NUEVO DIGITAL Internacional - Yahya Jammeh, presidente de Gambia, sobre la inmigración clandestina: “Occidente tiende a exagerar y a alarmar. No veo por qué los países occidentales deben hacer una drama”
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Yahya Jammeh, presidente de Gambia, sobre la inmigración clandestina: “Occidente tiende a exagerar y a alarmar. No veo por qué los países occidentales deben hacer una drama”

Yahya Jammeh, presidente de Gambia, sobre la inmigración clandestina: “Occidente tiende a exagerar y a alarmar. No veo por qué los países occidentales deben hacer una drama”

03.10.06 • 04:41 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Cuando Argelia se perfila como un nuevo frente de salida de emigración irregular hacia España -con desembarcos en latitudes tan lejanas de la costa africana como las Islas Baleares-, la delegación española de visita en Argel, encabezada por la vicepresidenta del gobierno y por el ministro de asuntos exteriores, ya ha conseguido cerrar un acuerdo: la creación de una comisión de análisis. Mientras, en África, especialmente en la subsahariana, las cartas se están poniendo boca arriba sobre lo que les espera a los gobiernos europeos y, especialmente, al español y al francés. El problema ya no se establece alrededor de compensaciones económicas al desarrollo sino en términos de restituciones históricas por la "explotación" europea de África. El presidente de Gambia dice que ahora son ellos los que deben entrar los próximos siglos en Europa.

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Recientemente reelegido, hasta el diario islamista senegalés Walf Fadjri reconoce que el presidente gambiano se encuentra muy lejos de la política de “euros” a cambio de control migratorio que se lleva a cabo desde Dakar, “en especial frente a España y Francia”. Yahya Jammeh, un militar que subió al poder tras un golpe de estado en 1994, considera que es necesario hablar “el lenguaje de la verdad”, o, en otras palabras, no dejarse llevar por las políticas de algunos países vecinos -entre ellos, el propio Senegal- que prefieren optar por la firma de acuerdos de repatriación de emigrantes ilegales a cambio de dinero.

“Cada vez que la cuestión de las migraciones afecta a África, Occidente tiene tendencia a exagerar y a hacer alarmismo. Los jóvenes africanos parten por una razón o por otra. Y no veo por qué los países occidentales deben hacer un drama”, afirma Jammeh. En un periódico como el Walf Fadjri, que constantemente denuncia que las repatriaciones se realicen sin el consentimiento de los propios emigrantes ilegales, el discurso del presidente gambiano es presentado como una “verdadera clase magistral a Occidente sobre su corta memoria”.

Jammeh asegura que “los africanos no merecen esta ingratitud puesto que los occidentales, los ingleses por ejemplo, se quedaron durante 400 años en África en calidad de ocupantes, explotando nuestras tierras y nuestras riquezas sin que esto se les tenga que recordar”. De esta forma, en relación con “el esclavismo y la explotación económica”, las cosas deberían compensarse ahora en las mismas proporciones.

"Los próximos 359 años"

“Por lo que respecta a Gambia, este país no ha obtenido su independencia del Reino Unido más que hace 41 años, por lo que, para compensar la explotación sufrida por nuestras poblaciones, nuestros jóvenes tienen derecho a pasar una temporada a su voluntad en el Reino Unido durante los próximos 359 años. Este es el tiempo que les queda para degustar las delicias de la antigua potencia colonial”, afirma el presidente gambiano. “¿Por qué se van a lamentar (los británicos) por sólo 41 años cuando aún nos quedan 359 que gastar?”, concluye en lo que el diario califica de una “ironía hecha realista”.

Aunque aparentemente opuesto al discurso pactista de otros países como Senegal, que intentan conseguir lo máximo que puedan a cambio de intentar sujetar a sus poblaciones en el país, tomándolas como moneda de cambio y dosificando la espita de acuerdo a los intereses de cada momento, el discurso postcolonial del presidente gambiano se dirige también en el mismo sentido. Desde estos países del África subsahariana se considera una gran humillación el que se realicen repatriaciones de emigrantes ilegales sin que éstos hayan dado su "consentimiento" para ser devueltos a casa.

"De tres a cuatro vuelos diarios"

El tono agraviado de la prensa senegalesa cuando informa de que los vuelos de repatriación desde España “han pasado de tres a cuatro diarios” cada dos días se basa en que los devueltos “no dejan de echar pestes contra el método de estas operaciones de repatriación orquestadas sin su consentimiento”, en un ritual en el que los policías españoles que les acompañan les dan 35 euros a cada uno, algunos sandwiches y bebida para ser montados inmediatamente en coches que les devuelvan a sus territorios de origen.

Sin embargo, con unas familias que les ven como una avanzadilla hacia la prosperidad, estos jóvenes prefiren “pasar a la clandestinidad” lejos de los pueblos de sus mayores o de sus esposas e hijos con el fin de que nadie se entere de su fracaso, en una situación que les deja, de nuevo, en tierra de nadie, esta vez ya en su propio país.



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