Israel, 1967-2006: De la Guerra victoriosa de los Seis Días a la impotencia humillada de las Dos Semanas
X, X¿Qué fue de la inverosímil máquina de guerra israelí que destrozó en seis días escasos a la ofensiva combinada, simultánea y multifrente de los ejércitos de Egipto, Siria y Jordania, apoyados por la Unión Soviética? ¿Dónde el frío arrojo y la nítida visión de Moshe Dayan y su parche del ojo, la perfecta planificación del ya histórico Yitzhak Rabin y la quirúrgica mezcla de fuerza y estrategia desplegada por Ariel Sharon en el Sinaí? ¿Dónde la letal eficacia de un Mossad que marcaba objetivos con frialdad de tablero de ajedrez? ¿Dónde la inteligencia helada del mítico Eli Cohen pudriendo la información de una Siria que terminaría ejecutándole como último pataleo para una increíblemente humillante derrota de la que aún no se han recuperado los árabes y, mucho menos, el mapa de la región, Granjas de Shebaa incluidas como el gran y envenenado pretexto de Hezbollah? ¿Por qué no puede el masivo ejército judío de 2006 con la feroz resistencia de unos pocos semiterroristas-semimilicianos que siguen arrojando katiushas en aparente impunidad entre graves bajas israelíes?
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En la mañana del jueves, en Israel se esperaba una tormentosa sesión del consejo de ministros, donde algunos miembros del gabinete iban a expresar de forma agria y airada su protesta por la forma en que se está llevando la guerra contra Hezbollah en el Líbano, en especial tras el desastre en bajas de ayer miércoles. Finalmente, el gabinete ha conseguido resistir las presiones para no ampliar de forma masiva las operaciones en el sur del Líbano y, por tanto, continuará con sus "incursiones limitadas" apoyadas por la aviación.
En Israel cunde el nerviosismo. Es cierto que las guerras de Oriente Próximo y Medio ya no forman los frentes clásicos de ejércitos enfrentados donde el poder y la estrategia juegan sus bazas en el arte de la guerra. Es cierto que en la zona ya no se combaten guerras tradicionales sino las sucias guerras asimétricas en las que ejércitos regulares y disciplinados deben lidiar con milicianos-terroristas que se camuflan entre la población civil y con soldados de Alá que no sólo no temen morir, sino que lo desean en último acto de "martirio" en desigual correspondencia con el soldado profesional que, más allá del valor, también valora su vida. Todo eso es cierto. Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿Qué separa a la letal eficacia militar del Israel de 1967 de la impotencia ofensiva y defensiva del Israel de 2006?
Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah, lo reconocía en las últimas horas: "(Antes del secuestro de los dos soldados israelíes) les dije (a los líderes políticos libaneses) que debíamos resolver el tema de los prisioneros (propios en Israel), y que la única forma de resolverlo era secuestrando a soldados israelíes". ¿Cómo es posible que la inteligencia israelí no conociera esos planes? Mientras, todos los días siguen cayendo katiushas en territorio israelí y las fuerzas de Hezbollah presentan una férrea resistencia tras más de dos semanas en las que la aviación hebrea se ha empleado a fondo. ¿No están identificados los objetivos, las zonas donde romper el operativo chiíta?
"El nivel de información de inteligencia que las fuerzas armadas israelíes han recopilado sobre Hezbollah en los últimos años ha sido muy pobre. Se podría decir que incluso patético", dice un comentarista en el Yedioth Ahronoth, el diario más leído en Israel. "No me refiero a información estratégica sino a inteligencia básica sobre los objetivos enemigos, la información elemental necesaria para cualquier operación militar, las que cosas que estaban por bajo de sus propias narices", añade.
"Quiero decir información que tenga que ver con los tipos de armamento que el enemigo tiene a su disposición, sus sistemas de comunicaciones, el tamaño y localización de sus posiciones -con exactitud, no aproximadamente-, su profundidad, cómo están camuflados, y docenas de otros pequeños y grandes detalles sobre el enemigo", continúa el columnista. "Pero ha habido demasiadas sorpresas esperando a nuestras tropas, empezando con el secuestro de los dos soldados hace dos semanas, y continuando con las unidades Maglan y Egoz viéndose enredadas. Y la guerra por tierra sólo acaba de empezar", admite con desaliento.
"La política del bocazas", titula su editorial otro de los grandes diarios israelíes, el Haaretz, machacando incluso la política informativa seguida por un ejército que calificaba a Hezbollah de "bandas" en un intento de "devolverlos a su verdadero tamaño". Pero las "bandas" se han demostrado capaces de una resistencia feroz que el poder israelí no está siendo capaz de doblegar. Nunca se debe desestimar la capacidad de respuesta del enemigo, advierten, desolados, antiguos miembros del Mossad.
En las columnas periodísticas israelíes se empieza a debatir incluso si la utilización de fuerza masiva era lo más "efectivo" para neutralizar a los provocadores vecinos, tanto los de los qassams en Gaza como los de los katiushas en el Líbano. "¿Necesitamos continuar (con la guerra)? Estados Unidos puede querer que continuemos golpeando a los representantes de Irán y Siria en el Líbano pero ¿es ese el interés real de Israel?", se pregunta el experto.
De las acusaciones de fallos en la inteligencia operativa a las imputaciones de errores en el planteamiento del conflicto y en su posible resolución, Israel ve con sorpresa cómo la humillación que infringió a tres poderosos ejércitos árabes en 1967 le es ahora devuelta por unos pocos miles de milicianos barbudos con ganas de guerra... asimétrica, por supuesto.
