De la “España caniche” del 11-M a las fiestas “atenuadas” de ‘moros y cristianos’: Medios internacionales fijan en España el “miedo” europeo a los musulmanes
XLas caricaturas de Mahoma, el discurso del Papa, la ópera de Mozart, las amenazas de muerte a Robert Redeker... las crisis en que los valores occidentales entran en conflicto con el mundo musulmán se suceden cada vez con mayor frecuencia. Los grandes medios internacionales ya editorializan abiertamente sobre el 'conflicto'. “Los tiempos en Europa vienen duros. No es hora de debilidad”, dicen los filósofos franceses Lévy, Finkielkraut y Glucksmann, entre otros, en apoyo del ya fugitivo y clandestino Redeker, ‘condenado a muerte’ en múltiples sitios en Internet. Sin embargo, líderes destacados de la Junta Islámica -españoles convertidos al islam- contestan “la paranoia” que está llegando “al ridículo” con una recia descripción de quienes denuncian el miedo: "El fantasear sobre el ‘fanatismo oriental' les hace sentirse bien consigo mismos, con su barriga inflada de televisión y de cerveza”. España se ha convertido en un símbolo internacional del miedo: primero, después del vuelco electoral tras los atentados de Madrid y, ahora, por la ‘suavización’ de las fiestas de ‘moros y cristianos’, siglos de tradición que en pocos meses se desmoronan -oficialmente- para ‘no molestar’.
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Basta una búsqueda en Internet con las palabras inglesas “Spain cowardice Muslim” (“España, cobardía, musulmán”) para toparse con decenas, si no centenares, de artículos donde el repentino e inesperado cambio en las perspectivas de voto tras los atentados del 11 de marzo de 2004 en España son comentados con recursos estilísticos que van de la ironía a la crueldad pasando por el insulto.
“¡La España que se rinde declara al caniche como perro nacional!”, escribía días después de las elecciones de aquel año un conocido columnista conservador estadounidense. Por entonces, la “rendición” de los españoles al terrorismo islámico era discutida en sesudos análisis políticos que se preguntaban si España había mostrado “cobardía” o un “poderoso rugido democrático” al echar, contra todas las previsiones, a José María Aznar de la presidencia del gobierno español por su implicación en la guerra de Irak y, por ende, por haber atraído la atención de los asesinos en nombre de Alá.
"Mahoma desaparece de las fiestas"
Dos años y medio después, con muchos más muertos en todo el mundo que apuntar al terrorismo de la yihad y con muchas más demostraciones violentas musulmanas protestando precisamente por describir a la religión islámica como violenta, España vuelve a concentrar la atención internacional tras un reportaje aparecido en el diario El País en el que se describía cómo las tradicionales fiestas de ‘moros y cristianos’ sufrían drásticos cambios en el tratamiento de las figuras de los invasores islámicos y de Mahoma “para no herir la sensibilidad de los creyentes musulmanes”.
No es visto así precisamente por los analistas internacionales. “Mahoma desaparece de las fiestas de la Reconquista”, titulaba Le Figaro utilizando una palabra -Reconquista- también desterrada del lenguaje español políticamente correcto, cuando no convertida en la reacción al “mito de la invasión musulmana” por el revisionismo pseudohistórico islamista o en una “insidiosa” peripecia histórica por sectores de la izquierda española.
"Occidente silenciado"
Mucho más contundente era el Independent al describir la ‘suavización’ de las tradicionales fiestas españolas dentro de un reportaje contundentemente titulado: “¿Ha sido Occidente silenciado por el Islam?”. “Así hemos visto esta semana que los habitantes de pueblos españoles que se han puesto durante siglos su vestuario medieval para recrear batallas entre moros y cristianos están ahora abandonando la costumbre de quemar efigies del profeta Mahoma para celebrar el final de los ochocientos años de dominio musulmán sobre la Península Ibérica”, decía el diario británico.
“Se suavizan los ritos que recuerdan la derrota de los moros”, titulaba Los Angeles Times. “Durante los últimos años, debido a la emigración desde el norte de África, el país se ha convertido de nuevo en el hogar de un número significativo de musulmanes”, recordaba a todo el mundo la agencia United Press International. “Pueblos españoles moderan los festivales”, titulaba el Guardian una crónica de Associated Press que fue publicada en periódicos de medio mundo. Casi tanto como la de Reuters, titulada por la edición digital del Washington Post “Los españoles moderan el Mahoma explosivo en las ‘fiestas’”, en lo que es una envenenada alusión a la viñeta danesa de un profeta con un turbante 'explosivo'.
"Ingenuidad demócrata europea"
Aunque generalmente la izquierda acusa a la derecha de alarmismo frente a la ofensiva musulmana -en una gran parte, ofensiva terrorista de alta o baja intensidad- algunas voces que se reconocen abiertamente 'de izquierdas' también han comenzado a dar la señal de alarma. “Dos políticos socialdemócratas de Dinamarca denuncian en un libro que se ha convertido en un éxito de ventas la ingenuidad de los demócratas europeos ante el radicalismo islámico”, informaba también el diario El País en relación a “Los islamistas y los ingenuos”, una versión más serena pero igualmente contundente de las virulentas denuncias de Oriana Fallaci. “Hay que plantar cara con nuestros valores”, dicen los autores daneses.
Como recordaba en su blog el periodista Arcadi Espada, El País afirmaba en un editorial el pasado mes de febrero con motivo de la crisis mundial por las viñetas sobre Mahoma: “La representación de Mahoma con un turbante en forma de bomba presta a estallar, probablemente la más aciaga viñeta de la colección objeto de este despropósito general, puede ser percibida como un agravio por muchos creyentes musulmanes, motivo fundamental por el que este periódico ha decidido no reproducirlas”.
La opinión del mismo diario tras la autocensura por miedo de la ópera de Mozart en Alemania hace unos días ya ha cambiado radicalmente, según Espada, por el “sentido del cálculo” de los socialdemócratas que les llevan a temen quedar “en minoría”. “Mozart, intocable”, sentencia ahora el mismo diario demandando “respeto mutuo y, desde luego, coraje y decoro para defender cultura, dignidad y libertad”.
