NUEVO DIGITAL Internacional - El fuerte enfrentamiento entre radicales y moderados dentro del gobierno de Morales estalla en el caso Petrobras
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El fuerte enfrentamiento entre radicales y moderados dentro del gobierno de Morales estalla en el caso Petrobras

El fuerte enfrentamiento entre radicales y moderados dentro del gobierno de Morales estalla en el caso Petrobras

17.09.06 • 08:31 GMT • Elizabeth Peger - Buenos Aires Email

Mientras Evo Morales sellaba en La Habana un compromiso con Venzuela, Cuba e Irán para reforzar la política de enfrentamiento hacia Estados Unidos, en su propio territorio los conflictos se le estaban yendo de las manos. Andrés Soliz Rada, el polémico e influyente ministro de Hidrocarburos y el gran mentor del proyecto de nacionalización de los recursos naturales bolivianos acababa de dejar su cargo en medio de un furioso enfrentamiento con el vicepresidente Álvaro García Linera. La decisión del ministro de suspender los contratos de la petrolera brasileña Petrobras para seguir operando en el país había desatado horas antes una dura polémica con el gobierno de Lula Da Silva, polémica que obligó el vicepresidente boliviano a salir inmediatamente a apagar el fuego, ordenando dar marcha atrás con la resolución y reclamando la cabeza de su compañero de ejecutivo.

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La situación agudizó la crisis dentro de la administración de La Paz, aunque ni desde el entorno de Morales, ni en la propia prensa boliviana acepten reconocer que muchos de sus problemas son un efecto directo de las diferentes posiciones que conviven dentro de la estructura gubernamental. Una muestra de ello fueron las portadas de los principales diarios bolivianos que ayer sábado directamente atribuían al gobierno de Lula y a la petrolera brasileña la responsabilidad por las disputas que se suceden en el gabinete local.

"Petrobras provoca la primera crisis en el gabinete de Evo", "Pulseta con Brasil tumba a ministro nacionalizador", titularon en consonancia los más importantes matutinos paceños, descargando toda la culpa por la situación sobre las espaldas del vecino país, y sin siquiera analizar las circunstancias internas que alimentaron los enfrentamientos entre los más directos colaboradores del presidente.

Ni los medios ni los funcionarios de La Paz mencionaron los comentarios que a diario marcan el debate entre diversos sectores políticos y movimientos sociales del país, donde existe una opinión compartida en el sentido de que las dificultades que atraviesa la administración boliviana se deben, casi exclusivamente, a las posiciones encontradas que dividen a los miembros del gabinete local.

En este sentido, señalan que el gobierno de Morales está partido ideológicamente en dos, entre quienes expresan una postura radical de romper con el modelo capitalista e instalar una revolución que consagre un 'verdadero estado socialista', y quienes, desde una opinión moderada, consideran que el país debe respetar sus compromisos y encarar cualquier proceso de reforma en base a una estrategia de diálogo con los sectores involucrados.

El vicepresidente García Linera lleva la voz cantante entre los moderados. Hasta ayer, Soliz Rada era el líder de los sectores más radicales, y en esa convicción llevó adelante la polémica resolución que retiraba a Petrobras del control de las refinerías y de la cadena de producción. La medida provocó una dura reacción de Lula, situación que -según sostienen analistas de La Paz- fue aprovechada por el vicepresidente del gobierno de Morales para deshacerse de su principal adversario en el gobierno local.

Con Morales abocado a la cumbre de los No Alineados en La Habana (en un conflicto anterior el presidente ya había salido en defensa de Soliz Rada), García Linera encabezó las conversaciones con Brasil y ordenó la suspensión de la resolución dispuesta por el ministerio de Hidrocarburos. Luego de hacer las paces con Lula, el vicepresidente exigió la dimisión del funcionario y en su lugar nominó a un dirigente que, según razonó en público, "tiene capacidad de diálogo y flexibilidad con las empresas" que operan en el país.

El gesto del segundo de Morales fue bien recibido en Brasilia, donde fue juzgado como un aporte para distender los ánimos caldeados en la relación entre ambos países. Es que el perfil de Soliz Rada y su embate permanente contra los intereses de Petrobras habían provocado en Lula la sensación de que el gobierno boliviano no tenía ningún interés por afianzar el diálogo bilateral.

El desplazamiento del polémico funcionario de La Paz también distendió la preocupación que había provocado entre los colaboradores del presidente brasileño, que temían que los problemas de la petrolera local terminaran perjudicando la imagen de Lula en las encuestas para las elecciones en las que aspira a conseguir su reelección al frente del país.



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