Rodríguez Magda, en "La España convertida al islam" (2/2): "El uso demagógico de la tolerancia y el multiculturalismo es la oculta gangrena por la que se inoculan mensajes no asumibles"
XPor las páginas de "La España convertida al islam", de Rodríguez Magda, pasan también los episodios por los que algunos ortodoxos comunistas se transforman en fieles musulmanes e, incluso, algunos capítulos "negros" que coinciden con ese proceso de constitución del islamismo converso español, como el del turbio asesinato en 1998 de Sabora Uribe, una de las dos mujeres de Mansur Escudero, líder de los conversos españoles, y mujer que termina siendo proclamada como "la primera mártir musulmana española desde la expulsión de los moriscos".
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Mansur Escudero ha sido el interlocutor histórico con el estado español después de que a principios de los años 90 se constituyera la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, FEERI. Sin embargo, Escudero y su Junta Islámica han quedado hoy por completo fuera de juego como interlocutores del estado español desde que la Junta Islámica que aquel encabeza quedara marginada en la FEERI en favor de los representantes de los emigrantes musulmanes, financiados con dinero "marroquí y saudí" y defensores de un islam mucho más rigorista como, con reconocida alarma, denuncian los propios conversos desde su exilio ya escasamente representativo.
Rosa María Rodríguez Magda recuerda cómo esa "primera" esposa de Mansur “pues dos tenía, en coherencia con la autorización coránica- es apuñalada salvajemente en el domicilio conyugal en extrañas circunstancias por un joven que, primero es atrapado por Mansur, después liberado por este, más tarde apresado por las fuerzas del orden, para terminar muerto en prisión en lo que se describió como un suicidio. La autora de "La España convertida al islam" contextualiza este crimen con las graves disensiones internas que se daban entre los musulmanes españoles conversos por aquella época, de forma que, como recuerda Rodríguez Magda, "pudiera sospecharse la inducción por parte de algunos elementos que odiaran tanto a las personas como a la actividad que realizaban".
No pasa mucho más allá Rodríguez Magda en este oscuro episodio pero, desde Nuevo Digital, cabría recordar el cuanto menos sorprendente episodio posterior por el que Mansur Escudero convirtió a Sabora Uribe en "la primera mártir musulmana de la etapa democrática española, tras casi cuatrocientos años de la expulsión de los musulmanes moriscos a principios del siglo XVII". Para tal conversión, la Junta Islámica consiguió los servicios del marroquí Abdelbari Zamzami, descrito por los conversos españoles como "uno de los más prestigiosos ulemas del mundo islámico" y por las agencias internacionales de prensa “incluso, en sitios online de clara orientación musulmana- como un "imán integrista" que afirma públicamente "haber rezado siempre por el asesinato de los judíos".
En aquel entonces, Zamzami dictaminó "tajantemente" en una fatua 'a la carta' que Sabora Uribe murió "mártir" pues "toda mujer musulmana que es asesinada en su casa se cuenta en el número de los mártires", y así se estableció en el homenaje que, con representación del ministerio de justicia español, se celebró en honor de la fallecida, crimen en el que la Junta Islámica vio "cómo la sangre de los mártires vuelve a regar la bendita tierra de Al-Andalus, de la que habrá de brotar sin duda alguna, como en tiempos no tan lejanos, un sinfín de hermosos frutos espirituales".
Sin embargo, de la "sangre de los mártires" no brotó entonces ningún fruto espiritual sino duras acusaciones de "actitud indignante e intolerable" en la supuestamente mantenida por el entonces gobierno del Partido Popular "hacia las circunstancias que han rodeado el asesinato de la esposa del presidente de la Federación, Sabora Uribe, ya que no ha ayudado en nada a esclarecer los oscuros móviles que se ocultan tras su muerte y que ha fomentado entre los musulmanes un clima de profundo desencuentro", como decía la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, entonces aún liderada por la Junta Islámica, al reclamar el voto en las elecciones de 2000 para el PSOE y para Izquierda Unida.
Volviendo al afilado libro de Rodríguez Magda, en el que se denuncia cómo "un uso demagógico de la tolerancia y el multiculturalismo puede ser el socavamiento de determinados principios, la oculta gangrena por la que se inoculan mensajes no asumibles", "La España convertida al islam" ha sido recibido con abierta hostilidad por esa misma Junta Islámica que agrupa a los conversos españoles al islam, como, por otra parte, cabía esperar.
Uno de los miembros más representativos del movimiento, Abdennur Prado, escribió casi inmediatamente después a la aparición del ensayo de Rodríguez Magda un largo artículo en el que llega a la 'conclusión' de que se trata de "un libro de encargo", y, aunque no aclara por parte de quién se habría producido tal "encargo", sí se lanza a una furibunda oleada de insinuaciones alrededor de "la estrategia habitual de la derecha".
Prado comienza por intentar descalificar a la autora, situándola en su puesto de consejera del Consejo Valenciano de Cultura, "cargo al que accedió a propuesta del Partido Popular", y resaltando que "La España convertida al islam" se ha publicado en la misma editorial que ha editado algunos trabajos de Pío Moa o José Javier Esparza, pero olvidando citar cómo la autora también ha sido ampliamente publicada en sitios muy poco proclives al Partido Popular o al denominado "revisionismo histórico" de Pío Moa como, por ejemplo, Nodo 50 o Rebelión, centros de debate e información de la izquierda más radical y, en muchas ocasiones antisistema, y de donde, por cierto, se extraen muchos de los contenidos de la propia Webislam, la revista online de la Junta Islámica.
Prado acusa a Rodríguez Magda de ser un ejemplo de cómo "la islamofobia es el fascismo del siglo XXI", en frase, por cierto, de estructura paralela pero de orientación radicalmente opuesta a la esgrimida por el fundamental crítico francés del multiculturalismo Alain Finkielkraut, para quien "en el siglo XXI, el antirracismo será lo que fue el comunismo en el siglo XX", sentencia que denuncia, precisamente, el abundante uso que se realiza de la acusación de "racista" “entre otros, por el propio Prado- contra quienes se oponen al discurso políticamente correcto en torno a la "tolerancia" con los musulmanes y a unos supuestos intelectuales que intentan colar una "sustitución de civilizaciones" bajo el envenado velo de su "alianza".
