La explosión de pandillas en Centroamérica corrompe los cimientos de la sociedad civil y amenaza la economía de la región
XEl impacto de la delincuencia en los países de América Latina es un fenómeno en crecimiento. La marginalidad y la pobreza que amenaza a la mayoría de los estados de la región va consolidando un escenario de violencia que erosiona lentamente los propios cimientos de la sociedad civil. Las bandas vinculadas al narcotráfico arraigadas en México, Colombia y en las principales ciudades de Brasil son una muestra de la situación. Otra la constituyen el auge de las pandillas juveniles, más conocidas como maras, que se han ramificado en Centroamérica con todo tipo de negocios ilegales. Con armas de grueso calibre, niños cada vez más pequeños se convierten en los soldados más activos de las organizaciones delictivas que sacuden la normalidad social y colocan a los gobiernos de la zona ante un verdadero desafío por su supervivencia.
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La integración de las pandillas centroamericanas y su notable expansión a un ritmo inusitado en los últimos años es uno los fenómenos que más preocupa a los analistas regionales. Diversas informaciones facilitadas por las fuerzas de seguridad de El Salvador, Honduras, Guatemala y el sur de México han indicado que en esos países ya son más de 100.000 los denominados 'mareros', jóvenes de sectores marginales que forman parte de algún tipo de pandilla. De ellos, más de la mitad tienen menos de 15 años, pero conocen al detalle la función que deben desempeñar dentro de la organización delictiva a la que se han sumado.
El auge de las maras ya se ha convertido en un gran dolor de cabeza para los sectores económicos de varios países de América Central. Parte de las actividades de las pandillas se ha concentrado en el control de las principales rutas de la región, lo que ha provocado que empresarios y comerciantes que deben transportar sus mercaderías en la zona se vean obligados a pagar miles de dólares para poder desarrollar sus negocios.
De acuerdo con las denuncias de las empresas vinculadas al transporte en esos países, la extorsión de las pandilleros está prácticamente tarifada. Cada vehículo particular paga un peaje irregular de 5 dólares que le exigen los mareros por circular en la zona, en tanto que las grandes compañías se ven forzadas a desembolsar unos 500.000 dólares mensuales a cambio de asegurarse que sus mercaderías lleguen a destino sin inconvenientes.
La actividad del transporte no es la única que se ha visto afectada por el crecimiento de las pandillas en la región. La actividad ilegal de esas bandas delictivas se ha extendido también a los comercios y pequeños almacenes ubicados en los barrios de varias ciudades centroamericanas, donde los propietarios de los negocios también pagan una especie de tributo a los pandilleros para garantizarse seguridad y trabajo.
La explosión de bandas organizadas de jóvenes marginales en la zona se ha convertido en un tema controvertido para los gobiernos regionales, según sostiene el periodista y analista internacional Andrés Oppenheimer, en uno de sus últimos libros dedicado a evaluar la situación especial de los pandilleros. El trabajo del analista advierte que la combinación del aumento de las expectativas y la disminución de las oportunidades para los sectores de menor educación ha generado un cóctel explosivo que irá en aumento, pero considera que las autoridades no pueden responder a ese cuadro de situación con represión.
La advertencia del analista se vincula con la actitud de algunos gobiernos centroamericanos que han apostado a la aplicación de políticas de 'mano dura' contra los jóvenes delincuentes, como el caso del presidente de El Salvador Tony Saca, quien puso en marcha un programa de abierta lucha contra las maras con gran respaldo de la sociedad de su país. Sin embargo, las medidas que llevaron a los efectivos policiales a detener a miles de jóvenes sospechosos de ser pandilleros sólo por el hecho de tener tatuados sus cuerpos generaron todo tipo de cuestionamientos entre organizaciones defensoras de los derechos humanos, que denunciaron una verdadera persecusión desde el estado contra la juventud del país.
A pesar de los enfoques que atribuyen a las maras ser un fenómeno emergente de condiciones de vida precarias generadas por la pobreza y la exclusión, algunos analistas regionales también señalan que algunas de esas pandillas son mucho más complejas que las bandas dedicadas a robos comunes porque han incrementado su adiestramiento militar y han conformado una verdadera estructura interna de inteligencia, copiando el modelo de los ejércitos de élite. En esos casos se trata de maras con alto nivel de peligrosidad que suelen extender su actividad más allá de los límites regionales, lo que para los analistas ha permitido a los pandilleros relacionarse con el crimen organizado y el terrorismo internacional.
