sunitas denominan a los chiítas), quienes muestran su odio feroz al campeonato de Alemania denuncian la "idolatría a los infieles" bajo la advocación de jugadores de fútbol occidentales, unos ídolos que sectores próximos a Al Qaeda intentan derribar mezclando imágenes futbolísticas con imágenes de Guantánamo y de Abu Ghraib.
