Militares y diplomáticos israelíes se enfrentan por la idoneidad de un acercamiento a Siria mientras Hezbollah se extiende a Gaza y cierra su tenaza alrededor de Israel
X, XImplacable, Hezbollah extiende su influencia directa sobre el Próximo Oriente. La inteligencia israelí ha podido rehacerse de su histórica debacle en la facilitación de información precisa sobre la auténtica dimensión de las fuerzas de la organización chiíta y ahora no sólo desvela que Hezbollah contó durante la guerra hasta con visores nocturnos británicos triangulados irregularmente desde Irán sino que la organización que suplanta al estado en el sur del Líbano ya se ha introducido en Gaza y prepara otro agresivo frente de guerra en la formación de una tenaza para su jurado exterminio de Israel. Mientras, la diplomacia ministerial y la inteligencia militar se enfrentan en Tel Aviv por la idoneidad -y seguridad- de un acercamiento a Siria que, al menos, relaje algún frente de las muchas retaguardias hostiles a las que Israel debe enfrentarse de forma simultánea.
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Israel ha entendido que la situación es demasiado grave -y, sobre todo, demasiado imprevista- como para no comenzar a tomar en consideración una diplomacia de una "agresiva creatividad" por completo inimaginable antes de la guerra. Es en este entorno en el que la ministra de asuntos exteriores ya ha nombrado a un "gestor de proyecto" para unas posibles y futuras negociaciones con Siria que, al menos, disminuyan la presión en uno de las retaguardias enemigas y permita a Tel Aviv concentrarse en la otra retaguardia, la, si cabe, mucho más inquietante que bulle en Teherán.
La ministra Livni se encuentra también ella misma entre dos fuegos, esta vez, amigos: por un lado, la diplomacia a sus órdenes directas advierte de que sería necesario tomar como sinceras las llamadas a la paz realizadas por el presidente sirio; por el otro, la inteligencia militar -quizás ya suficientemente escarmentada por sus fallos de información y, por tanto, deseosa de curarse en salud- asegura que son mucho más creíbles las amenazas militares de Assad.
El pulso se amplía al propio interior del ejecutivo israelí: el ministro de defensa Peretz ya declaró la semana pasada que sería necesario crear las condiciones para un diálogo con Siria. Sin embargo, por encima de él, el primer ministro Olmert se opone a cualquier relajación de su estricta política de boicot a Siria. Mientras, desde Washington se percibe una apertura hacia Damasco aunque no se esperan movimientos claros antes de las elecciones al Congreso de noviembre.
El sector abierto a entablar diálogo con Siria desea que Assad colabore en el embargo de armas a Hezbollah. Además de mostrar una fortaleza quizás necesaria tras los muy dudosos resultados de la guerra, Israel se decidió a romper el alto el fuego en el sur del Líbano -y a afrontar un nuevo y grave daño para su escaso arsenal de imagen positiva internacional- al percatarse de que Hezbollah continuaba rearmándose con apoyo iraní, en quiebra de los acuerdos de la tregua, aunque otros observadores vieron en la incursión un intento de rescatar a los soldados secuestrados o en secuestrar el comando mismo a combatientes de Hezbollah para forzar un intercambio. En todo caso, en estas condiciones, y visto que no puede aplastar directamente a su enemigo, Israel ha decidido que necesita al menos ir reduciendo la lista de adversarios, sobre todo si algunos de ellos maquinan desde Damasco.
En efecto, Israel ya ha comprendido que la situación es mucho más grave de lo que imaginaba y que el cáncer de sus exterminadores se extiende inexorable por la zona. No es ya que Hezbollah contara de forma imprevista con armamento ruso de última generación y que la cuenta siga abierta con Moscú, según se denuncia en Israel, sino que llegó a utilizar visores nocturnos de fabricación británica exportados a Irán para luchar contra el tráfico de drogas.
La inteligencia militar israelí ha descubierto que ese material fue enviado a Irán en el marco de un programa de las Naciones Unidas contra el narcotráfico en la región. Sin embargo, en vez de combatir el contrabando de opio “que, desde los campos de amapolas de Afganistán, está alcanzando máximos históricos-, al menos una parte de los 250 visores nocturnos británicos terminaron en manos de una Hezbollah que fue capaz de monitorizar los movimientos de los israelíes con letales consecuencias para los estrategas militares hebreos.
Según publica hoy el Times de Londres, el gobierno británico ordenó anoche mismo una investigación urgente sobre el caso. Puesto que la exportación de ese material altamente sensible requiere una licencia de exportación, el ejecutivo de Blair quiere saber si alguna compañía británica se saltó esa regulación de forma que los visores destinados a la lucha contra el narcotráfico en Irán terminaran en el sur del Líbano denunciando los movimientos que el ejército israelí creía por completo ocultos por la noche a la vista de sus enemigos.
En este entorno, la inteligencia interna israelí del Shin Bet advierte de que la conocida como "Ruta de Filadelfia" en la frontera entre Gaza y Egipto se ha vuelto a convertir en un coladero de "toneladas de explosivos y cientos de armas" con destino a Gaza. Según estas informaciones, el ministerio de agricultura del gobierno de Hamas habría colaborado en este tráfico y en el de, al menos, millón y medio de dólares, todo con destino a la resistencia palestina y todo proveniente de Hezbollah, que desembarca junto con el héroe Nasrallah para apoyar a Hamas en el odio antiisraelí coincidiendo con los momentos más bajos de la ahora ya vista como extremadamente blanda -y desplazada- Al Fatah.
De forma indirecta, esa nueva y posible colaboración entre Hezbollah y Hamas que ya se denuncia desde la inteligencia israelí bien podría servir de matriz experimental en la formación de un frente común chiíta-sunita que supere el visceral e histórico odio mutuo entre las dos sectas del islam que estalla cada día en decenas de muertos en Irak. En este sentido, el odio mutuo contra Israel podría hacer superar lo que la teología y los clérigos nunca pudieron -ni quisieron- evitar aunque sin olvidar que tampoco los países, y mucho menos Irán, parecen dispuestos a diluir una inquina intersectaria que no hacen sino fomentar, según denuncian partidos chiítas iraquíes sobre el constante atizar de la violencia por parte de Teherán en su vecino país ocupado.
En todo caso, no es sólo un cierre de tenaza sobre Israel sino, sobre todo, la importación a los territorios palestinos de una estrategia de guerra que ya se ha demostrado extraordinariamente potente contra el ejército hebreo en el frente libanés y que, según la inteligencia del Shin Bet, también es ya, de hecho, una nueva, concreta y muy real amenaza, de una potencialidad ofensiva por completo alejada de los hasta ahora acostumbrados cánones de las pedradas de las intifadas.
