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España, julio 2006: Los espectros de la Guerra Civil están vivos; los bandoleros y los salteadores de caminos, también

España, julio 2006: Los espectros de la Guerra Civil están vivos; los bandoleros y los salteadores de caminos, también

19.07.06 • 06:36 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

La imagen de España se deteriora como consecuencia de la delincuencia común y lo hace en los ámbitos más sensibles para el turismo. En el transcurso de unas pocas horas, la policía lograba detener a los asesinos de un matrimonio británico residente en la isla canaria de Fuerteventura; la asociación de automovilistas alemana alertaba sobre las bandas que atracan a los viajeros en las autopistas del norte español, y, para rematar, Barclaycard nombraba a España como uno de los cuatro países del mundo donde más fraudes se cometen con las tarjetas de crédito. Sin embargo, también en las últimas horas ha sido el aniversario de la Guerra Civil española lo que ha saltado a muchos medios internacionales en una declarada fascinación por el país donde los fantasmas sobreviven durante décadas hasta adueñarse de la política contemporánea.

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Para la mayor parte de los extranjeros que visitan España, la mayor y más exótica curiosidad que fotografiarán de forma compulsiva no serán los grandes monumentos de fama mundial ni las obras de arte universales que amontonan sus museos sino, precisamente, los "museos" donde cuelgan del techo decenas, quizás cientos de patas de jamón. Los más tímidos fotografían desde el exterior a los perniles colgantes. Los más osados, realizan una fugaz incursión, tomarán la instantánea y saldrán, pies en polvorosa, con la foto que más comentada será al regreso.

Sin embargo, más allá de los tipismos de mesón del XIX reconvertido, las mochilas situadas en la parte frontal del cuerpo -y no en las espaldas, para las que fueron creadas por arcanos y antiquísimos designios- o los bolsos férreamente asidos con rapaz y desconfiada garra, mostrarán una tensión por los modernos bandoleros que, si bien resultan muy atractivos en las románticas novelas decimonónicas, son menos apuestos cuando arrancan pertenencias con escasamente romántica violencia o deslizan en ajeno bolsillo teléfono y monedero sin demasiado aspaviento, en una imagen de impunidad que no deja de sorprender a los foráneos por la pasividad general demostrada, como de acontecimiento costumbrista y sin remedio alejada de los grandes mitos de las serranías andaluzas.

Sin embargo, la asociación de automovilistas de Alemania ha ido más allá y acaba de alertar a los conductores del país de que las "bandas organizadas" que actúan en las autopistas del norte de España (y sur de Francia) no sólo continúan trabajando a placer sino que "se han vuelto más brutales" en su actuación. Por ello, la asociación ofrece una serie de recomendaciones, entre la emergencia y la prudencia, como alejarse cuanto más mejor de la autopista si es necesario descansar por la noche o llevar un buen mapa con los campings bien actualizados si no hay más remedio que detenerse en potencial zona de salteadores de caminos, como quien busca famosa y bien vigilada venta en el camino.

Mientras tanto, tampoco la bolsa, electrónica en este caso, anda muy segura por las antiguas y románticas tierras de los malencarados pero supuestamente apuestos bandoleros españoles. Ahora, ni tan siquiera son nacidos en el país quienes se han especializado en el fraude con las tarjetas de crédito y que han convertido a España en uno de los cuatro países más inseguros en torno al dinero electrónico, en una clasificación que encabeza Turquía pero en la que también se encuentran Estados Unidos y Francia.

La criminalidad pura y dura contra extranjeros también se ha manifestado en las últimas horas con el esclarecimiento por la policía del asesinato de un matrimonio británico residente en Lanzarote. Fueron muertos brutalmente por un residente local que les debía varios meses de alquiler y, después, enterrados hasta que asesinados y asesinantes fueron descubiertos.

Este es un tipo de delito que genera una extraordinaria alarma en el Reino Unido, decenas de miles de cuyos ciudadanos residen de forma permanente o semipermanente en España y que habrán leído los macabros detalles de la historia cuando aún no se han recuperado de otro famoso asesinato, cometido por varios latinoamericanos contra otra pareja británica en otro crimen célebre y reciente.

Pero es la misteriosa “y un tanto romántica, para los extranjeros- pervivencia de los espectros de la Guerra Civil lo que continúa fascinando a la opinión internacional. Los sitios de "defensa del marxismo" se vuelcan con el análisis de la "revolución española (de) 1931-37" mientras informaciones más templadas pero no menos tensas desbocan testimonios de antiguos agravios que resucitan cuando "España intenta curar las heridas de la guerra civil".

En este entorno, algunas agencias internacionales recogían cómo las encuestas demuestran que una tercera parte de los españoles considera que el golpe de estado del General Franco "estuvo justificado". No importa que, según la tendencia del periódico que se resume, el acento se ponga en los errores de la República o en la obligación histórica de desenterrar los cadáveres “físicos y psíquicos- de la carnicería. La noticia es precisamente esa: el país está divido; los medios están divididos: los políticos también están divididos. Sobre todo, los políticos.

El "pacto de silencio" que la prensa internacional recuerda como la solución de emergencia para la transición política que llevó a la democracia tras la dictadura de Franco se resquebraja y se desmorona en las escarpadas laderas del "Valley of the Fallen", el Valle de los Caídos en torno al cual "el gobierno socialista está dando los toques finales a una controvertida ley destinada a ayudar a curar las heridas en el perdedor bando republicano", según la versión, un tanto simplista, de algunos corresponsales en España que ignoran la pervivencia del enfrentamiento, recreando muy distintas circunstancias históricas.

Sin embargo, hasta en las antípodas se reflejan los renacidos viejos conflictos, como el que enfrenta a la Iglesia Católica y al gobierno socialista actual en torno a la educación de los niños, a quienes se pretende enseñar sobre las denominadas "familias de un mismo sexo" con el fin de que, como dice un alto cargo del Ministerio de Educación, "los niños comprendan cómo está organizada la sociedad en la que viven" y se acostumbren a esa versión "sin importar la controversia que cause".



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