NUEVO DIGITAL Internacional - Del 18 de julio al 11 de septiembre: La Guerra Civil Española resucita en la política internacional como el eterno precedente simbólico de un mundo al borde una nueva guerra mundial
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Del 18 de julio al 11 de septiembre: La Guerra Civil Española resucita en la política internacional como el eterno precedente simbólico de un mundo al borde una nueva guerra mundial

Del 18 de julio al 11 de septiembre: La Guerra Civil Española resucita en la política internacional como el eterno precedente simbólico de un mundo al borde una nueva guerra mundial

12.09.06 • 11:13 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Setenta años después, la Guerra Civil Española no sólo agita las respiraciones de los españoles sino también llega caliente a los extranjeros, que perciben el sordo eco de los cañones, los bombardeos y los fusilamientos en una vida política y social española con espasmos de antiguos odios. Sin embargo, muchos de esos analistas internacionales ven en la carnicería de 1936 un precedente no sólo de la Segunda Guerra Mundial sino un aviso de una Tercera donde los puños cerrados y los brazos extendidos se han convertido, religiosamente, en las genuflexiones de una yihad asesina. La alta política estadounidense ya ha dejado de resistirse a las comparaciones y, frente a mapas de Israel, Irak o Irán, habla más de Franco que de Saddan Hussein para describir un mundo contemporáneo que ya vivió su 18 de julio de 1936 un 11 de septiembre de hace ahora cinco años.

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“Si echas la mirada atrás, Irak está empezando a ser como la Guerra Civil Española, que fue el presagio de lo que iba a llegar después” (Archivo del New York Times, de pago). Son palabras de Joseph Lieberman, actual senador demócrata por Connecticut y que se presenta como independiente a la reelección en los comicios de noviembre. Más allá de su condición de legislador, Lieberman es uno de los pesos pesados de la política estadounidense con su decidido apoyo a la Guerra de Irak en contra de sus ya antiguos colegas demócratas, sus compañeros desde que inició su carrera política hace décadas con el apoyo a los entonces emergentes movimientos de derechos civiles.

La Quintacolumna de Hezbollah

Durante los mismos días de agosto en que Lieberman establecía el paralelismo entre una Europa democrática que no apoyó a una confusa pero legal República española, abriendo el camino a Hitler y a Mussolini, y un Occidente que no debería dejar abandonado el Oriente Medio a las fuerzas islamistas para no abrir el camino a una conflagración de dimensiones planetarias, otros pesos pesados de la política estadounidense como el demócrata Holbrooke y el republicano Gingrich polemizaban sobre una próxima y casi inevitable nueva guerra mundial en las páginas del Washington Post.

Sería el calor del mes de agosto en el Hemisferio Norte y sus, al parecer, ardorosos efectos sobre el cerebro, pero otros muchos resucitaban la Guerra Civil Española para centrar sus posiciones sobre Irak, o sobre el por entonces virulento enfrentamiento entre Israel y Hezbollah. Algunos ya veían esa guerra como un precedente ‘guerracivilista español’, el conflicto regional a la vez resumen y precedente de una futura y próxima conflagración planetaria entre las democracias y el "islamofascismo", concepto con el que también el presidente Bush se descolgó por esas fechas para afianzar más las similitudes con la Europa de los años 30.

Europa pusilánime

El analista Ariel Cohen, de la Heritage Foundation, comparaba a los manifestantes que apoyaban a Hezbollah en Washington con “la Quinta Columna, las fuerzas profascistas en el Madrid republicano durante la Guerra Civil Española en los años 30” y concluía cómo, en su opinión, “la Quinta Columna de hoy glorifica la yihad mundial contra Occidente”. También por entonces, personajes muy conocidos en el análisis del islam totatilario y agresivo como Daniel Pipes establecía un paralelismo entre el conflicto español de hace siete décadas y el enfrentamiento entre Israel y Hezbollah antes de advertir cómo el primero fue el “precursor” de la Segunda Guerra Mundial en una situación que podría repetirse hacia un tercer conflicto planetario incendiado en el Oriente Próximo.

En la revista conservadora The Weekly Standard, el historiador Stephen Schwartz recordaba otros varios ejemplos de recientes paralelismos en un artículo titulado con un explícito “1936 y todo eso”. Schwartz es coautor de una historia sobre el POUM, el crucial Partido Obrero de Unificación Marxista y sus ímpetus revolucionarios que no sólo sobrepasaron por la izquierda a los partidos Comunista y Socialista sino que se enfrentó a las orientaciones y métodos estalinistas de éstos en uno de los varios frentes internos de pequeñas guerras civiles internas en el bando republicano, tan descarnadas -y, a veces, cruentas- como la que se libraba contra el más homogéneo lado franquista.

Infiltrados soviéticos, infiltrados islamistas

En un sorprendente remedo de la 'España invertebrada', el historiador y periodista se pregunta si no es igual de invertebrado un Irak "sin una firme identidad nacional" y donde avanza arriesgadas y sugerentes paralelismos entre el papel que jugó el anarquismo en la España de entonces y los actuales chiítas iraníes.

En este sentido, Schwartz se pregunta se "los chiítas, como la izquierda española (de los años 30) no están atraídas a un peligroso cortejo con un pretendiente totalitario", de forma que "Irán juega el papel en Basora que el estalinismo ruso tuvo en Barcelona (con el anarquismo industrial)". La "infiltración" de agentes soviéticos revolucionarios y desestabilizadores en la República española no sería, en este sentido, más que un precedente en términos de mecánicas históricas de las redes islamistas que están penetrando -y minando- todas las instituciones de poder en países árabes y musulmanes, ejército marroquí incluído.

Conociendo bien la España de los años 30 y el Medio Oriente de la primera década del siglo siguiente, Schwartz entra a matar comparando la suicida complacencia de la Europa de los años 30 con Hitler con la actual “pusilanimidad de los líderes europeos” que “permite a Hassan Nasrallah, el jefe de Hezbollah, amenazar con la completa destrucción de la naciente democracia del Líbano mientras también ataca a los ciudadanos del norte de Israel”.

De esta forma, el secreto continúa estando en “el papel de los poderes internacionales, en el gran enfrentamiento entre opresión y liberación, y en la amenaza de una posterior y más grande guerra”. La misma pusilanimidad que el historiador ve en la Francia de hace setenta años frente a Hitler, la ve ahora en todos sus laberínticos resquemores a adoptar acciones contundentes contra el “islamofascismo”, el remedo de las ideologías antidemocráticas de hace siete décadas.



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