NUEVO DIGITAL Internacional - Reconquista 2.0. “ España, en el punto de mira (2/2) “ La "moda" de lo andalusí barre entre conversos, terroristas, supuestos moriscos y hasta entre indígenas americanos
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Reconquista 2.0. “ España, en el punto de mira (2/2) “ La "moda" de lo andalusí barre entre conversos, terroristas, supuestos moriscos y hasta entre indígenas americanos

Reconquista 2.0. “ España, en el punto de mira (2/2) “ La "moda" de lo andalusí barre entre conversos, terroristas, supuestos moriscos y hasta entre indígenas americanos

28.07.06 • 07:17 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

El acoso islámico/islamista a la España moderna es múltiple, con variados grados de agresividad. Los denominados musulmanes moderados intentan inculcar la idea de que Al Andalus nunca desapareció porque España, y muy especialmente Andalucía, siguen siendo musulmanas, empezando por su propia "sensibilidad". Desde estos medios de los conversos españoles al islam se va incluso más allá y se insiste ante todo tipo de foros en que Al Andalus no sólo no ha desaparecido sino que "somos aún moriscos". Mientras tanto, amparados en este clima de 'recuerdo' y revisionismo negacionista de las España histórica y moderna, exóticos terroristas de múltiples latitudes se ponen el apellido 'Andalusí' precisamente para reforzar su personalidad 'reconquistadora' contra los 'cruzados'.

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Hablando de moriscos, no sólo se reivindican sensibilidades y realidades supuestamente vivas sino que supuestos descendientes de los expulsados ya exigen que España pida perdón por la expulsión, como se manifiesta en las dos cartas que un marroquí ha dirigido al Rey de España demandando una "reparación del agravio hecho a los musulmanes andalusíes expulsados de España", "agravio" que se vincula directamente con la "latente hostilidad", "tensión, desconfianza y recelo entre España y Marruecos".

La 'moda' de Al Andalus ha traspasado las fronteras y ya no extraño encontrar múltiples personajes de todo tipo que se auto(re)bautizan con el "apellido" Andalusí. La "moda" es especialmente activa entre radicales y terroristas de distinto pelaje, el último Assem Hammoud, el musulmán libanés cazado a principios de mes en Beirut cuando ultimaba un plan para volar “con "martirio" de por medio- los túneles de comunicación bajo el río Hudson en Nueva York. Este sujeto cambió su nombre por el de Amir Andalousi, es decir, el Emir Andaluz, algo así como el Príncipe de Al Andalus.

Los expertos insisten una y otra vez en que pocos símbolos -quizá ninguno, salvo la Jerusalén bajo control israelí- son tan poderosos en el moderno islamismo contemporáneo como la derrota final de Al Andalus a fines del siglo XV a manos de los reyes cristianos españoles, un momento que, en su opinión, marcó el final de la edad dorada del islam en el mundo y que ahora se quiere vengar primero, para restaurar después la parte del imperio que renegó de la verdadera fe por la fuerza de las armas de los "cruzados".

El adoctrinamiento es constante, machacón, comenzando por los niños bajo la tutela de Hamas -gobernando la Autoridad Palestina- o de los Hermanos Musulmanes -en el parlamento egipcio. En sus libros de texto, en sus páginas web en Internet, los Hermanos Musulmanes enseñan que Sevilla y el resto de Andalucía pertenecen a la "patria musulmana", mientras Hamas llama a la capital andaluza -auténtica obsesión islamista- "la novia de Al Andalus" que se anuda al cuello un río "más hermoso que el Nilo" en una tierra que sólo puede ser descrita como un "paraíso perdido" que debe ser recuperado para la Umma, la comunidad de fieles.

Muy lejos de los feudos de Al Qaeda, Hamas o de los Hermanos Musulmanes, los conversos latinoamericanos al islam no se reconocen en sus herencias indígenas americanas o en la cultura dejada en el pasado colonial sino que saltan directamente, en increíble pirueta, hacia el Al Andalus del que se consideran no sólo seguidores sino herederos directos. En ese contexto comienzan a florecer organizaciones de hispanos conversos que "reclaman su herencia islámica" y rechazan con furia al catolicismo como una religión de los cruzados/colonialistas de la que reniegan para regresar a su "historia ancestral" bajo los míticos y falsos oropeles de un paraíso que nunca existió.

En España, con la prudencia que las declaraciones a un medio presuponen, el presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, Jacobo Israel, declaraba a finales del año pasado a Nuevo Digital: "Es evidente que, si dentro de unos años tenemos una minoría musulmana con el volumen de la francesa, pueden ocurrir otros fenómenos en relación con el mito de Al Andalus".

En opinión de muchos expertos, mitos tan poderosos como el de la "reconquista" de la España musulmana pueden actuar como incendiaria bandera que termine aglutinando cualquier tipo de crisis bajo grandes y renovados movimientos históricos de recuperación del 'honor perdido'.

Por ejemplo, el diputado del Partido Popular, Gustavo de Arístegui, veía, también en diciembre del año pasado y así mismo en declaraciones a Nuevo Digital, un riesgo mucho más concreto al advertir que "una parte de los musulmanes que viven en España no renuncian a la 'reconquista' islámica de España; unos de forma teórica, y otros de forma activa".

Esa misma dualidad entre "duros" y "blandos", entre "radicales" y "moderados", entre quienes prefieren una "reconquista" de Al Andalus por la fuerza de las bombas y los atentados, y quienes optan por confiar en la alta capacidad reproductiva de las comunidades musulmanas en Europa para ganar, no con profecías sino con las matemáticas demográficas se ve apoyada por una especie de constante fuego de apoyo por el que, según el "revisionismo" histórico de los conversos españoles, no sólo somos herederos de Al Andalus sino que aún existe de forma concreta y palpable en Andalucía, oprimido y reprimido por la supuesta España intolerante que, también en constante acción de desgaste, no dejan de 'denunciar'.

Sin embargo, en definitiva, todas esas estrategias convergen en el fin común de la "recuperación" del paraíso perdido de Al Andalus, junto con la de Jerusalén, las dos grandes humillaciones míticas por las que Zawahiri y los suyos juran una y otra vez que nos harán pagar.



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