Abuelos punto com: Miles de ancianos argentinos se lanzan al aprendizaje de Internet para comunicarse con sus hijos y nietos emigrantes en el extranjero
X, XMiles de ancianos argentinos han decidido dedicarse de lleno al aprendizaje de la cultura de Internet con el único interés de estar más cerca de sus hijos y nietos que se fueron a vivir al exterior. Sin preocuparse por las dificultades que plantea la informática, mujeres y hombres en el ocaso de la vida se enfrentan al desafío para no perder el contacto familiar. "Lo primero es la familia, siempre", asegura a coro un grupo de abuelos apostados frente a los ordenadores de un reconocido centro cultural de Buenos Aires. A diario viajan hasta allí para zambullirse en "el fantástico mundo de la nueva juventud", como ellos mismos lo definen.
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Afirman que no los mueve un interés particular por las nuevas tecnologías, sino más bien la necesidad de mantener un contacto casi permanente con sus seres queridos que se han ido a vivir lejos. En poco tiempo han aprendido a mandar correos, a chatear con sus propios nietos y ya empiezan a convertirse en expertos navegantes de Internet.
La escena del salón del centro cultural colmado por hombres y mujeres que en su mayoría han superado los ochenta años no es un dato en abstracto. En realidad es una pequeña muestra del auge que ha generado entre las personas de tercera edad la necesidad de acercarse a un mundo que les era absolutamente extraño.
"Vienen asesorados por médicos y psicólogos que les recomiendan estudiar porque hace bien, pero la mayoría de los abuelos que se anotan en los cursos es para integrarse a la familia que vive lejos. Quieren navegar por Internet, mandar mails y entender el vocabulario de sus nietos. Y para ellos es un gran orgullo lograr eso", explica Nidia Schuster, coordinadora General Pedagógica y del Programa para Adultos Mayores del centro cultural en una entrevista con el diario Clarín.
Salomón Polakoff es el coordinador de los cursos de informática para personas de tercera edad de la Universidad Maimónides. "Cuando era un pibe de 81 años, en el 2001, se me ocurrió crear cursos especiales porque yo mismo reboté en otro lugar. Me había anotado en un instituto para jóvenes pero no pude seguir el ritmo, me sentí mal y abandoné a la tercera clase", recuerda. Por esa casa de altos estudios en los últimos tres años pasaron 830 alumnos. Y en el Centro Cultural Ricardo Rojas son casi mil los que actualmente siguen los cursos de informática para adultos mayores.
Las autoridades del gobierno de la ciudad de Buenos Aires anunciaron que a partir de 2007 se crearán nuevos talleres de informática para los abuelos porque la demanda es cada vez mayor y no logran atender todos los pedidos. En la ciudad de La Plata, en el interior de país, este año más de 150 abuelos pasaron por las aulas universitarias para aprender herramientas básicas en Internet. Los cursos, que se iniciaron en 2005 con sólo 20 alumnos, son coordinados por los mismos profesores que dictan las clases dedicadas a los estudiantes de ingeniería en sistemas e informática.
Quienes analizan el nuevo vínculo que se da entre los abuelos, los ordenadores e Internet advierten de que se trata de un fenómeno que contribuye a "fortalecer la autoestima y la autoeficacia" de las personas de tercera edad. "Es un medio excelente para la inclusión social y el protagonismo; la educación permanente y la recreación; fomentar los vínculos intergeneracionales; dar acceso a información y entrenamiento intelectual; e incrementar la cultura y la comunicación de nuestros abuelos", afirma la especialista Graciela Zarebski.
Sin embargo, la lectura de los propios abuelos está muy lejos de la de los especialistas. Ellos dicen simplemente que no soportan perder el contacto con los nietos que se fueron a vivir al exterior o que quieren comunicarse con sus nietos que viven acá nomás, pero que parecen hablar "otro lenguaje".
"¡Pasamos del punto cruz al punto com!", bromea María Eugenia Rodríguez, una abuela de 88 años después de comprarse un nuevo ordenador, que ella misma describe como "superrápido y ultramoderno". María Eugenia cuenta que decidió tomar un curso de informática podo tiempo después de que dos de sus nietos se fueron a vivir a Alemania y otro a Estados Unidos. "Hablar por teléfono era carísimo, así que aprendí a mandar mails. Ahora también sé mandar fotos", relata contentísima.
Pero si de una experta se trata, María Eugenia recomienda a su vecina Emilia, de 87 años, que ha instalado micrófono y cámara para comunicarse con sus familiares en Madrid. Emilia ya se ha fanatizado con Internet al punto que dedica sus dias a bajar música, compartir fotos y navegar por la web.
