Las policías europeas, alarmadas por el incremento de los 'asesinatos por honor' de mujeres jóvenes entre las comunidades musulmanas residentes en el continente
X, X- CORRIERE DELLA SERA - Brescia: Tofi, "Tragedia di Hina simile a tante altre in Italia"
- LA REPUBBLICA - Il padre di Hina aveva confessato "Non volevo diventasse come le altre"
- THE TELEGRAPH - 'Honour killings' increasing in Britain as women stand up for their rights
- NUEVO DIGITAL (25/05/06) - Las Naciones Unidas investigan los "suicidios forzados" de mujeres en una práctica que sustituye en Turquía a los tradicionales asesinatos islámicos "por honor"
Con ironía macabra, el New York Times se preguntaba y respondía a sí mismo ayer desde el propio titular: "¿Cómo evitar el asesinato por honor en Turquía? Con el suicidio por honor". Sin embargo, la alarma no sólo crece en el país asiático, donde, como informaba Nuevo Digital el pasado mes de mayo, las Naciones Unidas han iniciado una discreta investigación sobre la repentina oleada de suicidios de jóvenes turcas que intentan evitar, en un último sacrificio bajo presión familiar, que sus padres o hermanos terminen en la cárcel por matarlas ellos mismos. El asesinato de Hina Saleem a manos de su propio padre -en un caso que ha conmocionado a Italia- no hace sino profundizar en una creciente inquietud que ya se generó en Europa Occidental hace algunos años, hasta el punto de celebrarse una cumbre policial europea, que, a la vista de los resultados, no pareció obtener demasiados resultados.
Seguimiento:
Ya hace un par de años, la policía de Inglaterra y de Gales tenía previsto reabrir más de cien casos de asesinato bajo la sospecha de que, en realidad, hubieran sido crímenes por honor. Policías europeos se reunían por entonces en La Haya en un clima de creciente alarma y reconocían que se trataba de un tema oculto al conocimiento público, por lo que se desconocía la exacta dimensión de las mujeres de familias musulmanas asesinadas en casos de "deshonra" familiar.
Sí que se sabía ya entonces que muchas familias musulmanas contrataban a asesinos a sueldo para que se encargaran de ejecutar las "sentencias" sobre las mujeres, habida cuenta de que, en las sociedades occidentales, las familias ejecutoras recibirían un castigo que la benevolencia -social y legal- de sus países de origen no contemplaban.
En Turquía, las leyes para este tipo de asesinatos se endurecieron en los últimos años por lo que las familias, airadas con el comportamiento "indecente" o simplemente "independiente" de alguna de las mujeres de la familia, comenzaron a presionar para que fueran ellas quienes, voluntariamente, se quitaran la vida, en un último acto de sacrificio que evitara penas de prisión a los varones de la familia -padres, hermanos- encargados de ejecutar las "condenas".
Sin embargo, no sólo en Turquía crece la alarma ante las prácticas más salvajes de un islam tradicional por otra parte cada vez más presente en la sociedad turca. En el Reino Unido ya se admite sin demasiadas reservas que el problema podría estar fuera de control entre las comunidades musulmanas que habitan en el país. El brutal asesinato de Samaira Nazir, de 25 años y origen pakistaní, por parte de su hermano y de su primo “quienes la apuñalaron dieciocho veces antes de degollarla- se ha convertido en un nuevo símbolo de la brutal tradición islámica.
Samaira había recibido la orden familiar de casarse con un pakistaní relacionado con la familia, pero, en lugar de eso, la joven decidió hacerlo con un afgano, con quien mantuvo su relación en secreto hasta que se vio obligada a "pedir permiso" para llevar a cabo el matrimonio. El hermano no sólo rechazó la propuesta sino que advirtió a su hermana por teléfono de que podrían encontrarla en cualquier lugar si se casaba, "incluso si no estás en este país".
El día en que Samaira murió asesinada había pedido ayuda a su madre para que mediara, pero ésta también la rechazó. Cuando intentó escapar de la residencia familiar el día que acudió a pedir clemencia ya era tarde. En la propia casa recibió una paliza, fue apuñalada dieciocho veces y, después, degollada. El hermano acaba de ser sentenciado a treinta años de prisión con obligación de cumplir no menos de veinte mientras su primo, de diecisiete años, ha recibido una condena por la que estará recluido no menos de diez años.
Sin embargo, las sentencias no son suficientes para detener una alarma que ya se desboca en el Reino Unido con las prácticas de sus comunidades musulmanas y que tiene su reflejo en la prensa de calidad. "Miles (de mujeres) viven con miedo por los asesinatos por honor", titulaba el Daily Mail. "Los asesinatos por honor se incrementan en el Reino Unido según las mujeres defienden sus derechos", resumía el Telegraph.
La policía británica admite que, entre 1993 y 2001, se reconocieron 109 asesinatos por honor. Sin embargo, sólo en 2004, Scotland Yard reexaminó casi un centenar de casos de muertes violentas de mujeres bajo la sospecha de que también se trataba de casos de venganzas familiares por la "deshonra" traída por las jóvenes de la familia.
Los activistas preocupados con la práctica y los escasos políticos que han levantado la voz de alarma destacan que el problema no ha hecho más que empezar puesto que es ahora cuando las familias musulmanas que emigraron durante los años setenta y ochenta al Reino Unido comienzan a tener hijas en edad de casar.
Y, a pesar de llevar residiendo décadas en el país, las tradiciones se mantienen de forma implacable. No así para muchos jóvenes que nacieron en el país, especialmente para las chicas, que, en su mayoría, se acostumbraron a disfrutar de una libertad personal que sus padres nunca tuvieron -ni desearon- ni sus hermanos tampoco parecen dispuestos a conceder.
En Italia, Mohammed Saleem no se arrepiente de haber asesinado a su propia hija. La policía está segura de que el asesinato de Hida no respondió a un momento de cólera sino que fue premeditado. Mientras tanto, también ha arrestado al tío de la víctima e intenta encontrar al cuñado de Hida, que así mismo pudo participar en la escabechina.
Mientras tanto, el ministro italiano del interior, perteneciente al gobierno izquierdista que gobierna el país, ha exigido respeto para "los derechos fundamentales como el que las mujeres deben ser respetadas de acuerdo a las normas que yo considero universales" pero ha responsabilizado a la "especulación inmobiliaria" de la concentración de emigrantes que lleva a situaciones como la de Padua, donde las autoridades se han visto obligadas a rodear la zona con un muro de acero para aislarla del resto de la ciudad ante una criminalidad por completo fuera de control.
