La emigración genera una 'aristocracia' en Senegal con las familias que han logrado colocar a uno de sus jóvenes en una playa española
XMientras los emigrantes ilegales africanos siguen llegando por miles a las costas canarias -en el más espectacular coladero español pero ni con mucho el más importante-, las autoridades españolas intentan enviar un tímido mensaje tranquilizador en medio de lo que la ciudadanía –incluso la más próxima al Partido Socialista- ve como un caos absoluto con el que se ceban tanto los gobiernos africanos como los europeos. De pronto, el ejecutivo español -de Interior a Exteriores- parece centrarse en previstas actuaciones represivas -y en contundentes declaraciones amenazantes-, alejado por completo de las pastorales homilías políticas alrededor de la pobreza y el hambre. Sobre el terreno, la prensa senegalesa insiste una y otra vez en que se trata más bien de algo más parecido a la histeria desatada por la fiebre del oro que a una huída de condiciones extremas de vida mientras constata cómo se va creando una orgullosa aristocracia local formada por las familias de quienes consiguieron situar a uno de sus varones en una playa española.
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Desde Helsinki, el secretario de estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León, reflejaba ayer el profundo desaliento que parece haber hecho mella en el gobierno español, una vez abandonadas las caritativas retóricas iluminadas de dramatismo solidario. Tanto León -que ya quiere ver una "salida" a la situación- como el propio ministro del interior español, Alfredo Pérez Rubalcaba, se abandonaban a un lenguaje plagado de referencias a “repatriaciones”, "patrulleras”, "helicópteros", "aviones" y conceptos similares en medio de lo que se describe ya, de forma poco políticamente correcta, como “oleadas” de emigrantes, de forma más políticamente adecuada como un mercado laboral saturado, y de forma ya abiertamente coercitiva como sumarias identificaciones e inflexibles interrogatorios a pie de campo de agrupamiento que puede terminar en encarcelamiento por dos años de regreso en Senegal para enfriar los ánimos de quienes piensen en volver a intentarlo.
Por ocho millones de euros
De pronto, el desaliento malamente encubierto con una frenética actividad diplomática española que tan poco obtuvo en Europa o en África se ha convertido en una leve esperanza tras la visita a Madrid del ministro del interior senegalés. Como ya se avanzaba días antes en Nuevo Digital, los senegaleses reservan las visitas a domicilio para cerrar los tratos bajo la presión de las “oleadas” de emigrantes en una política en la que el país sometido a los masivos desembarcos es a la vez culpable y beneficiario de la situación, por lo que debe resarcir en todo caso al país emisor, en este caso, ellos mismos.
Bastó con que el presidente senegalés se quejara en público de que España no había aflojado los ocho millones de euros prometidos con anterioridad para que, tras desembolso en firme de Madrid, hayan comenzado a aparecer en la prensa local detenciones de candidatos a emigrantes en las playas senegalesas en medio de bienintencionados acuerdos de colaboración bilateral para detener las avalanchas.
En este entorno, presidente y ministro de interior del país concluían un largo periplo por Europa, que les llevó -bajo las contundentes imágenes del expreso marítimo Senegal-Canarias- a negociar un nuevo acuerdo migratorio con Francia y a arrancar espectaculares concesiones comerciales a Alemania, además de toda una panoplia de ayudas a un ya reblandecido gobierno español –bien puesto en remojo durante meses por cientos de cayucos atestados- que tardó segundos en reasegurar los ocho millones de euros que tanto preocupaban al presidente senegalés.
Aristocracia de emigrantes
Sin embargo, sobre el terreno africano se sigue insistiendo en que lo que se ha instalado en la juventud del país no es una meditada búsqueda de un futuro mejor sino una irracional fiebre por alcanzar el ‘paraíso’ español -la palabra ‘eldorado’ se repite de forma machacona en análisis y crónicas- y donde las familias que quedan allí se vanaglorian del hijo partido que consiguió llegar a España en vez de lamentarse de las razones de la marcha o del dolor de la ausencia.
De esta forma, los emigrantes y sus familias pasan a constituir una especie de ‘aristocracia’ emprendedora y audaz que sirve para diferenciarse de quienes allí quedan trabajando en las tierras o en los comercios, pues emprendedor y valeroso es quien se va, y timorato, si no cobarde, quien se queda a hacer frente a la situación con iniciativas sobre el terreno, sean estas las que sean, incluídas las que se preparan desde España para "reintegrar" a los deportados o las que el propio gobierno senegalés desea para animar a la permanencia en el país, por otra parte, por completo inútiles para convencer a quienes sólo desean marcharse.
Tras dar cuenta de las últimas y propagandísticas detenciones -con foto de enguantado policía español aferrando el brazo de un frustrado ‘aristócrata’ de la emigración-, el diario Wal Fadjiri resumía con absoluta claridad la situación en la sociedad senegalesa: “Hoy, el fenómeno (de la emigración) ha afectado a la capital del sur (senegalés, Ziguinchor,) en proporciones más que alarmantes. Los diferentes mercados de Ziguinchor se han visto completamente privados de sus jóvenes comerciantes, que han cerrado sus tiendas por un viaje peligroso”.
“En los barrios populares, por ejemplo”, continúa la crónica de Wal Fadjiri, “la emigración clandestina se ha convertido en una moda que provoca el orgullo en los padres de aquellos que han logrado alcanzar las costas españolas. De aquí que algunos padres inciten a sus hijos a lanzarse a las aguas para un viaje hacia eldorado que algunas veces se transforma en una pesadilla”.
'Nuestra piragua'
Esta especie de aristocracia inversa por la que el héroe es quien huye y cobarde quien se queda puede sonar excesivamente eurocentrista pero son los propios senegaleses más concienciados y activos quienes la denuncian. Este es, precisamente, el tema central en el último disco de quien es el rapero más famoso de África, Didier Awadi, quien con su reciente éxito ‘Sunugaal’ -que el idioma mayoritario en Senegal significa 'Nuestra piragua'- intenta hacer reflexionar a sus compatriotas, más deslumbrados por poseer un día una gran pantalla de televisión de plasma que por un cambio a mejor dieta.
En el sitio web del artista, la canción es acompañada de una larga serie de dramáticas fotografías de emigrantes exhaustos llegados a España y atendidos casi de forma caritativa por las asistencias humanitarias españolas, cuando no aparentemente ignorados por relajados veraneantes blancos en las playas de Eldorado.
En su canción, Didier Awadi habla de la corrupción política senegalesa -en época preelectoral para el país- e invita a los jóvenes a “construir África” desde África. Sin embargo, a la vista de los acontecimientos, es muy probable que miles de sus compatriotas senegaleses escuchen y acompañen con el pie el ritmo de ‘Sunugaal’ pero no construyendo África desde algún barrio de Dakar sino mientras intentan la casi imposible supervivencia en alguna ciudad española vendiendo discos ilegales o, simplemente, mientras sueñan con alcanzar al país donde todos sus sueños de rápida prosperidad se verán inexorablemente cumplidos, incluyendo el de poseer un buen equipo de música donde escuchar las proclamas del rapero que intenta convencer al invencible humo cegador de los sueños.
