NUEVO DIGITAL Internacional - Israel, en su 'Crisis del 98': La opinión pública se abandona al derrotismo en medio de conatos de revueltas y agrios reproches entre sectores de opinión
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Israel, en su 'Crisis del 98': La opinión pública se abandona al derrotismo en medio de conatos de revueltas y agrios reproches entre sectores de opinión

Israel, en su 'Crisis del 98': La opinión pública se abandona al derrotismo en medio de conatos de revueltas y agrios reproches entre sectores de opinión

03.08.06 • 06:57 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Ayer, un grupo de reservistas, en su mayor parte procedentes de asentamientos de Judea y Samaria, amenazaron con no presentarse a sus unidades para combatir en el Líbano si no reciben "explicaciones" de sus jefes sobre las declaraciones del primer ministro Ehud Olmert en el sentido de que estaría pensando en una retirada de parte de la relativamente pacífica Cisjordania cuando se estabilice la situación bélica. Los reservistas han sido claros: "No estamos preparados para arriesgar nuestras vidas con el fin de promover la ejecución de ese peligroso plan". En Israel ya hace días que el desconcierto por la falta de resultados concretos de la guerra está cediendo el paso a conatos de revuelta así como hasta hace unos pocos días impensables sugerencias, acusaciones y reproches en lo que cada vez se parece más a un "noventa y ocho" israelí.

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Y es que, ciertamente, hace tres semanas, antes de la guerra y en los primeros días tras la provocación directa de Hezbollah que originó el incendio del conflicto, pocos en Israel habrían sugerido abrir el diálogo con Irán, el país que ha amenazado explícitamente con borrar a su archienemigo de la faz de la tierra como la menor de sus bravuconadas apoyadas por su desafiante programa de enriquecimiento de uranio. Pero ahora es nada menos que un antiguo jefe del Mossad quien sugiere cómo, quizás, "ha llegado el momento de hablar con Irán".

Es lo que Ephraim Halevy denomina -un tanto eufemísticamente con el fin de hacer tragar la píldora- "creatividad diplomática" para afrontar una situación en la que "ninguna fuerza internacional va a desarmar a Hezbollah", por lo que Israel debería combinar una "victoria en el campo de batalla" con pasos diplomáticos tan agresivos como la apertura de una línea de diálogo con quien está detrás de todo el embrollo -aunque niegue acusadoras evidencias que sus aliados afirman en público.

Sin embargo, en Teherán, el ambiente no está precisamente para aperturas de diálogos. A finales de la semana pasada, Chávez y Ahmadenijad se retaban en rueda de prensa conjunta retransmitida por la televisión iraní a ver quién insultaba con mayor y más viril vigor a Israel.

Ante un Ahmadenijad que asentía complacido, Chávez clamaba -entrecortado por la furia contenida, por las emocionadas referencias a Bolívar y a Sucre, y por la traducción al parsi- en referencia a Israel: "¿Quieren guerra? Busquen un ejército de verdad. ¿Quieren guerra porque el demonio lo tienen por dentro? ¿Por qué no se comportan como soldados? Yo soy un soldado. Vengan contra nosotros los soldados. ¡Pero qué cobardes! Bombardear albergues de mujeres y de niños que no tienen ni una piedra para defenderse (...). Les digo desde aquí, desde Teherán, una y mil veces: asesinos, cobardes" (Vídeo - español, y parsi con traducción al español -subtítulos en inglés).

Por su parte, el presidente iraní tampoco parecía abrir puentes diplomáticos con un Israel al que calificaba de "régimen corrupto" antes de pronosticar un "rápido final" para el "régimen sionista" y para quienes "les apoyan", en declaraciones coincidentes en el tiempo con las exultantes alabanzas de la diplomacia occidental sobre el "papel estabilizador" de Teherán en la zona.

Ante este panorama, y sobre todo, ante la falta de resultados concretos en el campo de batalla, las voces más críticas con el ejecutivo se están lanzando a una descarnada batería de acusaciones simultáneas a las mayores ofensivas de katiushas hacia territorio israelí desde el comienzo de la guerra, a tres semanas de iniciada la ofensiva y con incontables "raids" de por medio por parte de los cazabombarderos de Olmert.

Ze"ev Sternhell, el mismo e influyente columnista que hace unos pocos días se rebelaba contra la posición de un "vasallo" Israel que le estaría haciendo el juego sucio al "amo americano" en el Líbano, clamaba ahora no sólo contra la falta de preparación israelí en la "guerra más fracasada" de su historia sino contra la paulatina reducción de objetivos tras la falta de éxito de la campaña: "Desde la restauración del poder de disuasión de Israel, eliminando a Hezbollah, y desarmándolo inmediatamente" hasta llegar al presente y mucho más modesto objetivo de "desmantelar las líneas más avanzadas de Hezbollah y desplegar una fuerza internacional para defender el norte de Israel de la posibilidad de un nuevo ataque".

Precisamente, hace unas horas, Olmert exigía que las tropas que envíe la comunidad intenacional sean "soldados de verdad y no jubilados" como los que formaban parte hasta ahora de la ineficaz fuerza de las Naciones Unidas en la zona.

Mientras tanto, la crítica hacia los últimos gobiernos en Israel incidía en un interesante y grave problema estratégico para explicar el fracaso de la supuestamente poderosa máquina de guerra israelí apoyada por su masiva aviación.

Desde hace seis años, Israel se habría "hipnotizado" con el "peligro palestino" lo que, independientemente de las supuestas, desastrosas y contradictorias consecuencias que habría tenido el bloqueo en la creación de un auténtico estado palestino, habría llevado al ejército a concentrarse en las muy limitadas operaciones de la intifada palestina, en vez de continuar entrenándose para guerras a gran escala.

En otras palabras, las fuerzas armadas israelíes se habrían convertido en una especie de cuerpo antidisturbios con el que enfrentarse a las pedradas palestinas y habrían dejado de lado "el entrenamiento en grandes unidades y operaciones complejas" como las que las guerras regionales han llevado históricamente a Israel en su acosada situación en el mapa del Próximo Oriente.

Entre estos agrios reproches, entre ex jefes del Mossad recomendando abiertamente el diálogo con Irán, entre las redobladas ofensivas que llegan desde los chiítas del norte y su, al parecer, inagotable caudal de misiles, en medio de todo eso, en el interior, la palabra "quintacolumna" es escupida simultáneamente hacia algunos destacados parlamentarios árabes en el Knesset.

Azmi Bishara, un parlamentario árabe israelí especializado, por otra parte, en aparecer en las televisiones siria y libanesa, aseguraba sin titubear que "Hezbollah no va a ser derrotada", que Israel está cometiendo "genocidio" con los chiítas y que, por decir eso, no se siente un "traidor".

No opinan lo mismo en el consiguiente foro, donde las palabras "traidor" y "quintacolumnista" son las más suaves que se pueden leer en medio de un panorama israelí cada vez más desconcertado y que, de haber tenido el éxito en el frente que todos esperaban, a estas alturas estaría ignorando “como siempre hizo- a los "quintacolumnistas" y "traidores" a los que la democracia judía permitió y aún permite sentarse, bien seguros, en su parlamento.



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