NUEVO DIGITAL Internacional - Crece la alarma en el mundo musulmán ante la promulgación descontrolada de fatuas mientras algunos pensadores islámicos propugnan un "islam protestante"
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Crece la alarma en el mundo musulmán ante la promulgación descontrolada de fatuas mientras algunos pensadores islámicos propugnan un "islam protestante"

Crece la alarma en el mundo musulmán ante la promulgación descontrolada de fatuas mientras algunos pensadores islámicos propugnan un "islam protestante"

07.07.06 • 06:42 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

¿Es permisible para un musulmán llevarse un periódico o un libro al cuarto de baño? Desde históricas fatuas, como la de Jomeini contra Salman Rushdie o la de Bin Laden contra Estados Unidos -ambas concluidas en baños de sangre-, hasta las relativas a las más insignificantes minucias, el islam se ha convertido en una desenfrenada e incontrolada emisión de decretos religiosos ahora agrupados en auténticos bancos electrónicos de edictos. Por ejemplo, en 1998, el entonces principal líder de la comunidad islámica española, un converso español, consiguió que un muftí marroquí radical declarara a una de sus dos mujeres, asesinada en un turbio episodio doméstico, como "la primera mártir musulmana de la etapa democrática española". Ante esta situación, hasta en la propia Arabia Saudí ha cundido la alarma ante un descontrol doctrinal que también lleva a algunos pensadores a propugnar un "islam protestante" que luche de paso contra el "totalitarismo religioso" islámico que, como último episodio, ha llevado a la muerte a dos somalíes que pedían ver por televisión el Mundial de fútbol.

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Por cierto, no. No es permisible para un musulmán llevarse un libro o un periódico al cuarto de baño cuando el fiel "responde a la llamada de la naturaleza", como apunta, pudoroso, un dubitativo musulmán en su pregunta a Fatwa-online.com, uno de los varios sitios en Internet destinados a emitir y recuperar fatuas a tutiplén sobre -literalmente- cualquier tema. Según el famoso experto que emitió la fatua de los libros en el cuarto de baño, "no es permisible" siempre que el libro o el periódico "contenga una mención de Alá", lo que, en el caso de publicaciones árabes o musulmanas, es prácticamente siempre, de la misma forma que un libro occidental pueda incluir la palabra "Dios" en cualquier contexto, religioso o no, incluso contenida en frases hechas.

A veces, la cosa no está tan clara, y los expertos entran en complejas discusiones doctrinales sobre los más peregrinos asuntos. Por ejemplo, en torno a si es permisible o no depilarse las cejas, tema sobre el que existen sutilísimas disquisiciones basadas en el Corán, la Sharia y los hadices. Por no mencionar los pronunciamientos de nada menos el Consejo Islámico de Singapur sobre si es 'permisible' la cerveza sin alcohol en una religión que prohíbe el consumo alcohólico (y la respuesta es negativa).

Muchos musulmanes críticos han comenzado a denunciar una situación que no sólo cae en el ridículo desde un punto de vista occidental sino que lleva a la justificación de cualquiera de los habituales y cotidianos baños de sangre basados en la fe islámica, baños de sangre que, por cierto, afectan a los propios musulmanes con mayor frecuencia que a los occidentales debido a las frecuentes y rencorosas fatuas emitidas por sectas o grupos rivales como cada día se observa en Irak.

Incluso en la patria del islam más rigorista han saltado las alarmas ante el descontrol de fatuas producido por una religión donde no existe ni una jerarquía ni mucho menos una autoridad central que supervise la doctrina y sus interpretaciones. El propio ministro de Asuntos Islámicos de Arabia Saudí lamentaba que todos los medios de comunicación, incluyendo a todos los canales de televisión por satélite, dispongan de sus propios muftíes en nómina, muftíes que emiten fatuas con la misma naturalidad y profusión que la legión de cotorras infraperiodísticas españolas de televisión emiten opiniones sobre política o las vidas de otras personas.

En este sentido, el ministro saudí denunciaba que, incluso, se han detectado casos de supuestos expertos que emitían edictos religiosos "mientras comían o hablaban por teléfono". Sin embargo, las soluciones ofrecidas por el político religioso en un libro que intenta otorgar respetabilidad a los edictos religiosos son tan etéreas como concreto es el problema al que se enfrenta, puesto que apela al "conocimiento apropiado" de los supuestos expertos para valorar su idoneidad para emitir o no fatuas.

Los conflictos son constantes y, habida cuenta de que muchas fatuas imponen castigos o sentencias de muerte sobre personas, países o civilizaciones, el tema no es baladí. A veces, un experto no sólo emite un edicto religioso sino que, además, ofrece una recompensa económica por ejecutarlo, más allá de las gracias celestiales -virginales o no- que le puedan reportar al fiel su ejecución. Por ejemplo, hace un par de semanas, un imán indio emitia una fatua contra una escritora feminista de Bangladesh en la que ofrecía una abultada recompensa económica para quien le tirara un bote de pintura negra encima, fatua de la que se tuvo que desdecir tras conversación con la policía y ante el escándalo surgido en el país.

En otra ocasiones, las fatuas -incluso las no formales de acuerdo a los preceptos para su dictado- vienen escondidas en incendiarios discursos de odio, como los muy frecuentes lanzados por los predicadores televisivos de los países musulmanes, incluso en los supuestamente más moderados. Por ejemplo, el clérigo egipcio Sheikh Muhammad Nassar, en nómina del Ministerio del Legado Religioso, en Egipto, sentenciaba recientemente en su programa infantil que "los judíos son el pueblo de la traición y el engaño. Queremos que las madres enseñen a sus hijos la yihad, el amor a Alá y a su Mensajero, y que los sacrifiquen por el islam", puesto que los niños deberían someterse al "martirio" como "castigo de Alá a los infieles". (transcripción - vídeo 1 - vídeo 2 - con subtítulos en inglés).

En el número de junio de la revista marroquí Telquel, el profesor Bassam Tahhan propugnaba un "islam protestante", basado en una especie de revolución racionalista, donde "ser racionalista es reconocer que la interpretación ortodoxa (del islam) es falsa desde el mismo momento en que no admite la pluralidad de lecturas" que le debieran otorgar las diferentes circunstancias históricas. En este sentido, Tahhan se pronunciaba con una crudeza pocas veces explícita en los "reformadores" del islam: "¿Quién ha decretado que el Corán es único porque la palabra de Dios es única? ¿Por qué la palabra de Dios no debiera ser plural?", cuestión que choca frontalmente con la tradicional y admitida "sumisión" a un libro revelado que ya, en sí mismo y por definición, es perfecto, inmutable y eterno, por completo fuera de cualquier interpretación, -incluso cuando justificaría el terrorismo contra los infieles-, y cuya puesta en duda debe ser, para muchos musulmanes, castigada sin contemplaciones y con la habitual y contundente crueldad.

De hecho, Tahhan no sólo rechaza los contenidos históricos de la tradición islámica -cuya ferocidad de brutales tribus del Medioevo asiático central (o de la supuestamente tolerante Al-Ándalus) se sigue aplicando en tantos lugares de la Umma contemporánea-, sino, incluso, llega a proponer la ignorancia de los pasajes del propio Corán que entren en contradicción con los derechos y libertades conseguidos por la humanidad actual, en un argumento que encaja con su condición de colaborador de la Unesco en la aplicación y vigilancia de los derechos humanos. Por mucho menos, Jomeini emitió su fatua contra Salman Rusdhie, de forma que, en los meses siguientes, cayeron asesinados varios editores y traductores relacionados con el "blasfemo" libro "Los Versos Satánicos", donde, básicamente, se "faltaba al respeto" a las esposas de Mahoma en lo que fue un tímido pero premonitorio precedente de la crisis de las viñetas y su desencadenada orgía de fatuas de castigo y venganza.



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