Kirchner quiere lavar su imagen de aliado de Chávez con una entrevista con Zapatero; Madrid pide a cambio mejoras para las empresas españolas en Argentina
XEn la última semana la figura del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha recobrado una inusitada importancia para las autoridades del ejecutivo argentino. En sigilo, la administración de Néstor Kirchner proyecta cerrar el año con un encuentro con una figura extranjera que le permita demostrar a la comunidad internacional cómo, más allá de los acuerdos por conveniencias económicas mutuas, el mandatario argentino no es parte activa del proyecto político que el venezolano Hugo Chávez procura imponer en toda América Latina. Y en los planes de Buenos Aires todas las fichas apuntan al premier español como la opción más firme para poder llevar adelante su estrategia. Sin embargo, desde España se estaría intentando vender cualquier gesto de Rodríguez Zapatero a cambio de una contraprestación argentina: la actualización de las tarifas de los servicios públicos que controlan empresas de capital español instaladas en Argentina.
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La carga de su relación con Chávez se convirtió en el gran fantasma que enmarcó el viaje oficial que Kirchner realizó la semana pasada a Nueva York. El polémico discurso que el venezolano pronunció ante la asamblea anual de Naciones Unidas, en donde no tuvo reparos para enlodar con los calificativos más agraviantes la figura del presidente norteamericano George Bush, se convirtió en un gran problema para buena parte de los líderes regionales, que se vieron en la necesidad de aclarar ante cuanto interlocutor enfrentaban que no compartían la visión del venezolano.
A Kirchner y su esposa, la senadora Cristina Fernández, sólo les faltó pasearse por la quinta avenida con un cartelito que avisara: "No somos tan amigos de Chávez como parece". En este sentido, en cada una de las entrevistas que mantuvo con líderes internacionales, empresarios e inversores y funcionarios norteamericanos, el presidente argentino tuvo que explicar los alcances de su relación con Caracas en materia política.
No fue casual el empeño que el argentino puso para remarcar su proyecto en favor de "un capitalismo con vocación nacional", una definición bastante alejada del populismo chavista, y lo hizo ante el italiano Romano Prodi, ante los miembros del Council of América y hasta en la propia bolsa neoyorkina. Sin embargo, en el balance que los medios periodísticos locales y estadounidenses efectuaron sobre el viaje presidencial, afirmaron que los éxitos de la gira habían sido eclipsados por una visión de Kirchner demasiado emparentada con el líder venezolano.
Esa situación encendió una luz de alarma en el gobierno local, que determinó la urgencia por cambiar esa situación en lo inmediato. La posibilidad de una cumbre con Rodríguez Zapatero se convirtió en la gran apuesta para despejar los fantasmas que se acumularon tras el viaje a Nueva York. Sin perder tiempo y con absoluta reserva, representantes diplomáticos de Buenos Aires comenzaron a trazar puentes con la administración española de manera de poder sellar un acuerdo para concretar la entrevista.
La intención de Kirchner es que la reunión se efectúe en noviembre próximo en Montevideo, a donde ambos jefes de estado viajarán para participar de la cumbre iberoamericana. El mandatario argentino pretende utilizar ese escenario para mostrarse también más cerca de otros referentes regionales distanciados de Chávez, como el caso del colombiano Alvaro Uribe y la chilena Michelle Bachelet.
Pero la posibilidad de la reunión con Rodríguez Zapatero no se observa como un cuestión simple de resolver para las autoridades argentinas. El presidente del gobierno español ha supeditado el encuentro a que Kirchner le acerque algún tipo de definición respecto de los reclamos que desde hace tiempo plantean las empresas españolas con intereses dentro del territorio argentino.
Según describen los encargados de negociar la cumbre, Zapatero quiere escuchar de boca de su par argentino un plazo concreto para la instrumentación del proceso para actualizar el precio de las tarifas de los servicios públicos que suministran en Argentina varias firmas de orígen ibérico.
En los cuatro encuentros bilaterales que han compartido en los últimos años, el mandatario argentino siempre esquivó una respuesta concreta sobre el tema, pero parece que esta vez las autoridades españolas no están dispuestas a aceptar evasivas si es que es cierto que son una pieza clave para que Kirchner pueda lavar esa imagen que lo ubica demasiado pegado a Chávez.
