NUEVO DIGITAL Internacional - La guerra del Líbano abre profundas grietas en la alianza entre Israel y Estados Unidos mientras Irán se proclama "en el clímax del poder y la majestad"
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La guerra del Líbano abre profundas grietas en la alianza entre Israel y Estados Unidos mientras Irán se proclama "en el clímax del poder y la majestad"

La guerra del Líbano abre profundas grietas en la alianza entre Israel y Estados Unidos mientras Irán se proclama "en el clímax del poder y la majestad"

31.07.06 • 06:27 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Más allá de las visiones sensacionalistas con las que diputados socialistas españoles calientan la hostilidad del gobierno español hacia Israel, la guerra del Líbano está envenenando calladamente las relaciones entre Washington y Tel Aviv. En el otro lado, las cosas también se mueven. Y mucho. Mientras la sunita Al Qaeda lanza un llamamiento para apoyar a la chiíta Hezbollah en el Líbano -apoyo paralelo a sus carnicerías de chiítas en Irak pero viendo cómo pierde terreno frente a la organización de Nasrallah-, maniobrando por detrás de todos, Irán proclama a los cuatro vientos que su república islámica se encuentra "en el clímax del poder y la majestad" a la vez que anuncia un endurecimiento de su posición en el reto nuclear a la comunidad internacional.

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Son sólo indicios por debajo de las correctas declaraciones políticas que no desean añadir más estruendo al de los misiles. Pero la prensa de Estados Unidos y la de Israel han comenzado a cruzarse duros e inauditos reproches a través de columnistas mucho más excitados de lo habitual entre aliados hasta ahora incuestionables, coincidiendo con un Irán que se frota las manos y se proclama más influyente que nunca, más poderoso que nunca, mientras continúa fortaleciendo sus alianzas regionales, por ejemplo, con Chávez en Teherán.

En Washington se sabe que el bombardeo del edifico de Qana dinamita de paso todos los esfuerzos de Rice por conseguir un acuerdo de alto el fuego por débil que fuera, algo que llevarse a la boca diplomática. Condoleezza Rice lo ha comprendido y ha cogido el avión de vuelta a casa en medio de un clima de furia popular que hace inviable que el gobierno libanés pueda manejar las sutilidades de un acuerdo de los que necesita la zona.

Mientras Washington exige que Israel extreme el cuidado en evitar víctimas no combatientes -sabiendo que cada misil que provoca muertes civiles también provoca tremendos daños diplomáticos en la Casa Blanca-, mientras, en definitiva, el nerviosismo cunde en la administración Bush por la falta de resultados efectivos en la ofensiva, en Israel han comenzado a revolverse contra quienes líderes de opinión extraordinariamente agresivos con el aliado llaman ahora el "amo" a quien Israel sirve como un "vasallo".

El influyente columnista israelí Ze"ev Sternhell escribía en el aun más influyente diario Haaretz: "Y una palabra sobre el precio del apoyo americano. Algunas veces parece como si el presidente George W. Bush, quisiera que Israel destruyera al Líbano y simultáneamente soportara dolorosas pérdidas. De esa forma, Israel le facilita un excelente pretexto para la guerra en Irak: la lucha contra el terrorismo es mundial, el precio en sangre es el mismo, los métodos de operación y los medios son idénticos, y el tiempo necesario para la victoria es largo. El vasallo israelí está sirviendo a su maestro no menos que el maestro está atendiendo a sus necesidades".

La dureza de las palabras de Sternhell contra la manipulación que ve en Estados Unidos -en un artículo escrito antes del bombardeo sobre Qana-, tiene su contrarréplica desde Estados Unidos, donde muchos observadores comienzan a destacar que Hezbollah es un grupo de actividad regional, que nada tiene que ver con la guerra global contra el terrorismo, y que Washington vuelve a equivocarse en considerar al conflicto del Líbano como una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos y del mundo, como antes se equivocó -de forma extremadamente grave- en su percepción estratégica de Irak.

Desde Estados Unidos se alerta de que Hezbollah es un grupo que ha realizado determinadas actividades delictivas en Estados Unidos, como el contrabando de cigarrillos, pero con el único fin de financiar a la matriz en el Próximo Oriente y no para cometer atentados dentro del territorio estadounidense. Frente a este tipo de grupos -en el que se incluye también a Hamas-, se encuentran los movimientos de terror global, de inspiración salafista y, por tanto, sunita, frente a los chiítas movimientos regionales apoyados por Irán.

"Los yihadistas mundiales piensan mucho más grande" que estos movimientos regionales, y aspiran a extender su "práctica pura del islam y a establecer un califato desde España a Irak, en todas las tierras en las que una vez el islam dominó". Aun admitiendo que algunas veces chiítas y sunitas cooperan, lo que Estados Unidos se está jugando es el apoyo de aliados cruciales en el mundo árabe “Egipto, Turquía- que no comparten la visión global terrorista de Bush donde se mezclan grupos regionales con organizaciones mundiales.

Todo esto degenera en una brutal pregunta: "Calificando la batalla contra Hezbollah como parte de la guerra contra el terrorismo, la administración (Bush) está oscureciendo las auténticas cuestiones en la crisis y negando al público estadounidense un debate sobre ellas: cuánto deberíamos hace por Israel y que deberíamos hacer con Irán".

En el endiabladamente complejo ajedrez del Próximo y Medio Oriente, la cuestión para Estados Unidos debería ser si es acertada su estrategia de apoyo incondicional a Israel -apoyo cada vez más templado, como se está viendo por las llamadas a la mesura y por la frialdad de Rice en Tel Aviv- con el fin de castigar a Irán a través del castigo a Hezbollah. Es decir, la cuestión es hasta dónde debe llegar Estados Unidos en el apoyo a su aliado.

Considerar el conflicto como parte de la guerra global contra el terror llevaría a otro gravísimo error de percepción como el de considerar a Irak una pieza clave en ese sentido y a inflamar una nueva zona, más allá de un conflicto regional, con características de guerra global. Y eso, por supuesto, afecta incluso con mayor rotundidad a Hamas, en el frente palestino de Israel.

En este sentido, incluso movimientos regionales muy concentrados en el espacio, como los salafistas argelinos, continúan actuando en sus respectivas zonas sin perder de vista que su misión es extender la "palabra de Alá" por todo el mundo, como hijos que se consideran de Tariq bin Ziyad, el hombre que conquistó España y cuya última derrota quiere ser vengada cuanto antes, más allá de los odios cercanos que y próximos que Hezbollah y Hamas desarrollan en alrededor de sus ámbitos inmediatos de actuación.

En otras palabras: ¿es la guerra contra Hezbollah en el Líbano un frente más de la guerra que se manifestó en la estación de Atocha de Madrid o en el World Trade Center de Nueva York o es una nueva trampa “como la de Irak- que mete a Estados Unidos en un nuevo campo de minas?

El pulso entre Israel y Estados será más callado y más sutil. Pero de la nueva guerra del Líbano también saldrá un nuevo mapa geopolítico que ya se estremece con cada bomba que provoca una baja civil en Qana o en Beirut.



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