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Los cincuenta y seis países de la Organización de la Conferencia Islámica exigen al Papa "una retractación o una reparación" por su discurso de Ratisbona

Los cincuenta y seis países de la Organización de la Conferencia Islámica exigen al Papa "una retractación o una reparación" por su discurso de Ratisbona

28.09.06 • 06:30 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Hasta el teólogo libanés católico citado por el Papa en su conferencia de Ratisbona como modelo de diálogo entre las distintas creencias religiosas quiere desmarcarse de Ratzinger, a quien ni sus más feroces adversarios le niegan su profunda preparación teológica y cultural. Sin embargo, preguntado en Frankfurt por el diario turco de inspiración musulmana Zaman, Adel-Theodore Khoury niega al pontífice y dice que “lo más seguro” es que Benedicto XVI no haya leído su libro, al que hizo referencia en su discurso, mientras quiere creer que su “reputación no ha sido dañada" al ser citado por el Papa. Mientras teóricos católicos y directoras de óperas se abandonan a una política de ‘yo no tengo nada que ver con eso’, con el inicio del Ramadán, en Bruselas ya van tres noches de graves incidentes protagonizados por jóvenes magrebíes en un remedo del violento Ramadán francés del año pasado mientras la Organización de la Conferencia Islámica no suelta la presa y exige al Papa “una retractación o una reparación” por sus palabras.

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Si el año pasado era París la que ardía después de que unos jóvenes delincuentes resultaran muertos al huir de la policía electrocutándose a sí mismos al saltar la valla de un transformador eléctrico, ahora es Bruselas la que ha sido incendiada durante tres noches seguidas en medio del silencio de la prensa internacional pero no de la belga.

Disturbios en Bruselas

Faisal Chaaban, un magrebí de 25 añoss, moría el sábado en una prisión del país después de que se le administraran calmantes suaves tras presentar un comportamiento violento. Según Le Soir, el prisionero, que había sido detenido por robo, ya tenía una larga experiencia de delitos y cárceles, también por robos y falsificaciones. En cuanto se conoció la muerte de Chaaban, decenas de jóvenes magrebíes, hasta llegar a superar el centenar, salieron a las calles del barrio de Morelles y comenzaron a arrasar todo lo que encontraron a su paso.

Coches particulares y de la policía, tiendas, paradas de autobús, un centro juvenil y hasta el propio Ministerio de Justicia fueron atacados por unos coléricos manifestantes que exigían mejores condiciones de vida en las prisiones belgas. Incluso edificios asistenciales fueron incendiados mientras robaban a los bomberos las llaves de sus vehículos para que no pudieran actuar con ellos.

"Retractación o reparación"

Mientras tanto, fuera del frente de los disturbios callejeros de los jóvenes magrebíes en Bélgica o de la yihad lanzada contra el Papa por un mundo musulmán acostumbrado a una sobrerreacción histérica que mentes más equilibradas relacionan con la falta de costumbre de vivir en un entorno de libertad de expresión, la polémica ya se desataba ayer plenamente ante la cancelación preventiva de una ópera de Mozart por miedo a molestar a una comunidad musulmana residente en Europa que sí debería estar acostumbrada a tal entorno de libertad de expresión.

Pero que no lo está. Ni tan siquiera se da por enterada y prefiere mirar hacia la dura resolución a la que han llegado los cincuenta y seis países agrupados en la Organización de la Conferencia Islámica. Sus ministros de asuntos exteriores, que aprovecharon las sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas para adoptar una posición común, exigen al Vaticano “una retractación o una reparación” por el discurso de Ratisbona. En este sentido, actuando de inspectores, los medios musulmanes insisten en que el Papa se ha reunido con los embajadores musulmanes “pero no ha pronunciado ninguna disculpa”. Y no parece que vayan a soltar la presa.

"Ya lo dijimos"

La propia Turquía, que se presenta como puente entre civilizaciones para afianzar su candidatura a la Unión Europea, sigue liderando las palabras más duras contra el Papa después de que fuera, junto con Irán, la primera en retirar su embajador del Vaticano tras el discurso del Papa, por cierto, en medio de agrias críticas a la figura del pontífice. Ayer mismo continuaban esos reproches por boca del primer ministro, Tayyip Erdogan, quien no parece muy interesado en enfriar las semanas previas a la visita de Benedicto XVI a su país y advertía, personalizando en él mismo: ”No podemos tolerar que se desprecie la figura de mi profeta”..

Mientras, siguiendo con el rabillo del ojo la desmesurada furia musulmana, el Papa intentaba mantener la normalidad de sus actos y apuntaba, en un discurso ante 30.000 peregrinos con motivo del Día Mundial del Turismo, su esperanza de que, precisamente, ”el turismo promueva el diálogo y el respeto entre las culturas, y, por tanto, se convierta en una puerta abierta para la paz y la cohabitación armoniosa”.

En este entorno, con disturbios de magrebíes, advertencias de límites sobre profetas, exigencias de disculpas y, sobre todo, retiradas de óperas potencialmente ofensivas, el redactor jefe de cultura del Jyllands-Posten, el periódico danés que publicó las viñetas sobre Mahoma, por fin ha visto una espectacular oportunidad para vengarse de las acusaciones de irresponsabilidad y de incitación a la violencia que se le echaron encima cuando decidió demostrar con hechos el ya enquistado miedo de los europeos hacia las violentas reacciones que provoca la sensibilidad musulmana: “Allá vamos otra vez. Es como un déjà vu... Esta es exactamente la clase de autocensura contra las que hemos estado advirtiendo yo y mi periódico”.



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