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Nuevo y gravísimo fallo de inteligencia: El ejército de Israel se enfrenta a armamento ruso de última generación que no creía en poder de Hezbollah

Nuevo y gravísimo fallo de inteligencia: El ejército de Israel se enfrenta a armamento ruso de última generación que no creía en poder de Hezbollah

10.08.06 • 06:43 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Amir Peretz, ministro de defensa israelí, dejó ayer bien claro quién era el enemigo de Israel en la guerra, más allá de Hezbollah: "Estamos combatiendo al comando en vanguardia de Irán, equipado con armas modernas y sofisticadas, incluyendo misiles rusos antitanque". La acusación es grave y directa, y viene a confirmar informaciones periodísticas israelíes de principios de semana. Autoridades militares en Moscú han desmentido enérgicamente que Hezbollah disponga de armas rusas de última generación vendidas a Siria, aunque, con la boca pequeña, admiten alguna posible triangulación. En todo caso, la práctica totalidad de las bajas israelíes son causadas por este letal armamento. Tel Aviv cayó en la provocación de la guerra sin saber a lo que se enfrentaba en realidad.

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Con 35 o 40 años, son ya un poco mayores para la línea de frente, pero aún saben colocar una bala en un círculo de milímetros cuadrados desde cientos de metros de distancia. Antiguos francotiradores que lucharon en Chechenia o en Afganistán se han unido a las fuerzas armadas israelíes encuadrados en la mítica Brigada Golani. Se les describe como "la nueva arma" del ejército israelí que entra en combate después de emigrar a Israel a comienzos de los años noventa. Pero todos saben que, élite sobre élite, los precisos disparos de los francotiradores de la Golani no serán suficientes para detener a un enemigo que presenta la resistencia y el equipamiento de un ejército bien disciplinado y con medios casi ilimitados.

Una vez más, la inteligencia israelí parece ser la última responsable de que el ejército hebreo se enfrente a un enemigo infinitamente mejor preparado y equipado de lo que ni en las peores pesadillas habían imaginado quienes desencadenaron la represalia. En primer lugar, nadie advirtió a Tel Aviv de la operación de provocación que Hezbollah “quién sabe si teledirigido por Irán en una maniobra de división del bloque occidental en contra de su programa nuclear- preparaba contra Israel.

Pero, lo que es más grave, nadie advirtió del gigantesco arsenal que esperaba a las fuerzas israelíes más allá de la frontera libanesa. Gigantesco en cantidad y en calidad. Casi noventa soldados israelíes han fallecido en combate desde que se inició la guerra y todos, menos poco más de una decena, murieron por la acción de cohetes antitanque, los letales RPG-29 de fabricación rusa, rediseñados en una nueva versión para reventar incluso los blindajes de explosión externa o las masivas protecciones de los Merkava. Por si fuera poco, Hezbollah utiliza también este armamento antitanque como arma ofensiva directa contra la infantería, demostrando de paso que se puede permitir esos lujos.

Según informaciones de la prensa israelí, tras uno de los frecuentes ataques de Hezbollah al ejército israelí a finales de 2005, las autoridades militares enviaron a Rusia la carcasa de uno de los misiles para que se analizara su procedencia, en el supuesto (israelí) de que el RPG-29 había sido vendido a Siria y, obviamente, había terminado en manos de Hezbollah. Rusia contestó entonces que, sin el número de serie, era imposible saber si esa pieza en concreto había sido pagada por Damasco.

Las informaciones de la prensa hebrea “confirmadas ayer por el propio ministro de defensa israelí- fueron recibidas por los rusos no sólo con escándalo sino con arrogancia. El vicepresidente de la Academia de Conflictos Geopolíticos, el coronel general Leonid Ivashov, decía a Interfax que "si Hezbollah hubiera conseguido armamento moderno de choque, incluidos lanzadores de granadas, las bajas (israelíes) habrían sido incompatibles con las cifras actuales". Sin embargo, otros institutos rusos no desmentían con tanta rotundidad.

Un alto responsable del Centro de Previsión Militar Anatoly Tsyganok también descartaba que modernas armas antitanque rusas hubieran terminado en manos de Hezbollah vía Siria o la propia Rusia. Sin embargo, sí admitía la posibilidad de que, habiendo sido vendidas a "India, China y otros países", hubieran terminado en manos de la organización chiíta a través de terceros países.

Se haya producido como se haya producido la triangulación, el caso es que Israel se enfrenta a armamento extraordinariamente sofisticado para el que no estaba preparada ni táctica ni estratégicamente, y mucho menos con un material bélico incapaz de enfrentar con éxito el disparo de armas que hacen mucho más daño del previsto para un enemigo que es capaz de utilizarlas, además, desde una casi absoluta impunidad de represalia, a casi dos kilómetros de distancia, sólo neutralizable a través de la lotería artillera.

Es más, analistas israelíes especializados en defensa denuncian que el ejército hebreo se está enfrentando a armamento nunca utilizado antes, ni en las guerras abiertas previas ni en las acostumbradas escaramuzas fronterizas que ya habían calentado el ambiente. Por ejemplo, los Sagger o, bajo su denominación iraní, Ra"ad, y los más modernos Kormet y Metis rusos, ambos guiados por láser contra los que el blindaje de los Merkava poco pueden hacer. Oficiales veteranos israelíes confiesan que, la última vez que vieron en acción todo este armamento, fue en 1993, y, entonces, no estaba tan sofisticado como hoy en día.

Es más: la aviación israelí ya vuela con prudencia en el supuesto de que Hezbollah disponga de misiles iraníes antiaéreos iraníes SA-18, especialmente letales contra helicópteros pero también contra aviones. Aunque ninguno ha sido disparado por el momento, en el cuartel general hebreo se temen que poco podrían tardar en aparecer. De hecho, en abril de 2003, boletines de inteligencia ya afirmaban que habían sido adquiridos por Hezbollah.

Todo hace pensar que Israel cayó en una provocación meticulosamente calculada para la que Hezbollah, y sus patrocinadores en Damasco o Teherán, se habían preparado concienzudamente. En Tel Aviv pensaban enfrentarse a unos miles de milicianos barbudos dispuestos al martirio y, sin embargo, se han encontrado con un disciplinado ejército armado hasta los dientes dispuesto a dar el martirio a la otra parte, precisamente la que no lo desea.



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