Las civilizaciones ya chocan a cabezazos: Fracasa el intento de conversión de Zidane en el símbolo de la concordia árabe musulmana en Europa
X- Pew Global Attitudes Project (6/7/06) - Muslims in Europe: Economic Worries Top Concerns About Religious and Cultural Identity
- Pew Global Attitudes Project (22/6/06) - The Great Divide: How Westerners and Muslims View Each Other
Los foros de Internet hierven. Delante de su computadora, el lector internacional se encuentra en medio de un virulento cruce de insultos en el que se mezclan graves acusaciones de islamofobia y racismo con despectivos estereotipos sobre los magrebíes o recordatorios de su relación con sonados asesinatos y actos terroristas en nombre de Alá. En nada quedó la operación de medios y organizaciones musulmanas para convertir a Zidane en el gran héroe de la concordia interreligiosa y símbolo mágico de la contribución árabe al desarrollo de Europa. Todo se esfumó con un cabezazo de sucia pelea callejera. Mientras, presidentes nacionales, líderes sociales y religiosos, y ong"s de diversos pelajes meten también la cabeza en una monumental bronca planetaria en la que unos intentan apagar el fuego que otros avivan desde rencores cada vez más enconados e insalvables.
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A finales de junio, la gran fiesta de la Copa del Mundo de Fútbol iba a comenzar, ignorante de las temibles acusaciones de algunos musulmanes sobre un espectáculo con en el que "cruzados" y "apóstatas" intentaban "corromper" a la juventud musulmana para desviarla de la yihad. Por el contrario, desde el orbe musulmán más integrado en Europa, y en especial, donde éste coincidía con el árabe, la figura de Zidane se mitificaba por segundos en una carrera por convertirle en el símbolo definitivo de una concordia que ya sólo va existiendo en las cada vez más débiles convicciones de quienes la defienden con cada vez menos esperanzas de éxito.
"Los jugadores musulmanes en equipos europeos de fútbol son la prueba de que su fe y sus culturas no impiden su contribución al desarrollo de las sociedades (occidentales) en todos los ámbitos", proclamaba exultante el ex presidente de la Asociación Musulmana del Reino Unido. "Pueden ayudar a eliminar malos entendidos sobre el Islam y a probar que la fe musulmana es una forma de vida", añadía.
"Esos jugadores están dando el mejor ejemplo de la verdadera naturaleza del Islam", declaraba por su parte el "reputado intelectual francés" François Burgat. "La constante selección de Zidane como el hombre más popular de Francia es un paso en esa dirección", sentenciaba el "intelectual" en una asociación de Islam y paz que más tarde se toparía con el sucio cabezazo del jugador francés.
¿Francés? No. Argelino. Al menos así lo rentabilizaba nada menos que el presidente Bouteflika antes de marcarle -textualmente- como un "semidiós", en una calificación que, sin duda, habrá chirriado en los oídos de muchos fieles islámicos habida cuenta de las muy tajantes y concretas proclamas coránicas sobre la idolatría, con frecuencia mezcladas con el fútbol en su interpretación doctrinal contemporánea. Queriendo ignorar que Zidane nació en Francia y, por tanto, francés es, el presidente argelino se apropiaba de la figura del jugador y mostraba su "solidaridad y amistad" con alguien que "no ha perdido su dimensión humana".
¿Francés? No. Argelino. ¿Musulmán? Sí, pero sólo dentro de la gran operación de deificación islámica del jugador puesto que él mismo se había autodescrito varias veces como musulmán no practicante. Algo así como si la Iglesia Católica transformara a Raúl en un símbolo católico mundial. ¿Francés? No, tampoco, pues para otros era 'especialmente' magrebí, y, por tanto, con cualquier cuestionamiento de su figura cayendo de inmediato en los procelosos abismos del antirracismo militante de guardia que pronto inflamó un fuego que hasta entonces se había mantenido relativamente controlado en las hogueras deportivas.
En la Holanda donde había caído asesinado Theo van Gogh por las arteras puñaladas de un magrebí ejecutor de la venganza de Alá; en la Francia de los "banlieus" arrasados por los miles de argelinos y marroquíes que igualaron en el incendio de coches la letal eficacia rematadora del gran ídolo; en la Dinamarca de las viñetas de Mahoma; en la España de los cuchillos marroquíes demasiado fáciles tras los viajes en tren ya imposibles para doscientos; en todas partes, por toda Europa, se había elevado “por una vez- un idólatra pedestal para el gran "semidiós" de mirada torva pero paciencia infinita con el acoso de los fans occidentales.
Mientras las mezquitas holandesas retiraban de sus minaretes las banderolas naranjas de la selección nacional, Chirac intentaba (re)excitar el entusiasmo con el héroe nacional y su habitual mirada ausente que, necesariamente, había que sostener del derrumbe a pocos kilómetros de los suburbios parisinos. Pero un editorial del Times mandaba sumariamente al jugador con el Diablo al infernal reino de los dioses caídos, al paraíso perdido de los antihéroes que sólo quedan bien cantados por Milton.
Toda la gran operación de marketing geoestratégico politico-religoso se esfumó en el par de decenas de segundo que dura un cabezazo de macarra madrileño o de lunfardo porteño. Los ecos del descalabro eran de tal dimensión que llegaban a unos Estados Unidos por completo ignorantes e indiferentes al fútbol europeo y latinoamericano pero cuya onda sísmica han sentido, con el topetazo de Zidane, en su propia falla de choque con la placa tectónica árabe y musulmana. Algunos "marxistas" estadounidenses, en la habitual en inmedita identificación de la izquierda con las teocracias islámicas, intentaban equiparar el problema, en descripción adecuada al lector estadounidense medio, con un Michael Jordan insultado como 'negro' en el último segundo de su carrera.
Ahora se está produciendo el lavado opuesto. Ante una pérdida de nervios tan inexplicable -y poco "estética"- para un profesional deificado, los grandes nodos musulmanes en Internet abren foros bajo el ya sesgado titular de "Zidane: ¿Una víctima?". No hay más que leer unos pocos mensajes para degustar el rencor que llega desde los participantes del otro lado del Velo de Acero, sólo equiparable a los exabruptos de odio ciudadano de unos occidentales que colocaron hace mucho a los magrebíes en la escala más baja y despreciada de la pirámide social.
Dijera lo que dijera el jugador italiano, el cabezazo de Zidane pasará a la historia del Choque de Civilizaciones como otra inesperada y súbita explosión de la incendiaria pirámide de rencores mutuos que termina reventando en Madrid o en Londres, o sobre las casas de Gaza.
