Europa, el fracaso de las deportaciones - Expertos antiterroristas advierten sobre el grave riesgo que suponen los prisioneros islamistas liberados pero no expulsados
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No son sólo en las mezquitas españolas -clandestinas o no- se atienden con prontitud y diligencia los requerimientos de yihadistas, con un proselitismo que llega a los soldados profesionales de religión musulmana. Las cárceles se han convertido en el gran vivero del terrorismo islámico nacido en Europa para matar en Europa “o donde sea menester. Los expertos advierten de que todos los días son liberados presos convertidos al islamismo y, de paso, reconvertidos a la yihad terrorista. La Unión Europea sigue fracasando en sus intentos de unificar criterios sobre qué hacer con los soldados de Alá que entraron en las prisiones por el hachis o el cuchillo y que salen de ellas habiendo escalado a la goma 2 y a la guerra santa en su camino hacia las, por otra parte, improbables setenta y dos vírgenes de su paraíso.
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"Los prisioneros quizás se radicalicen mientras están encarcelados, pero sólo se convierten en un peligro para la poblaciones cuando son liberados. Y los fracasos en las deportaciones podrían dejar expuesta a Europa", afirman varios expertos antiterroristas en un reportaje para la cadena estadounidense MSNBC. "La conexión entre criminalidad e islamismo es muy estrecha en Europa", afirma Michael Radu, analista sobre terrorismo en el Foreign Policy Research Institute, muy preocupado por el desarrollo del islamismo en Europa y su relación con el terrorismo yihadista.
Este experto, como otros, advierten sobre el papel extraordinariamente activo que los conversos han tenido y tienen en los atentados terroristas islámicos que se han producido en Europa, dando al término "converso" no sólo el sentido de persona que adopta, en este caso, al Islam como su religión, sino también al de musulmanes no practicantes que en la cárcel se transforman en devotos fieles y, quizás, en guerreros contra los infieles y sus corrompidas sociedades democráticas.
En este sentido, es necesario hacer notar que no existe el concepto de 'converso' dentro del islam, puesto que "todos nacemos musulmanes (pero) algunos nos extraviamos y también algunos regresamos", como afirma un (no)converso español en el medio de los conversos españoles por excelencia.
Aunque Radu cita los casos de Richard Reid, el "terrorista del zapato" británico, y del español José Emilio Suárez Trashorras, no son estos los casos más llamativos “ni exactos- en el papel activo de los conversos en el odio y en la voluntad de destrucción de las antiguas sociedades en las que nacieron. En España, y en relación con el 11-M, destaca en mayor medida el caso de Yusuf Galán, un independentista vasco que llegó a ser interventor de Herri Batasuna en unas elecciones, y que terminó fundando una asociación cultural islámica en Asturias a la que asistieron varios de los implicados en los atentados de Madrid.
En este caso, el converso es un español que entra en la órbita del islam pero, en otras ocasiones, es un marroquí no practicante que estrecha repentinos y radicales lazos con la religión de su entorno sociocultural de origen. Por ejemplo, Mohamed Larbi Ben Sellam, considerado el introductor del salafismo en España y mano derecha de "El Tunecino" o "El Egipcio", quien, por cierto, será extraditado a Marruecos después de que el Consejo de Ministros español autorizara la salida de España de tan crucial pieza en los atentados del 11-M. Jamal Ahmidan, "El Chino", sería otro buen ejemplo de cómo pasar del hachís a la organización logística de atentados terroristas o al suicidio "inmolatorio" en pisos de Leganés cercados por las fuerzas policiales españolas.
Las advertencias sobre la escuela del terror en que se han convertido las prisiones europeas se produce en un momento en que el gobierno español ha presentado un proyecto de reforma del Código Penal por el que los jueces tendrán la potestad discrecional de decidir si un delincuente extranjero es o no expulsado de España tras el cumplimiento de la sentencia.
Para el ministro de justicia, Juan Fernando López Aguilar, se trata de eliminar una discriminación para los delincuentes españoles, puesto que, siendo los extranjeros automáticamente expulsados de España si la condena era menor a seis años, éstos podían tener la percepción de que "lo peor que le puede pasar es la expulsión", mientras los españoles deben cumplir la condena en todo caso.
Por el contrario, para el Partido Popular, en la oposición política en España, esta medida constituye un grave error pues, al dejar en manos de un juez la posibilidad de deportar o no al delincuente, se producirá un efecto llamada para otros grupos delictivos, que cuentan con la posibilidad de que un juez, finalmente, no decida su expulsión del país a pesar de los delitos o crímenes cometidos.
Desde este punto de vista, la reforma prevista del Código Penal permitiría, de aprobarse en los términos propuestos por el gobierno “y en un efecto perverso no previsto pero del que alertan los expertos-, que personas reclutadas en las prisiones para la yihad terminaran quedando libres en España una vez que hubieran terminado de cumplir sus condenas, generalmente de corta duración al tratarse, por lo general, de delitos asociados a la denominada "delincuencia callejera".
La Unión Europea celebró un seminario el pasado mes de marzo en un intento de aunar posturas sobre qué hacer para luchar contra la radicalización en las prisiones y el reclutamiento de yihadistas dentro de sus instalaciones. Sin embargo, no se llegó a ningún acuerdo efectivo y unificado debido a la disparidad de sistemas penitenciarios dentro de la Unión. Por ejemplo, en el Reino Unido se vigila de forma estrecha a los imanes que acuden a predicar a las prisiones, aunque reconociendo que poca vigilancia se puede establecer para prisioneros que hablan en una enorme variedad de idiomas y dialectos para ocultar el contenido de las conversaciones.
Mientras tanto, en Italia, se le dan al prisionero liberado seis meses de gracia para abandonar el país, por lo que, si es capturado de nuevo pasado ese periodo, volverá a ingresar en un centro penitenciario por un lapso de otros seis meses a un año, dando lugar a un ciclo viciado de entradas y salidas en lo que puede terminar constituyéndose como auténticos seminarios en la universidad del terror islámico en que se están convirtiendo las prisiones europeas.
Desde Estados Unidos se observa con enorme preocupación la proliferación de yihadistas europeos, formados en el terror en Europa y, en muchos casos, con documentación y pasaportes europeos que les permiten moverse como tales. De hecho, en el Departamento de Estado se observa ya a Europa Occidental como una amenaza directa contra la seguridad del país norteamericano ante su incapacidad por controlar a una comunidad islámica en la que proliferan elementos radicalizados dispuestos a cualquier cosa y, sobre todo, con documentación legal europea que les permite entrar con plenos derechos en los propios Estados Unidos, en un efecto perverso de la relajación de fronteras impulsada en años anteriores hacia unos aliados de los que nada malo podía esperarse.
Mientras, en Europa los propios servicios de seguridad europeos alertan sobre la capilaridad de los nuevos terroristas, no incluidos en ninguna organización centralizada y, por tanto, susceptible de ser controlada. No pertenecen a grupos sociales determinados, no son ni nacidos en el país ni emigrantes, sino ambas cosas pueden ser, como también pueden ser ricos o pobres, integrados o marginales, musulmanes de nacimiento o conversos de adopción. "Están por todas partes" o "es como buscar una aguja en un pajar" son algunas de las desoladas expresiones que el antiterrorismo europeo utiliza para describir un cáncer que ya no se extirpa en lejanos desiertos sino en el locutorio de la esquina o en el traficante de droga de poca monta que también quiere su parcela en el paraíso de las dudosas 72 vírgenes por barba más o menos larga.
