Marruecos y Turquía se unen a Irán, Argelia y Sudán en las más duras condenas diplomáticas contra el Papa en medio de un renovado revisionismo de la relación entre islam y guerra
X, XDecía Umberto Eco en France Inter a propósito de las nuevas oleadas de protestas tras el discurso del Papa que “se ha jugado el mismo juego” que con las caricaturas danesas: “Un pequeño episodio es deformado para desencadenar un movimiento gobernado por los fundamentalistas. Podría el Papa haber enunciado el Teorema de Pitágoras y alguien habría habido capaz de demostrar que era un ataque racista”. Muchos consideran las nuevas e histéricas demostraciones de cólera musulmana en todo el mundo -acompañadas de las habituales amenazas, a esta hora ya contra toda la cristiandad- como una precisa constatación de lo referido por el Pontífice en su discurso, el intolerante teorema musulmán demostrado cada vez con mayor frecuencia y contestado 'in extremis' por un enorme 'esfuerzo' revisionista de conceptos como 'yihad' y 'guerra santa'.
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En Mogadiscio, el Teorema se ha demostrado fatal para una monja italiana, asesinada junto a dos compañeros del hospital donde asistían a parturientas pobres. Desde la capital somalí se insiste en que se reaccionó con prontitud y ya han detenido a dos sospechosos. Las nuevas autoridades islamistas estarían dispuestas a demostrar que, con la sharia, van a restaurar un orden del que carecía por completo el país cuando era gobernando por los tradicionales señores de la guerra locales.
Sin embargo, en el Vaticano ya se teme una nueva “oleada de odio” como la que siguió a la publicación de las viñetas sobre Mahoma, donde las razzias islámicas contra los cristianos en países como Nigeria hacían exclamar a los supervivientes que el problema no eran los muertos sino los que quedaban vivos.
Quizás llevando demasiado lejos la tradicional y estereotipada finísima diplomacia vaticana, hay quien ve en el discurso del Papa una hábil maniobra de Benedicto XVI para provocar una controversia religiosa que lleve al primer plano político las relaciones entre cristiandad e islam, a dos meses escasos de su visita a Turquía, país que se presenta como puente entre oriente y occidente y entre las dos grandes religiones monoteístas mundiales. Sin embargo, lo que llega desde Ankara es cualquier cosa menos un establecimiento de los puentes hacia quien lleva, precisamente, el sobrenombre de 'hacedor de puentes'.
'Hitler y Mussolini'
Las autoridades de países musulmanes autocalificados de tolerantes, como Marruecos o Turquía, se han aliado con las de países como Irán, Argelia o Sudán -cuyos respectivos marketings de la tolerancia son menos comercializables en la geopolítica internacional- en las contundentes condenas públicas contra el Papa, en la exigencia de mayores y más explícitas formas de disculpas, y en las más estrepitosas acciones diplomáticas de repulsa.
Altos representantes del partido islamista que gobierna Turquía compararon al Papa con Hitler y con Mussolini mientras le acusaban de hacer revivir las Cruzadas. Desde el primer momento, el máximo responsable turco de los asuntos religiosos en el país aseguraba que el Papa está “lleno de enemistad y de rencor” hacia el Islam, confirmando su impresión de que las palabras de Benedicto XVI “reflejan el odio en su corazón”.
En síntesis de lo dicho por los máximos responsables partidistas y religiosos de su país -y con calificativos prácticamente idénticos a los lanzados por diputados socialistas españoles-, el propio presidente del gobierno turco, Tayyip Erdogan, aseguraba que las palabras del Papa sonaban “inquietantes y desafortunadas” y no estaba seguro de que la visita del representante religioso a Turquía, prevista para finales de noviembre, no se viera afectada por el “error que ha cometido".
Las palabras de condena continuaban durante el fin de semana del inicio de la crisis a pesar de que, deseando mostrar una imagen de perdón y tolerancia hacia quien había ofendido a la umma, el gobierno turco anunciaba posteriormente su deseo de mantener la visita del Papa tal y como estaba previsto, y que esto estaba “fuera de cuestión”, a pesar de que unas pocas horas antes el propio primer ministro se mostrara tan dubitativo sobre la oportunidad de mantener la visita de quien, según él, había minado la Alianza de Civilizaciones.
'Grave ansiedad'
En Marruecos también se impuso desde el primer momento el diálogo, pero fue el que el rey Mohamed VI quiso tener en Rabat con su embajador ante el Vaticano, en la más grave demostración de repulsa diplomática que un estado puede tener con otro y en una decisión que fue apoyada por la Unión Socialista de las Fuerzas Populares, el principal partido en la coalición que gobierna el país regido por el Comandante de los Creyentes, por otra parte batido por un incremento del islamismo radical y en cuyo contexto podría entenderse la demostración de fuerza marroquí.
Rabat se alineaba así con países como Irán, que también llamaba a consultas a su embajador ante la Santa Sede para demostrar lo que la agencia oficial iraní de noticias calificaba de “grave ansiedad” entre los iraníes por las palabras del Papa, y el portavoz del ministerio de asuntos exteriores de Teherán de “palabras producto de las opiniones políticas” de Benedicto XVI antes de recordar cómo el Papa había citado a autores que declaraban que el islam había sido extendido “por medios como la espada”.
Parecería una comedia tanta demostración de cólera por algo que enseña el más multicultural de los libros de historia. Sin embargo, tras el 11-S, organizaciones musulmanas en todo el orbe occidental se dedicaron a un enorme esfuerzo de revisionismo de conceptos ampliamente utilizados, por otra parte, por las propias organizaciones islámicas que cometían atentando tras atentado por todo el mundo. En este sentido, el concepto de ‘yihad’ pasaba a ser una especie de etéreo concepto de mística superación personal que se argumentaba entre condenas al colonialismo y al “imperio americano”.
Antes y ahora
Los mismos sectores musulmanes que mantienen el carácter esotérico y místico de la ‘yihad’ no opinaban así no sólo antes del 11-S sino ni tan siquiera en los días inmediatamente posteriores a los grandes atentados de Estados Unidos, cuando la opinión pública occidental comenzaba a tomar conciencia del riesgo musulmán que asocia violencia y religión.
En el órgano de expresión de los conversos musulmanes españoles -dedicado últimamente a la 'conversión' de conceptos como ‘guerra santa’ o ‘yihad’ que consideran manipulados por la “islamofobia”- se decía incluso pocos días después del 11-S que “la palabra Yihâd significa, en principio, ‘esfuerzo’, ahora bien, se trata de un esfuerzo llevado al límite, sin reservas. La guerra es su expresión máxima, pero no la única”.
También desde Webislam se reproducían con delectación, y bajo el sonoro y últimamente muy reivindicado nombre de ‘andalusíes’, capítulos de libros en los que se describía cómo "la ‘guerra santa’ desempeña un papel esencial dentro del Islam, mientras que en el Cristianismo es de derivación secundaria”, un concepto el de ‘guerra santa’ del que ahora abominan esas mismas fuentes en contundentes artículos contra la supuesta maledicencia calumniosa occidental islamófoba, por si fuera poco, reforzada por la cita papal de un oscuro emperador bizantino medieval en un discurso, precisamente, de condena de la unión entre violencia y espiritualidad.
