NUEVO DIGITAL Internacional - Nasrallah se disculpa por la guerra después de que líderes religiosos musulmanes desautorizaran la legitimidad de Hezbollah para provocar conflictos "en nombre de la comunidad chiíta libanesa"
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Nasrallah se disculpa por la guerra después de que líderes religiosos musulmanes desautorizaran la legitimidad de Hezbollah para provocar conflictos "en nombre de la comunidad chiíta libanesa"

Nasrallah se disculpa por la guerra después de que líderes religiosos musulmanes desautorizaran la legitimidad de Hezbollah para provocar conflictos "en nombre de la comunidad chiíta libanesa"

29.08.06 • 05:58 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

¿Se había disculpado anteriormente un líder guerrillero en la cumbre de su popularidad? Es más: ¿Se había disculpado anteriormente un líder chiíta a quien la mayor parte de los observadores, enemigos incluidos, reconocen como victorioso y a quien apoya una gran parte de la comunidad musulmana mundial como el nuevo gran caudillo islámico? ¿Alguien se imaginaba a Bin Laden admitiendo en sus homilías en vídeo que no habría atentado contra Estados Unidos el 11-S si hubiera sabido que esas acciones desencadenarían las guerras de Afganistán o Irak? El acto de humildad de Nasrallah admitiendo que nunca habría secuestrado a los soldados israelíes si hubiera sabido que Israel reaccionaría con la contundencia con que lo hizo demuestra algo más que un acto de moderación que algunos pueden interpretar como un intento de "recarga" de legitimidad. En el Líbano se están empezando a escuchar agrias críticas de líderes religiosos contra una guerra que tampoco los libaneses querían, chiítas incluidos.

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En una sorprendente entrevista de televisión recogida por los medios de Beirut con la misma estupefacción que en Occidente, el líder de Hezbollah asegura. "Si hubiera sabido que la captura de los soldados conduciría a este resultado, si Hezbollah lo hubiera sabido incluso al uno por ciento (de certeza), definitivamente nunca habríamos llevado a cabo (el secuestro de los soldados)".

Lejos de los incendiarios discursos que sus valedores internacionales desarrollan desde sus confortables escritorios de Occidente “entre otros, los del ex diputado laborista Galloway y sus virulentas diatribas televisivas-, el líder de Hezbollah quiso tranquilizar a los libaneses pidiéndoles que no tengan miedo ante la posibilidad de una nueva guerra puesto que su grupo ignoraría las "provocaciones israelíes" si estas se produjeran.

¿Qué tienen que ver estos reconocimientos de culpa desgranados sobre las ruinas aún humeantes “por mucho empeño en la reconstrucción que la organización terrorista-guerrillera paraestatal ponga en la reconstrucción, en un papel que merece la atención de la alta prensa financiera internacional- con las violentas proclamas que resonaban desde Irán a Beirut hasta hace no demasiados días?

Como en una pelea callejera sin resultado cierto los dos luchadores quedan exhaustos más allá de las últimas palabras de desafío mientras desesperadamente confían en secreto en que alguien los separe, no sólo Israel se ha hundido en su particular Crisis del 98, con una opinión pública en pleno autocastigo de humillación y con una clase política que se culpa entre ella por lo que se ha hecho (mal) ahora y no se hizo (bien) antes, cuando el peligro crecía y crecía.

No sólo quienes apoyan declarada o veladamente a Israel consideran que el Líbano es -quizás, era- un país secuestrado por las armas de Hezbollah. Ahora también se empieza a decir lo mismo dentro del vecino septentrional de Israel, y son líderes religiosos quienes lo aseguran al afirmar que "ninguna comunidad (libanesa) es más nacionalista y más leal que otra".

En este sentido, nada menos que el muftí de Tiro, una de las ciudades castigadas por la aviación israelí, marcaba contundentes diferencias entre la confesional Hezbollah y el estado de Líbano al exigir para este último la "lealtad" de los ciudadanos.

Según el muftí Sayyed Ali Al-Amin, "la comunidad chiíta en el Líbano no autorizó a nadie a declarar la guerra en su nombre". "Lo que sucedió en el sur no representa la voluntad de la comunidad chiíta, y no es su responsabilidad, sino que fue causada por el vacío que el estado libanés dejó durante años en esta región. Lo que sucedió es el resultado natural de un estado abandonando su deber de defender a una región y a sus ciudadanos".

La contundencia del muftí de Tiro no sólo ataca la supuesta legitimidad de Hezbollah para provocar guerras sino también para acusar de "traidores" a quienes exigen, dentro del Líbano, su desarme. En este sentido, Sayyed Ali Al-Amin se manifiestaba por completo partidario de que sea el ejército libanés quien tome el control de la zona meridional del país y de que se "borren del diccionario de la vida" las "acusaciones de traición en una sociedad (donde diferentes comunidades) viven una al lado de las otras".

Probablemente, muchos comienzan a ver cómo ha sido Irán el único que, realmente, ha ganado de forma contundente la guerra sin que un solo tiro fuera disparado en su territorio, dentro de un increíblemente agresivo expansionismo geoestratégico que le está convirtiendo en una superpotencia con capacidad de reto político directo -y quizás pronto nuclear- a Estados Unidos.

Según un denso análisis del think-tank británico Chatham House, la guerra contra el terrorismo ya ha eliminado a los talibanes y a Saddam Hussein, los dos principales rivales regionales de Irán. Además, el "fracaso" de Israel en derrotar de forma clara a Hezbollah ha reforzado la posición de Teherán contra las políticas estadounidenses en la zona. Y, por si fuera poco, los ayatolas han dejado claro que tienen en su poder la cerilla para encender de nuevo el mar de gasolina del Oriente Próximo.

Pero algunos de quienes han sufrido las bombas que unos cargaron en los aviones pero otros terminaron de arrojar con sus provocaciones parecen cansados y dan muestras de querer alejarse de ese amigo pendenciero que, al final, no deja de meterles en peleas donde poco o nada hay que defender y, menos aun, ganar.



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